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Archivos Mensuales: septiembre 2016

Hormigas en los pies

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Hormigas en los pies

15 de septiembre de 2016 2 comentarios

 
 
 
 
 

 

 
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A veces, tienes que coserte el alma a los zapatos para que te siga y otras el alma te lleva. Te desafía a seguir su ritmo y enfrentarte a un mundo que no te entiende. Te saca de tu burbuja y te lleva por los caminos más salvajes para que llegues a dónde notas que pertenece tu esencia… A ese lugar donde te sientes entero y firme.

A veces hay que tambalearse mucho para encontrar el equilibrio.

Hay que ser muy fiero antes de ser manso.

Hay que llevar mucho la contraria antes de darte cuenta de que ceder te da poderes.

Porque no todo tiene que ser perfecto. No tiene porque ser cada día una página redonda de tu historia, aunque sea hermosa, aunque esté repleta de momentos preciosos. Lo que importa es que al acostarte, al pasar revista a tu día, te des cuenta de que has hecho algo que te acerca a tus sueños, por pequeño que sea… Hay detalles diminutos que son el detonante de algo grande, por las ganas que le pones, por el empeño… A menudo, algunas de las zancadas más largas no te acercan a la meta y es un pequeño paso, ese día que estás cansado pero decides no rendirte, que te deja alcanzar un nuevo tramo y conseguir un reto enorme… Hay instantes de tu existencia que son una transición, pero incluso entonces, si pones el alma en ellos, estás dando pasos y subiendo los peldaños de esa escalera que te lleva a crecer. Todo cuenta… Una punzada que te lleva a hacerte preguntas hasta la impertinencia para poder descubrir qué te escondes a ti mismo… Un dolor extraño que te dice que no estás dónde quieres, que no caminas por dónde necesitas caminar. Una ilusión óptica que te hace creer que nunca llegas, que nunca te llenas, que nunca encuentras lo que buscas y te interpela para que busques nuevos caminos.

A veces, lo roto te sirve para zurcirte a ti mismo. Los pedazos están ahí para que pegues las cosas de otro modo y leas el mensaje oculto que llevaban escrito y que nunca podrías descubrir si no las rompes. Los imprevistos, a veces, son la magia que lo precipita todo… Que lo propicia todo… Que te da la pieza del rompecabezas que te falta para llegar al final, que es otro comienzo. El contratiempo es el estímulo, el reverso maravilloso de ese mapa donde puedes encontrar la ruta que buscas. El rodeo que necesitas dar para encontrar un nuevo compañero de viaje o darte cuenta de algo que no ves porque no llevas puesta la mirada de las oportunidades.

El camino erróneo es el maestro necesario. La lluvia inesperada que parece arruinar la tarde limpia los cristales que te dejarán ver el camino… El viento que todo lo arrastra deja al descubierto la montaña que debes subir.

A veces, en los días más oscuros damos los pasos más grandes. Para que así los días luminosos, podamos balancearnos mirando al cielo y al suelo… Para existir sin pedir y sentir el calor y el frío. Para contemplar lo que a menudo se nos escapa y notar las hormigas que deambulan por los dedos de tus pies cuando pisas la hierba mojada.

Lo imperfecto es un maravilloso bálsamo para que busques nuevas respuestas. Para que llames a más puertas. Para que inventes más formas de llegar a ti, a ese tú de verdad que te espera y que sueña con salir a la luz y dejar de esconderse.

Lo lejano es un estímulo para que empieces ya tu carrera.

Lo complicado es una ventaja que va a obligarte a rendir el doble.

Tus supuestos defectos son el punto de apoyo para encontrar las pistas que necesitas al dibujar tu mapa. Las catapultas que te impulsarán hasta tu meta.

Aunque ahora duela. Aunque ahora mires a horizonte y no veas nada. Aunque no sepas por dónde empezar a construir tu futuro. Aunque el presente sea escandalosamente turbio, deliberadamente agotador… Aunque no tengas nada en los bolsillos y empieces a dudar de si te queda algo dentro, muy dentro… Allí donde se desdibuja tu cara.

No importa que hoy te salpique el desánimo. No importa que no veas salida. Respira hondo y mira alrededor. Busca belleza, por salvaje que sea, por sucia que esté, por cansada que parezca, y almacénala en tu interior. Guárdala para cuando no sepas verla porque lloras, porque tienes miedo, porque crees que ya no puedes… Y agárrate a ella para seguir. Agárrate a ti para continuar este camino.

Y siente. Siéntelo todo tanto que valga la pena quedarse siempre en el presente, en el ahora… Que este momento sea tan maravilloso que quieras eternizarlo, dilatarlo, convertirlo en algo elástico que dure siempre y que se te quede prendido en el pecho, refugiado en ti… Ama tanto este momento que no te importe el destino. Siéntete tan bien contigo que no necesites huir de ti nunca más.

Confía tanto en ti que cuando parezca que el mundo te da la espalda en uno de esos días… Sepas que tienes al mejor aliado de tu parte.

Y cuando eso pase, mirarás al horizonte y verás el camino.

Cuando te tengas a ti mismo, no importará que no todo sea perfecto.

Y al llegar al final, te darás cuenta. Lo que buscabas ya era tuyo. Lo que necesitabas ya estaba ahí. Lo bueno te ronda siempre…

Tu sueño ya te pertenecía.
Y no es tuyo porque lo poseas, sino porque lo llevas dentro

 

Aprende a ser tú

 

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Aprende a ser tú

13 de agosto de 2016 8 comentarios

 

Tal vez te preguntas a menudo por qué no llegas a tus metas. Por qué siempre que ya estás tocando el cielo, parece que se cierran las compuertas y alguien cuelga el letrero de “aforo completo”. Y tú nunca entras en él…

Examinas todo lo que haces, cada día. Cada paso, cada uno de los puntos de la lista de listas que te has confeccionado para poder seguir, para no perder de vista tus objetivos.

