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MADRE

 

7 RAZONES POR LAS QUE NUNCA ES DEMASIADO TARDE EN LA VIDA

7 RAZONES POR LAS QUE NUNCA ES DEMASIADO TARDE EN LA VIDA

“Debes vivir en el presente, lanzarte en cada ola, encontrar tu eternidad en cada momento. Los tontos se paran en su isla de oportunidades y miran hacia otra tierra. No hay otra tierra; no hay otra vida, sino ésta.” – Henry David Thoreau

Nuestra vida es limitada -al menos en el número de años que pasamos ​​en la Tierra. Por tanto, muchas personas tratan de “vivir” tanto como sea posible. Otras se estancan en los hubiera/debería haber/podría haber/tendría que haber. Algunas otras experimentan un profundo sentimiento de pesar, incluso algunos desarrollan depresión u otras condiciones de salud. Otros pasan por fases temporales, como la temida “crisis de la mediana edad”.

Pero, ¿qué logra este tipo de pensamiento? Nada. Es natural que experimentamos arrepentimiento de vez en cuando; sin embargo, la dura verdad es que el pasado no puede ser cambiado. Lo único que puede cambiar somos nosotros como resultado de ese pasado. Incluso podemos aliviar el daño que nos ha hecho.

No podemos sumar ni restar años de nuestra vida, sólo podemos vivir cada momento y tratar de sacar el máximo provecho de ello. Dicho esto, continuemos con el tema que nos trajo hasta aquí hoy.

7 RAZONES POR LAS QUE NUNCA ES TARDE EN LA VIDA

  1. TODO LO QUE EXISTE  ESTÁ EN EL PRESENTE

Piénsalo por un momento. ¿Cuántos de nosotros estamos tan envueltos en lo que se hizo en el pasado o en lo que vamos a hacer en el futuro, y todo el tiempo abandonando el presente? ¿Cuántos de nosotros realmente vivimos en el momento?

Algunos científicos han postulado que el tiempo -junto con su naturaleza finita- es una ilusión. Sea una ilusión o no, la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que la vida es sólo una serie de eventos, o momentos, que experimentamos.

Entonces, ¿por qué no enfocarse en lo único que realmente podemos experimentar ahora mismo, en el momento presente?

  1. CAMBIAR UNA COSA A LA VEZ

Hay un error que muchos cometemos al experimentar algún tipo de arrepentimiento en nuestras vidas. Deberíamos concentrar nuestros esfuerzos en cambiar el aspecto/defecto/actitud de nosotros, de nuestra personalidad que nos lleva a cometer el error, en lugar de pensar en todo lo que percibimos que hemos hecho mal debido a eso. Como resultado, estamos abrumados y experimentamos “parálisis”.

Cuando estamos demasiado ocupados pensando en todas las cosas que necesitamos cambiar, es imposible tomar una acción constructiva. Cuando nos centramos en una sola cosa  que mejorar, es mucho, mucho más fácil.

No necesitamos abordar todo a la vez, ¡sólo necesitamos enfocarnos en una cosa y mejorarla!

  1. PODEMOS IR A PASOS DE BEBÉ

Claro que somos un poco mayores, pero eso no significa que tenemos que cambiar todo de la noche a la mañana. Sin mencionar que cuando tratamos de progresar demasiado rápido, nuestros resultados sufren. ¿Cuál es el punto de apresurarse?

Mejor frena un poco y cambia lo que realmente quieres. ¡Serás mucho más feliz con los resultados!

  1. EL FUTURO ES INCIERTO

Por supuesto, nadie sabe lo que sucederá en el futuro. Piense en cuán mejor sería la vida si viviéramos cada día intensamente.

Puede parecer que estamos repitiendo lo que ya hemos dicho, pero es muy importante recordarles esto porque es especialmente necesario si estás tratando de hacer cambios positivos en tu vida.

  1. TODAVÍA TENEMOS VOLUNTAD

“¡Donde hay voluntad, hay una manera!” ¿Cuántas veces hemos escuchado esto? Y qué cierto es. Sin nuestra voluntad, no somos nada.

Si estás respirando, tu voluntad está activa y lista para ser usada. Se podría decir que nuestra voluntad es uno de los elementos más importantes del ser humano, quizá sólo después del alma.

Tienes tu mente, tienes tu alma y ​​tienes tu voluntad. ¡Guíate por ellos!

  1. EL AUTO MEJORAMIENTO NO EXPIRA

Casi sin excepción, parte del arrepentimiento experimentado en la vida es el resultado de no “alcanzar” algo. Cuando uno siente que no ha alcanzado su verdadero potencial, puede dejar una marca dolorosa. Pero la capacidad de mejorarse uno mismo no expira.

¿Quieres estudiar una carrera pero eres “muy mayor”? ¡Qué importa, hazlo! No olvides: ¡Donde hay voluntad, hay una manera! Si ya tienes la voluntad, busca la manera.

  1. NUESTRO LEGADO

¿Cómo pensarán las generaciones futuras de nosotros cuando hayamos partido de esta Tierra? ¿Estarán inspirados y motivados por tu vida? ¿O les serás indiferente, incluso estarán un poco decepcionados?

Es bastante sorprendente que muchas personas piensen en su legado hasta muy tarde en la vida. Pero es uno de los mayores regalos que podemos dejar a nuestros descendientes.

 

DESINTOXICAR EL ALMA…

 

¿ES HORA DE DESINTOXICAR TU ALMA?

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La desintoxicación del cuerpo es bastante común. Nuestros cuerpos absorben tantas cosas que no son buenas que a veces tenemos que desintoxicarnos para limpiar nuestro cuerpo. Pero, no todos saben que lo mismo puede sucederle a nuestras almas. Nuestras mentes y cuerpos pueden estar llenos de cosas negativas que son malas para nuestra salud.

Estas son algunas señales que indican cuando llega el momento de desintoxicar tu alma, y cómo comenzar a dejar ir las cosas y que tu alma vuelva a estar en orden:

1. Buscas lo negativo

Como dice el viejo refrán: “La miseria ama la compañía”. Cuando te interesan ver, leer o escuchar cosas que sabes que te molestarán o deprimirán entonces es hora de dar un paso atrás y pensar en la desintoxicación de tu alma.

Las personas negativas pueden arrastrarte hacia abajo con el tiempo, y es posible que ni siquiera te des cuenta hasta que haya estado sucediendo por mucho tiempo. Vale la pena mencionar que no es lo mismo una persona negativa y una que pasa por una situación negativa, así que ten en cuenta esto.

Apagar tus dispositivos (teléfonos, televisores, radios, tabletas, computadores) y conectarte con las personas que amas es una gran manera de dejar de buscar la miseria y alimentar a tu alma con cosas malas.

2. No estás consciente cuando hablas

¿Encuentras que la mayoría de las veces cuando empiezas a hablar, todo lo que dices es sarcástico? ¿Tiendes a herir los sentimientos de la gente o desanimarlos sin querer? Eso quiere decir que requieres con urgencia una desintoxicación del alma. No estás siendo consciente de las cosas que dices porque estás lleno de negatividad. Animar a los demás y pensar en cosas amables puede ayudar con esto. 

3. Tus amigos no quieren estar cerca de ti
 
Si constantemente emite vibraciones negativas, no es de extrañar que tus amigos probablemente no quieran verte tanto como tú a ellos. Esta es una de las principales señales de alerta de que tu alma necesita una desintoxicación seria para que puedas volver a conectarte con tus amigos. Ya no busques lo negativo y rodéate de personas que te hacen feliz, esto hará maravillas en ti.

4. Te sientes insensible

Las emociones son las que nos hacen humanos. Ninguna emoción es mala. Las emociones son neutrales, y es la forma en que tratamos con ellas las que mejoran o empeoran la situación. Pero cuando empiezas a sentirte insensible, y nada es bueno o malo, es hora de desintoxicar tu alma.

Tratamos el dolor crónico con analgésicos. El insomnio con pastillas para dormir. Los problemas de peso con dieta y ejercicio. Y lo peor es que podemos etiquetar la pérdida de emociones como una enfermedad mental, igual que la depresión, y ocultar los síntomas con medicamentos psiquiátricos que pueden empeorar las cosas, es como tapar con una curita una herida que no cicatriza.

Por tanto, conéctate con todos tus sentidos para reactivar tus emociones y que te ayuden a sanar esa herida debajo de la curita. 

