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Archivo de la categoría: EL EGOISMO

Los siete pecados capitales del e-mail

Los siete pecados capitales del e-mail

Suposición
La mala costumbre de suponer que todo el mundo leyó un correo urgente. Demasiadas personas se limitan a enviar un e-mail (y confían en que haya sido recibido y leído por todos los destinatarios) para comunicar una información urgente. A un 27% de los encuestados le molesta que el correo importante se envíe sin ningún tipo de aviso especial adicional, como una llamada telefónica, o con el símbolo de “urgente” que la mayoría de los programas tiene.

Pasarlo por alto
La tendencia a no responder. Uno de cada diez encuestados se queja de recibir tantos correos que no tiene tiempo de responderlos todos. Más de una quinta parte de los encuestados residentes en España o Reino Unido teme volver a la oficina después de alguna ausencia a causa de la montaña de correo que sabe que les espera. Con tanto correo no es de extrañar que la cuarta parte de los encuestados tenga que implorar una respuesta a más de la mitad de ellos.

Negación
Fingir no haber recibido un correo de alguien. Cuanto menos respondemos, más culpables nos sentimos. Uno de cada diez encuestados confiesa sentirse culpable en el trabajo por no haber respondido el correo de algún conocido. En el Reino Unido, hasta un 11% de los encuestados recurrió a fingir no haber recibido un correo cuando se les pidió contestación, generalmente por vergüenza ante la falta de atención.

Falta de tacto
La tendencia a extenderse más de lo necesario. A los trabajadores les molesta también recibir páginas de texto que requieren una búsqueda de la información que les afecta. La tercera parte de los encuestados franceses destacó este hecho como especialmente irritante, y es el personal de mayor nivel de responsabilidad quien más lo sufre. También molestan las imágenes o archivos adjuntos demasiado pesados.

Para todos
Mandar el mismo correo a todo el mundo, incluso a las personas a las que no les incumbe el tema. Más de la cuarta parte de los encuestados se muestra frustrada por recibir mensajes que no le interesan, un problema al que se enfrenta el 30% de los directores de alto nivel de las empresas participantes en la consulta. Más de la tercera parte de los encuestados italianos sufre porque tiene la bandeja de entrada llena a causa de estos e-mails irrelevantes.

Dejadez
Los pecados de mala gramática y ortografía, argumentos inconexos y lenguaje confuso. El 81% de los encuestados tiene una opinión negativa de aquellos que envían mensajes mal escritos y con errores. Este es el caso de Alemania, donde la tercera parte de los encuestados considera que los remitentes son dejados y descuidados. Y los jefes medios en las empresas de toda Europa deben tener cuidado porque los directores de alto nivel tienen una visión negativa de los correos mal escritos.

Texto corto
No emplear el tono correcto. Enviar mensajes cortos y bruscos sin atender a los modales necesarios puede dañar una relación de forma no intencionada. Uno de cada diez encuestados, y hasta un 23% en Alemania, confesó haber tenido enfrentamientos con algún compañero o con terceros porque malinterpretaron lo que se decía en el e-mail. Esto también puede perjudicar relaciones laborales y sentimentales.

 

ADICIONES…COCAÍNA,

 

Lorena Paola Torres

26 de enero a la 1:49

La cocaína es maravillosa, nada te hace sentir mejor, tanto que ni siquiera necesitas del sexo, porque al consumirla tenéis una sensación orgásmica que dura mucho más que el orgasmo sexual. No te cansas nunca, no sentís fatiga, ni sueño, ni hambre, ni sed, ni dolor, ni preocupaciones.

Pero el precio que pagas es realmente muy alto. Si la elegís a ella, tenéis que renunciar a todo lo demás. Tus amigos, tu pareja, tu familia, tus finanzas personales, tus capacidades cognitivas progresivamente disminuidas, tu salud, tu cordura, tu voluntad, tu estado físico, tu capacidad para decidir, TU LIBERTAD..

El precio es la más absoluta soledad y una vida gris, un mundo en el que los colores se vuelven grisáceos, donde los sonidos de la música ya no despiertan nada en vos. Nada te complace, nada te llena, nada te satisface, porque además, NUNCA es suficiente.

La cocaína es una trampa, un lobo disfrazado de Caperucita, e irá comiéndose poco a poco lo más valioso que tenéis en la vida: tu PAZ. Y para cuando te des cuenta y quieras alejarte ya será demasiado tarde, estarás atrapado tras esos barrotes invisibles que vos mismo creaste, haciendo cosas que no te dejarán dormir por las noches, porque para descansar no hay mejor almohada que una conciencia limpia. Y no la tendrás, porque además de hacerte daño, harás mucho daño a quienes más quieres y más te quieren, causarás mucho dolor.. y andarás por extraños lugares, tratando con gente a la que no les importa tu vida, solo tu dinero.

Y verás con nostalgia y angustia y dolor y culpa y vergüenza todo lo que antes enriquecía tu vida y le daba sentido a tus días, y perdiste por ella. Y estarás solo con ella, amándola y odiándola.. Y cuando te decidas a recuperar tu vida, ya no podrás liberarte de sus cadenas.

La cocaína es la mejor de las trampas. Tenés que saberlo.

Y digo esto porque en todas partes crece día a día la cantidad de darles y de nuevos consumidores. No te dejes llevar por la curiosidad, no sigas a tus amigos si están en eso..

NO LA PRUEBES. NO LO HAGAS.

No importa que tan dura sea tu vida, valora lo poco que tenéis, que seguramente vale mucho más de lo que crees.

Y si cometiste el error de meterte en ese mundo de espanto, BUSCÁ AYUDA, porque solo no vas a poder salir. