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Archivos Mensuales: septiembre 2015

ELEGI VIVIR…

ELEGI VIVIRelejí el amor

No quise dormir sin sueños: y elegí la ilusión que me despierta, el horizonte que me espera, el proyecto que me llena, y no la vida vacía de quien no busca nada, de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.

No quise vivir en la angustia: y elegí la paz y la esperanza, la luz, el llanto que desahoga, que libera, y no el que inspira lástima en vez de soluciones, la queja que denuncia, la que se grita, y no la que se murmura y no cambia nada.

No quise vivir cansado: Y elegí el descanso del amigo y del abrazo, el camino sin prosas, compartido, y no parar nunca, no dormir nunca. Elegí avanzar despacio, durante más tiempo, y llegar más lejos, habiendo disfrutado del paisaje.

No quise huir: y elegí mirar de frente, levantar la cabeza, y enfrentarme a los miedos y fantasmas porque no por darme la vuelta volarían.

No pude olvidar mis fallos: pero elegí perdonarme, quererme, llevar con dignidad mis miserias y descubrir mis dones; y no vivir lamentándome por aquello que no pude cambiar, que me entristece, que me duele, por el daño que hice y el que me hicieron.

Elegí aceptar el pasado.

No quise vivir solo: y elegí la alegría de descubrir a otro, de dar, de compartir, y no el resentimiento sucio que encadena.

Elegí el amor.

Y hubo mil cosas que no elegí, que me llegaron de pronto y me transformaron la vida. Cosas buenas y malas que no buscaba, caminos por los que me perdí, personas que vinieron y se fueron, una vida que no esperaba.

Y elegí, al menos, cómo vivirla.

Elegí los sueños para decorarla, la esperanza para sostenerla, la valentía para afrontarla. No quise vivir muriendo: y elegí la vida. Así podré sonreír cuando llegue la muerte, aunque no la elija… …

Porque moriré viviendo.

 
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Publicado por en septiembre 28, 2015 en Uncategorized

 

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CARTA AL DOLOR EMOCIONAL…

 

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CARTA AL DOLOR EMOCIONAL

Carta al dolor emocional

Eres ese tipo de dolor al que no me quiero enfrentar. Eres la herida emocional que se creó de las dificultades y que se alimentó del maltrato. Eres el desengaño, la traición, la injusticia, la humillación, el abandono y la injusticia.

Trato de escapar de ti y procuro no mirarte porque lo único que me alivia es el espejismo de la normalidad. Me tapo los ojos porque no quiero vivir dolida, pero ya me canso de decir pensar que todo está bien.

Sonrío cuando no me apetece e intento caerle bien a la vida, pero fingir ya me resulta bastante agotador y desesperante. No hay nada más doloroso que intentar aparentar estar bien cuando algo nos está lastimando por dentro.

Cuando esto sucede, acabamos metiéndonos en una espiral que nos absorbe y que nos aprieta el alma. Por esta razón, he decidido cerrar la herida que permanece en mí. En más de una ocasión he podido sentir que me desgarraba el alma y asesinaba mi esperanza.

Este sufrimiento es obra de un criminal. Un criminal que me partió el corazón, que bailó sobre mis penurias, que se aprovechó de mi inocencia y que alimentó mis desvelos con crueldad. Un ladrón de ganas que tras el hurto se deshizo de mis fuerzas.

Cuando mantienes tu resentimiento estás amarrado a esa persona o a esa situación por un vínculo emocional que es más fuerte que el acero. Perdonar es la única forma de disolver ese vínculo y lograr la libertad

Catherine Ponder

Cogí tanto miedo a volar con mis alas rotas que dejé de intentar entender esa parte de mí que sollozaba. En otras palabras: hice de mi cuerpo la tumba de mi alma y empecé a hundirme sin oponer resistencia alguna.

Sin embargo, no hay nada como tocar fondo para poder coger impulso. Me di cuenta de que intentar huir de lo que me atormentaba estaba perpetuando y agravando mis problemas y, sobre todo, devastando mis emociones.

Comprendí que no podía engañarme y desatenderme, que si algo duele no se puede decir que todo va bien. De este modo me percaté de que sentir el dolor de la vida libremente era mi mejor escapatoria.