5. Disfrutas de las desgracias ajenas 
En lugar de sentir simpatía o empatía cuando las cosas están yendo mal para otras personas, te alegras que así sea. ¿Cómo querrías que los demás reaccionaran si estuvieras en sus zapatos? Enfrentar honestamente está pésima actitud es la mejor manera de desintoxicarse. 
El problema es que muchas personas amargadas no saben que son amargadas, ya que están tan convencidos de que tienen la razón que no pueden ver sus propios errores en el espejo. Y cuanto más crezca la raíz de la amargura, más difícil será eliminarla.

6. Las personas felices te molestan 
Estar rodeado de personas felices puede hacerte sentir aún más miserable. Te sientes aislado de sus emociones positivas.Un rasgo que muchas personas felices comparten es la capacidad de aceptar las cosas tal como son. Si bien no tenemos control sobre todo lo que sucede en el mundo exterior, podemos controlar lo que sucede dentro de nosotros: cómo elegimos pensar, sentir y reaccionar ante esas situaciones externas. La calidad de nuestra vida está determinada por esos pensamientos y acciones. 
Meditar y mantenerte rodeado de una red de apoyo de las personas que amas te ayudará a eliminar este sentimiento negativo en particular y te ayudará a desintoxicar tu alma. La felicidad debería ser contagiosa, no molesta.
7. No duermes bien 
O te resulta difícil conciliar el sueño o despertarte. Tal vez tengas pesadillas que te despiertan en medio de la noche. Ésa es tu alma tratando de decirte que necesitas desintoxicarte, de inmediato. La meditación puede ser una gran herramienta para ayudar, si realineas tu alma y duermes mejor puedes sentirte positivo durante el día. 
8. Siempre eres la víctima 
Al menos, así es como te ves a ti mismo. Siempre eres el que ha sido menospreciado, o alguien te ha hecho daño. Si te encuentras en situaciones en las que siempre te victimizas, puede ser hora de mirar tu alma en serio y preguntarte: ¿realmente eres la víctima? Quizás la negatividad te acaba de alcanzar. 
Los pensamientos negativos dan a luz a palabras negativas, que a su vez crean más pensamientos negativos. Entrénate para notar cuando estés pensando, hablando o incluso comportándote de manera negativa, y tan pronto como lo notes, detente y dale la vuelta.
 
9. Evitas la meditación o la oración 
Estas actividades son las que nos obligan a pasar tiempo con nosotros mismos y nuestros pensamientos, son los momentos más honestos y vulnerables. Si evitas hacer esto, es porque hay algo dentro de tu alma que no quieres confrontar. Da pequeños pasos y concéntrate en meditar u orar cada día un poco más hasta que puedas comenzar la desintoxicación que tu alma necesita. 
La meditación y la oración calman el alma. Ver hacia adentro es una forma hermosa de limpiar la basura espiritual. Escuchar tu sabiduría interna es un camino rápido para deshacerte de lo que no te sirve. 
10. Siempre estás aburrido 
Nada te satisface. Tus pasatiempos ya no te atraen y nada suena divertido. Tu alma necesita una desintoxicación seria para que puedas comenzar a sentirte conectado emocionalmente con las cosas que amas de nuevo. Acercarte a tu red de apoyo y ponerte de nuevo en contacto con las cosas que amas, será de gran ayuda. 
Para concluir… 
Cuando los químicos malos se acumulan en nuestro cuerpo, causan una sobrecarga tóxica. Esto puede hacernos sentir aletargados o incluso enfermarnos. De manera similar, las emociones negativas también pueden acumularse en nuestro cuerpo. Esto puede pesar mucho en nuestra mente, espíritu y cuerpo cuando se ignora. 

Nuestro cuerpo y  alma siempre necesitan atención cuando se trata de negatividad y cosas malas para nosotros. No solo nuestros cuerpos pueden enfermarse, sino también nuestras almas y nuestras mentes. 

 

Testimonio contra la Mutilación Genital Femenina

 

UNA MUJER FUERTE….