He notado eso que sientes. Esa sensación de tenerlo vetado. De quedarse a un suspiro de tu sueño y sentir como huele mientras otros lo degustan. He sentido esa rabia contenida que tan sólo sirve para contracturarse la espalda y notar un dolor de estómago terrible…Para amargarse y culparse a uno mismo y a otros de tus fracasos.

He dormido con la sensación de ser invisible y me he despertado sin encontrarme la risa. He sentido que el mundo giraba  al revés mientras yo corría hacia la meta y parecía que estaba quieta… Que era un eterno segundón. Con la sensación de tener el deseo y el talento suficientes pero quedarme al otro lado de la línea. De ponerme a volar  y, de repente,  tocar techo y no descubrir por qué. Esa certeza de creer que tu vida no es tuya y hagas lo que hagas eso nunca cambiará… Que el éxito te esquiva y la fortuna se ríe de ti.

Sí, yo también he buscado en mil libros. Me han resucitado las ganas entre sus palabras… He aprendido mucho de ellos mientras me buscaba a mí misma. He escuchado a mil sabios… Algunos de ellos me han regalado una parte del mapa que me faltaba para llegar a ese tesoro que es mi esencia, mi coherencia…

Y he andado mil caminos. Algunos de ellos ni tan sólo sé cómo he osado pisarlos, de dónde he sacado el valor para sondearlos, cómo he soportado la soledad inmensa que me han impregnado… Aunque me han llevado a mil respuestas y han cambiado mis preguntas por otras preguntas nuevas…

Y el final del camino, siempre eres tú mismo. La meta lleva tu cara. La respuesta a la pregunta es tú… El por qué tiene tu nombre.

Siempre. Lo que hoy no logramos entender es lo que ayer decidimos no conocer o no preguntar. Lo que ahora no logramos es lo que ayer pensamos que no nos pertenecía. Lo que no vivimos es aquella experiencia que un día, sin casi darnos cuenta, decidimos que no nos merecíamos.

Somos el resultado de lo que hicimos y dejamos por hacer…

Cada uno de nosotros lleva ocultas dentro las claves para despejar las incógnitas de su camino. Somos el fruto de nuestras decisiones pasadas, de las presentes… Y llevamos en la cara dibujadas las decisiones futuras que ya sabemos que vamos a tomar y que nos recortan la esencia, la felicidad, la vida.

Somos un amasijo de normas autoadjudicadas que cada día nos coagulan las acciones. Llevamos en los huesos nuestras emociones comprimidas… Nuestros lamentos y quejas circulan por nuestras arterias y definen nuestros gestos, nuestros actos, nuestras ilusiones…

Cuando soñamos, nos achican los sueños porque intentan convertirlos en asequibles, en probables, en realidades que no nos decepcionen… Nos protegemos de nosotros mismos hasta el extremo de anularnos, de traicionarnos.

Cuando caminamos, esos pensamientos prefabricados nos cansan, nos paralizan.

Cuando razonamos, nos limitan, nos dibujan un círculo para que no salgamos de él y tengamos pensamientos viciados, corrompidos… Los pensamientos cortos de un niño que piensa que no podrá y no puede.

Cuando llegamos a la esquina de nuestro sueño y vamos tocarlo, lo apartan, lo envían lejos y nos agarrotan los dedos…

Y ni siquiera nos damos cuenta de cuánto nos reprimimos y recortamos. De esos esquemas que repetimos siempre, esas conductas reiteradas… Y cuando nos preguntamos por qué, la lista de razones del fracaso viene dictada por nuestros miedos, por nuestros pensamientos rancios, por unos parámetros de conciencia que nos reprimen y hacen menguar.

Y un día, descubres que eres siempre el segundo porque en tu mundo, en tus pensamientos, siempre has imaginado que no mereces más… Porque no confías en ti.

Porque te visualizas siempre a un metro de la meta.

Porque no te sueñas llegando al final ni te emocionas al pensar que podrás…

Porque te crees que no eres la persona que consigue lo que tú deseas y cada día te alejas más de ti.

Porque no aceptas lo bueno que te da la vida, porque no lo ves.

Porque creaste una imagen de ti demasiado pequeña para el tamaño de tus sueños y no te la has cuestionado nunca.

Porque hace mucho tiempo te programaste para resistir, para sobrevivir y dejaste que tus temores e inseguridades escribieran tus normas secretas, que quedaron marcadas a fuego en ti… Y sigues obedeciendo a ese programa, aunque eso te supone perder alegría, soltar vida, amarrarte a una versión de ti mismo que no te representa.

La respuesta está dentro de ti. Y no sabes cómo sacarla, cómo encontrar la manera de empezar otra vez, de pensar distinto, de construir nuevos esquemas y empezar a soñar de verdad…

¡Cuánto trabajo por hacer!

¡Cuántos límites por borrar!

Sacar tu esencia de entre la maraña de normas absurdas… Reescribirte, reautentificarte, redibujarte… Desaprender y empezar a vivir.

¡Qué complicado y qué apasionante!

No hay nada malo en el ser el segundo, ni el último… Lo importante es no resignarse a una vida que no te llena y no renunciar a ser tú.

sabbiatraledita

 

Si te escondes… — merceroura

Si te escondes, te borras del mundo… Si lo escondes, te estalla en la cara, te deja seco cuando empiezas a andar hacia el que crees que es tu destino. No hay destino dulce para quién no saca la basura del pasado. Si te lo callas, se te acumula dentro y se hace una cabaña, […]

a través de Si te escondes… — merceroura

 
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Publicado por en septiembre 4, 2016 en Uncategorized

 
 
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