Juega a mi favor que el dolor es solo la primera etapa del sufrimiento y que todavía tenía tiempo de curarme antes de llegar al daño irremediable. Digamos que sentirnos así es una señal de alarma que nuestra mente usa para alertar que hay algo que está dificultando nuestro bienestar.

La comprensión que se alcanza a través del dolor emocional

Normalmente los golpes nos pillan por sorpresa y nos causan tanto pesar que procuramos evitarlo, haciéndonos expertos en evadirnos de lo doloroso de la vida. Por ejemplo, esto nos pasa cuando estamos al borde de una separación. Es evidente que el alejamiento es cada vez mayor pero, sin embargo, queremos creer que no pasa nada y que todo se va a arreglar.

Este tipo de comportamientos masoquistas hacen que desarrollemos una tolerancia excesiva al dolor. Pensamos que para no fracasar en “nuestra condición de persona/pareja/amigo/mujer/hombre/padre/madre, etc”, debemos sacrificarnos y, como consecuencia, sufrir.

O sea, acostumbrándonos al dolor justificamos esa tendencia a la entrega total y sin mesura a través de la que intentamos dar significado a nuestros comportamientos e, incluso, a nuestra vida.

Así, cuando estamos pasando por una etapa dolorosa, intentamos de manera inconsciente seguir adelante como si no pasara nada. Sin embargo, con esa actitud lo que conseguimos es enquistar el dolor y permitirle que eche raíces.

De esta manera, el dolor se hace más grande, alcanzando nuestros sentimientos y nuestras emociones más vitales. Es decir, que escapar del sufrimiento es imposible y que la única manera que tenemos de que desaparezca es permitiéndonos experimentarlo y vivirlo hasta que se agote…

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Publicado por en septiembre 11, 2015 en Uncategorized

 

LAS PERSONAS OLVIDAN LO QUE HICISTE POR ELLAS…

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Las personas olvidan lo que hiciste por ellas cuando llega el momento de mostrarse agradecidas

Influyen muchos factores cuando se tiene esta percepción: la gente de verdad es ingrata, acostumbramos a dar mucho más de lo que recibimos, no nos damos cuenta que nos están correspondiendo, queremos recibir más o esperamos continuamente recibir algo.

A veces, no es que las personas sean malagradecidas, sino que nosotros no vemos más allá de nuestras narices y más allá de 5 minutos hacia el futuro; somos desesperados y convenencieros por esperar recompensas de una acción que debería ser completamente filantrópica, y nos convertimos nosotros mismos, en egoístas y desagradecidos con aquellos que nos dieron algo desinteresadamente.

Cuando el regalo está vacío

Si alguna vez han hecho intercambio de regalos seguramente se han encontrado con la situación en que les toca algo de valor muy por debajo de lo que ustedes regalaron; te pasaste un buen rato buscando y pensando en las características de quien te tocó regalarle y por fin encuentras el regalo indicado, al momento de abrir la cajita con el moño rojo y la etiqueta con tu nombre te das cuenta que esta persona no se tomó las mismas dificultades que tú para escoger algo para ti, o peor aún, te toca una carta de felicitación y un chocolate. Esa sensación al ver el regalo no es por el valor monetario de los regalos ni la comparación entre estos -al menos no enteramente- sino porque te das cuenta que tú pusiste más esfuerzo en dar un detalle y no fuiste correspondido de la misma manera. Desilusión.

Algo parecido ocurre en las relaciones que tenemos con los que nos rodean, afortunadamente, a diferencia de que en el intercambio te puedes encontrar con algunas personas que no significan mucho para ti, en las relaciones personales normalmente encontrarás individuos con los que tú mismo escogiste estar por lo que es más difícil salir desilusionado, sin embargo, muchas veces tendremos la impresión de que nuestra amistad no está siendo correspondida como debiera o que no se nos está apreciando como querríamos. A veces sentiremos que estamos dando demasiado, que sacrificamos demasiado por una persona que no tiene el mismo interés sobre nosotros, haremos algo por ella y lo único que recibiremos como agradecimiento será un chocolate y palabras que no llenan. Claro que todo depende -como siempre- del cristal con que se mire.