Las mujeres fuertes están agotadas emocionalmente, a continuación las 6 razones de por qué

Según la gente, una mujer fuerte va por la vida de forma feroz sin preocuparse por lo que los demás piensen de ella. Hace ver que la vivir la vida es algo simple y sencillo. Una mujer fuerte es una que motiva e inspira a los demás a vivir su vida de la forma que quieran. No aceptará un no como respuesta y persigue lo que desea, incluso si otras personas se oponen. Una mujer fuerte desea que los demás saquen el máximo provecho de las oportunidades y busquen alcanzar sus sueños, sin importar las circunstancias. Este tipo de mujer siempre está exigiéndose para ser la mejor y animando a los demás para que también sean la mejor versión de ellos mismos.

Para el resto del mundo, una mujer fuerte tiene una reserva infinita de energía. Es una luchadora y se enfrentará con quien sea y con lo que sea para lograr lo que quiere. Cuando se trata de cuidar de otras personas, una mujer fuerte es el tipo de gente que cuida por naturaleza. A pesar de lo cansada que pueda estar, siempre se hará cargo de sus responsabilidades y cuidará de sus seres queridos. Las mujeres fuertes tienen la misma cantidad de horas al día que todos, pero algunas veces parece que son más productivas que una persona normal. Aunque una mujer fuerte siempre tiene un horario ocupado, encuentra la forma de tener tiempo para todo. Incluso con todas las responsabilidades que tiene, una mujer fuerte es capaz de fluir por la vida sin demasiado esfuerzo, sin dejar que nada la abrume.

Nada se interpone en su camino y nada evitará que alcance sus sueños. Sin embargo, aunque parezca que es una supermujer, una mujer fuerte es humana y tiene sus propias debilidades. Sigue sintiendo ansiedad y estrés, como cualquier otra persona. Para la gente, a las mujeres fuertes no parece afectarlas la negatividad, pero en medio de su fortaleza estas mujeres tienen que lidiar con los mismos sentimientos y pensamientos tóxicos que todo el mundo tiene. Aunque logran enfrentar la vida con una sonrisa, la presión que sienten es en parte debido a todas las responsabilidades que asumen.

Por esta razón, aunque son personas asombrosas, las mujeres fuertes suelen sentirse muy cansadas todo el tiempo. Aunque esta sensación de cansancio puede ser física, gran parte de ella es cansancio emocional. Si esto no se trata, el cansancio podría afectar el cuerpo y la mente de la mujer. Una mujer fuerte que está acostumbrada a cierto nivel de productividad se encontrará perdida cuando no pueda hacer tantas cosas como quiera. Cuando tienen que lidiar con el cansancio emocional, ya suelen haberse dejado la piel y están haciendo lo mejor que pueden para continuar. Aunque el mundo aplaude a estas fuertes mujeres por vivir su vida de la forma que quieren, comentan el error de no abordar el cansancio emocional que suele acompañar este estilo de vida.

¿Por qué están cansadas emocionalmente?

  1. Nunca recurren a los demás para tener seguridad emocional.

¿Eres el tipo de mujer que siempre lidia con sus propias emociones? Aunque deberías solo recurrir a ti para tener seguridad emocional, también es cierto que deberías tener a personas en tu vida con las que puedes compartir

  1. Dan y dan y nunca reciben nada a cambio.

Las mujeres fuertes suelen ser personas que dan naturalmente. Aunque no hay nada malo con dar, puedes dejar de dar si no hay nada más que ofrecer. Ya que las mujeres fuertes rara vez piden algo, suelen quedarse sintiendo más vacías que las demás.

  1. Sienten dolor adentro, pero no lo dejan salir.

Las mujeres fuertes suelen tener la impresión de que siempre deben mostrarse fuertes. No hay nada malo con la fortaleza, pero tampoco hay nada malo con ser vulnerable.

  1. No se dan el cuidado que se merecen.

Eres humana. Necesitas amor, cariño y cuidado, como cualquier otra persona. Las mujeres fuertes rara vez reciben estas cosas porque sencillamente intimidan a los demás o le proyectan al resto del mundo la impresión de que ya están bien cuidadas.

  1. Nunca piden amor.

Las mujeres fuertes nunca piden amor, al menos esto es lo que cree el resto del mundo. Sin embargo, las mujeres fuertes, como cualquier otra persona, necesitan amor.

  1. No les gusta compartir sus problemas con los demás.

Abrirte para contar tus problemas puede ser una señal de debilidad. La verdad es que las mujeres fuertes también necesitan a alguien con el cual hablar sobre sus problemas.

¡Las mujeres fuertes deberían seguir viviendo de la misma forma mientras que también se aseguran de que cuidan de ellas! ¿Estás de acuerdo? ¡Cuéntanos tu opinión en los comentarios y no se te olvide compartir esto con todas las mujeres fuertes en tu vida!

 

RESPETO

RESPETO

Actitud que reconoce y aprecia el valor y la dignidad de los demás y les trata de acuerdo con ese valor “La actuación propia de un buen ciudadano contempla cinco actitudes sociales: el altruismo optimista, la responsabilidad social y política, el respeto, la lealtad, la justicia” (Del vídeo: “¿En qué consiste el aprendizaje de la competencia cívica?”, Parlamento de Navarra) Sin duda la palabra respeto es una de las más presentes en el ámbito educativo. Desde muy pequeños se nos decía que hay que respetar las cosas, los horarios, las normas, el entorno, a uno mismo y sobre todo, que hay que respetar a los demás. Pero damos por hecho que todo el mundo entiende lo que significa respetar. A juzgar por el comportamiento generalizado de muchos chicos y chicas (y también de muchos adultos) no sería una pérdida de tiempo dedicar algunas reflexiones a la importancia capital y a la necesidad urgente de fomentar el respeto como actitud educativa básica. Notamos, en efecto, que hay muchos niños y adolescentes insensibles, fríos, incluso despectivos hacia los mayores o hacia los mismos compañeros (especialmente de edad inferior a la propia). Esto es bien visible en la escuela, en la calle y en el propio hogar. Los adultos ven cómo un grupo de muchachos ni se apartan cuando alguien quiere pasar, o no saludan, o gritan palabras vulgares para hacerse notar, o lanzan miradas altaneras en señal de reto. Bromas pesadas, juegos peligrosos, imágenes pornográficas, abusos del móvil, de los videojuegos o del i-pod, se han convertido en algo “normal” en hogares y escuelas, donde padres y maestros llegan a sentir miedo de sus hijos o alumnos.