He aquí algunas razones por las que nos da la impresión de que nuestros amigos, familiares o parejas no nos están regresando la inversión que depositamos en ellos, quizá seamos partícipes de ellas o quizá seamos víctimas, se tratan de estados mentales que se presentan solos o en conjunto, podemos poseer o enfrentarnos a uno o varios, hay más, pero aquí les dejo cuatro con títulos pícaros:

El desagradecido

Quizá la cruda realidad, somos agradecidos sólo cuando nos conviene, cuando podemos obtener algo que nos beneficie. No nos gusta el esfuerzo que es dar a los demás porque nos parece inútil, demasiado desperdicio sobre una inversión que no sabemos si nos va a retornar. Nos caracterizamos por ser extremadamente amables, buenos y detallistas con pocos, pero esto sólo sucede con aquellos a quienes queremos impresionar o aquellos de quienes queremos obtener algo a cambio; sembramos la semilla, que sabemos, nos dará un árbol con jugosos frutos.

El filántropo

Una imagen triste cuando se ve desde afuera, siempre damos, siempre nos sacrificamos por nuestros amigos, somos detallistas con todos y nos llena el ser así. Desde afuera podemos vernos como tontos por siempre dar sin recibir muchas veces, sin embargo, el filántropo tiene la característica de recibir mucho a cambio, aunque no de todos. Es muy desgastante y triste cuando nos damos cuenta que algunos no nos retribuyen o cuando otros suben demasiado alto sus expectativas sobre nosotros; sembramos muchas semillas sin seleccionar, algunas dan frutos, otras no.

El ciego

Somos desconsiderados con los que nos rodean, no nos damos cuenta de la belleza a nuestro alrededor, tenemos tan cerca el cariño de las personas y creemos que siempre estarán presentes que no nos damos cuenta de lo que tenemos. Somos afortunados de recibir las buenas intenciones de nuestros amigos sólo que no logramos ver todo. Creemos que las bendiciones que tenemos son por nosotros y no por alguien más, creemos que deberíamos recibir más; Aventamos piedras a la tierra sin saber que son semillas, y cuando los árboles crecen, tomamos indiscriminadamente de los frutos sin relacionar el proceso.

El insaciable

Somos exigentes, creemos que por una bella acción hacia un amigo nos corresponde el cielo, pensamos que por un sólo sacrificio que hayamos hecho nos convertiremos en mejores amigos, si yo te doy tú me tienes que dar, nos sentimos traicionados cuando no nos corresponden como nosotros queremos, no tenemos paciencia para recibir recompensas. Contamos los detalles recibidos, no podemos dejar de contarlos, mantenemos una bitácora de lo que hacen o dejan de hacer nuestros amigos; Sembramos una semilla, esperamos a que crezca el árbol y el primer fruto nos lo comemos… volvemos a sembrar una semilla.

Cambiando nuestra impresión del agradecimiento

  • Nunca esperes recompensas por algo bueno que hayas hecho.

  • En caso de que esperes recompensas no te desilusiones si no llegan, sigue adelante.

  • No te desgastes sembrando semillas si ya has visto que no dan frutos.

  • Antes de pensar que nadie te está correspondiendo, ¡mira a tu alrededor! Haz un análisis objetivo de lo que tienes y recibes diario.

  • Las relaciones importantes se forjan con el tiempo y las acciones; es todo un proceso, nada es instantáneo.

  • Dales más a aquellos a quienes más quieres y menos a quienes ves poco, un gran corazón también se desgasta y podemos no darnos cuenta.

  • ¡Aprende tú mismo a ser agradecido! Esta es una regla de oro

  • Recibe lo que te den de manera amable y con una sonrisa sincera.

  • Piensa lo que significa para él/ella aquel bonito detalle.

  • Reconoce el tiempo que alguien invierte en ti

  • Aprende las formas en que cada persona te agradece algo.

  • Ten en gran estima las intenciones aunque no siempre den en el clavo.

El punto clave no es si las personas son o no son agradecidas sino las expectativas que nosotros mismos generamos al otorgar un detalle, compartir nuestro tiempo o al decir unas palabras. No somos más que una combinación de desagradecidos, filántropos, ciegos e insaciables que hacen ruido ante la presencia de la realidad

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Publicado por en septiembre 8, 2015 en AMISTAD, EL EGOISMO, EL LADO MAS OSCURO

 

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