Es triste ver a muchachos que luchan por ocupar los asientos del tren o del autobús, sin ninguna deferencia hacia personas ancianas o más necesitadas, o que arrojan papeles y objetos al suelo sin el menor cuidado hacia la limpieza pública o el posible daño que otros puedan sufrir. Es muy elocuente pasearse un sábado por la mañana por los lugares donde la noche anterior ha tenido lugar un “botellón”. El punto de partida es la dignidad de la persona Respetar es una actitud que reconoce y aprecia el valor y la dignidad de los demás y les trata de acuerdo con ese valor. Se extiende también al entorno, a la propiedad de los demás. Comienza con la consideración del otro como persona, como alguien valioso en sí mismo y con los mismos derechos fundamentales. También nos debemos respeto a nosotros mismos, en cuanto personas, y debemos tratarnos a nosotros mismos de acuerdo con nuestra dignidad. Reconocer en los demás su dignidad como personas y no dejar espacio a la ofensa y el menosprecio o a las manifestaciones discriminatorias supone el inicio de un camino hacia una sociedad más acogedora, pacífica y justa. El respeto en el fondo es la “regla de oro” de la convivencia: es tratar a los demás como deseas ser tratado, querer para los demás el bien que quieres para ti. Porque el otro es como yo, una persona, y una persona no debe ser nunca tratada como medio con vistas a otra cosa o persona. Utilizarla, manipularla o servirse de ella como si fuese un objeto sería menospreciarla. Además, el amor a las personas supone siempre el respeto. No podemos amar verdaderamente a nadie si no le respetamos. En ocasiones se confunde el respeto con otras actitudes que nada tienen que ver con él. El respeto no es: • Sumisión, sino madurez para saber valorar a los demás y las cosas de nuestro entorno. A veces nacerá de la obediencia, pero ha de convertirse en criterio propio, en lucidez y serenidad, en amabilidad, responsabilidad, estabilidad y firmeza. • Indiferencia; la indiferencia implica ausencia de sentimientos, no valora a la otra persona como igual, muchas veces ni siquiera la valora en absoluto. • Omisión; el respeto es activo, intenta construir desde la acogida, la aceptación y el diálogo, no es un mero “no dañar”, “no ofender”, “no hacer”. • Timidez o temor, porque con frecuencia se oculta bajo la apariencia de respeto el sentimiento de miedo, y los timoratos no construyen la paz ni la buena convivencia. Tampoco es lo mismo que la mera tolerancia: No es lo mismo decirle a alguien “te respeto” que decirle “te tolero”. Se tolera algo o a alguien que se considera malo, pero se le soporta o aguanta como mal menor. El respeto es reconocimiento positivo del valor de alguien. Eso no significa darle la razón si no la tiene. Se puede y se debe corregir, con la debida delicadeza, a quien se halla en el error. Cualquier sociedad y grupo precisan de un conjunto de reglas. Pero una convivencia pacífica no se consigue sólo con el cumplimiento de normas o leyes. El respeto tiene que salir de dentro; es contrario al egoísmo y requiere, para ser auténtico y fecundo, una serie de condiciones: * Ha de ser sincero y surgir libremente, pues en su vivencia no cabe la hipocresía; un respeto impuesto no se consolida, acaba por estallar. * Ha de llegar a ser espontáneo, fruto de ideas claras y de hábitos bien arraigados, sin necesidad de grandes reflexiones teóricas y de tensiones internas. * Ha de buscar el diálogo y suscitar amabilidad, pues la cerrazón, la intransigencia y la sinrazón sólo conducen al conflicto y a la violencia. Algunas actitudes que dificultan la educación en el respeto, y que es bueno que sepamos detectar y corregir a tiempo, son, entre otras, la soberbia y la prepotencia, la envidia, el miedo, la intolerancia, el permisivismo o el autoritarismo. En casa y en la escuela El respeto se aprende sobre todo en casa. La educación en el hogar tiene un valor insustituible para que el respeto se convierta en norma de vida de los hijos desde los primeros años. Hay hogares en los que los padres saben promover este valor esencial. A veces interviene el padre para corregir cualquier abuso o palabra disonante. Otras veces es la madre quien ofrece una indicación clara y la hace respetar… es muy importante que los dos juntos vaya a una, se apoyen en su tarea educativa para ayudar a sus hijos a ser capaces de auto controlarse, a ser disciplinados y respetuosos. Y una primera condición es que sean ejemplo de este valor: que habitualmente se muestren respetuosos con las demás personas, entre sí y con sus hijos. Desde la familia, con el apoyo de la escuela, es preciso empeñarse en formar niños y adolescentes respetuosos, dueños de sí mismos, sensatos, preparados para la vida en sociedad. Porque sabrán acoger con respeto a todos, porque serán capaces de vivir de modo armónico con los iguales y los distintos, con los grandes y los pequeños, con los sanos y los enfermos, con los que piensan lo mismo y con los que tienen ideas diferentes. Enlace sobre el valor cívico del respeto Parlamento de Navarra: Actividad sobre el valor del respeto (1º-3º ESO) UNA PEQUEÑA HISTORIA Érase una vez… un chico con mal carácter. Siempre hay alguno así, de esos que siempre están quejándose, gritando, protestando y recriminando a los demás su comportamiento cuando a él no le gusta. A veces golpean, y casi siempre humillan a los otros, lo cual duele más que una bofetada. Su padre le dio un saco de clavos y le dijo que clavara uno en la verja del jardín cada vez que perdiera la paciencia y se enfadara con alguien. Él lo pensó bien y vio que su padre tenía razón. Tenía que cambiar. El primer día clavó 37 clavos. Durante las semanas siguientes se concentró en controlarse y día a día disminuyó la cantidad de clavos nuevos en la verja. Había descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos. Finalmente llegó un día en el que ya no clavaba ningún nuevo clavo. Entonces fue a ver a su padre para explicárselo. Su padre le dijo entonces que era el momento de quitar un clavo por cada día que no perdiera la paciencia. Los días pasaron y finalmente el chico pudo decir a su padre que había quitado todos los clavos de la verja. El padre condujo a su hijo hasta la verja y le dijo: «-Hijo mío, te has comportado muy bien, pero mira todos los agujeros que han quedado en la verja. Ya nunca será como antes. Cuando discutes con alguien y le dices cualquier cosa ofensiva le dejas una herida como ésta. Puedes clavar una navaja a un hombre y después retirarla, pero siempre quedará la herida. A pesar de las veces que le pidas perdón -y debes hacerlo siempre-, la marca de la herida permanecerá. Una herida provocada con la palabra hace tanto daño como una herida física.» Y por eso también es importante saber olvidar las ofensas que se nos hicieron. Pero olvidarlas de verdad, para no volver a utilizarlas nunca como reproche cuando nos volvamos a sentir ofendidos. Porque entonces las heridas vuelven a abrirse. Los amigos son joyas raras de encontrar. Están listos para escucharte cuando tienes necesidad. Te sostienen y te abren su corazón. Cuídalos. Enseña a tus amigos cómo les quieres… y les respetas. Evita humillarles y quedar tú por encima. Respétalos siempre, aunque no debas darles la razón cuando están en el error. Discrepa sin herir. Son personas, como tú. Piensa a menudo cómo te sentirías tú en su lugar. Y obra en consecuencia. Pero no se trata sólo de los amigos… Hay más gente en el mundo, a la que le afecta, para bien o para mal, lo que hacemos y decimos. Hay una regla de oro, un principio moral básico que sirve para actuar con respeto: TRATA A LOS DEMÁS SÓLO COMO DESEAS SER TRATADO. Es en realidad una forma de decir: Respeta, respeta, respeta… Trata a los demás como personas. El texto que acabas de leer trata de algunas cuestiones que tienen que ver con la convivencia. Es una narración sencilla, a la que sigue una reflexión, de la que sería muy bueno que sacaras tus propias conclusiones y aplicaciones prácticas para la vida. Después de hacer una lectura personal, reflexiona sobre el contenido y subraya las palabras e ideas principales (tendrás para esto un poco de tiempo), que sin duda te ayudarán a contestar las preguntas que se hacen a continuación, las cuales tienen como finalidad comprobar que has comprendido el contenido del texto, y que eres capaz de sacar tus propias conclusiones de forma razonada e inteligente. Si lo haces bien, puedes subir la nota de clase, por supuesto. Pero lo mejor de todo sería que sacaras conclusiones para tu vida… y que los demás lo noten en tu manera de ser y de convivir.

 

PARA QUÉ…

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No me sirve cualquier sueño, pero sobre todo no me sirve cualquier camino. La forma de llegar a lo que amamos y deseamos marca la gran diferencia en nuestras vidas y poco a poco, cuando creces por dentro, te das cuenta de que es el verdadero premio… El sueño está en el detalle, en el pequeño paso, en el día a día, en lo que conviertes en rutina en tu vida, en lo que te atreves a cuestionar y decidir. El sueño se empieza a conseguir el día que te das cuenta de que lo que importa es cómo llegas a él y decides apostar por tu coherencia.

Puedo no llegar a la meta pero, no puedo permitirme no saber encontrar la paz cuando me dé cuenta de que no la alcanzo, ni fallar en esto de sobrellevar la pena de no cumplir planes, ni acabar listas de objetivos.

Aunque puedo tardar un día o dos, tres años o un siglo en hacerme a la idea de que a pesar de que nada es imposible no todo pasa, no todo llega y a veces en eso hay cierto sentido. A veces, el premio principal de tu vida es lograr encajar las derrotas y convertirlas en éxito. Conseguir la actitud de un ganador mientras asumes que no llegas a la meta o que no llegas primero… Una vez consigues eso, esa magia, nada se resiste. Porque te has transformado…

A veces, las cosas que deseas no suceden. O al menos eso nos parece… Tal vez porque no se ve qué es lo que estás dibujando con los tumbos que das a cada paso, hasta que has dado los suficientes como para poder tomar perspectiva. Hasta que te levantas de ti mismo y te miras desde el aire y ves que no caminabas en círculo sino que dibujabas en la tierra tu firma, que dejabas tu huella sin saber para quién… A veces, no estás en el camino que deseas pero descubres que eres útil en él para muchas personas y sabes que es en realidad tu camino… Porque estás haciendo en él lo que soñabas hacer en otro y no te has dado cuenta de que no importa cómo sino para qué.

La vida nos moldea y a veces nos pone en nuestro sitio. Nos recuerda que fallar es necesario y que cada error es un maestro para dar el siguiente paso… Un paso que a menudo puede cambiar de sentido, de rumbo, desaparecer o hacerse tan pequeño que parece que no avanzas nada, que no pasa nada en tu vida porque no te mueves…

Echar tus raíces lleva tiempo. Uno tiene que escoger a qué tierra pertenece, en qué mundo vive, a qué cielo aspira, qué le sacude y le conmueve. Tiene que conocer todos sus recovecos oscuros y haber encontrado todas sus aristas más cortantes antes de que los primeros brotes se abran paso a través de la tierra y vean la luz.

Echar raíces requiere tanta paciencia que los impacientes a veces se cansan.

Requiere tanto entusiasmo, que los entusiastas a veces se agotan y se quedan dormidos.

Requiere tanto trabajo, que los más trabajadores a veces abandonan porque se sienten desnudos y vacíos, porque acaban creyendo que cae en saco roto.

Echar raíces a veces te deja tan roto que no recuerdas qué estabas haciendo ni para qué. Y al final, sólo llegan los que resisten, los que aguantan no saben cómo, los que se empeñan de verdad .

A veces, los que llegan lo han soportado todo porque a medio camino decidieron que lo que importaba no eran precisamente las hojas sino las raíces. Porque se dieron cuenta de que el trabajo de mirar hacia dentro para conocerse y aceptar todo lo que allí encontraban era tan valioso que la verdadera cosecha era crecer hacia abajo, hacia la tierra… Crecer por dentro y sentirse sólido y a la vez ligero. Soltar la carga de tener que llegar a nada en concreto… Agradecer el poder respirar, el sentir, el tocar, el acariciar este día sin que este día tenga que ser tasado, valorado, recordado, sin que se tenga que asignar a nada una nota, un número de cuenta, un valor añadido…

No es lo que hacemos, es para qué lo hacemos.

A veces, el que llega es el que está en sí mismo y no el que produce sin saber para qué. El sentido que le damos a nuestros logros lo cambia todo. No somos máquinas de producir, somos seres humanos que necesitan darle sentido a lo que hacen. Nuestro “para qué” es tan importante que a veces no conseguimos lo que soñamos porque no lo tenemos claro o porque lo hemos confundido. Si queremos llegar para demostrar, no llegamos jamás porque el que necesita ir dando lecciones al mundo nunca habrá dado las suficientes… El que va llenando huecos ahí afuera para ser admirado y compensar con ello el amor que no siente por él mismo, nunca recibirá suficientes halagos… El que está en el camino porque ama el camino y desea la meta para seguir amando y compartir, ya tiene su recompensa en cada milímetro que avanza.

Las metas importan pero, al final, a medio recorrido podemos descubrir que las que estamos anhelando no son las verdaderas sino las que pensábamos que era nuestras pero eran de otros… Que nos hemos puesto retos asequibles y en realidad aspiramos a más, pero nos conformábamos porque no creemos merecer de verdad… O por el contrario que nos elevamos tanto el listón que en el fondo nos estábamos castigando, nos hacíamos subir una montaña muy alta para demostrar que nada nos frenaba y asegurarnos sufrir durante el ascenso… Lo que importa de verdad es cómo llegamos y nuestra forma de aceptar la derrota, el cambio de rumbo, el desatino y el error.

Lo que importa es la sonrisa, el abrazo, el aliento que nos queda para que al día siguiente sigamos dando la lata con algo hermoso que conquistar…

Sin perdernos cada momento, cada detalle, cada pequeño gesto de la vida….

No podemos decir sí a todos los caminos para llegar porque algunos nos piden dejar el alma antes del último ascenso y eso nos convertiría en huérfanos de nosotros mismos.

Lo que importa está en nosotros y pasa por sacudirse la angustia y caminar. Si el camino a tu sueño no pasa a través de ti ni te pide que saques tus penas al sol, no es el camino que buscas…

No me sirve cualquier camino, porque el sentido de andarlo es llegar a mí mientras recorro todos mis miedos y mis rarezas y suelto todas las necesidades que me inventé para soportarlos. No importa cómo, ni dónde, ni a quién… Sólo para qué.

No importan las hojas, lo que importa son las raíces…<AUTORA… 

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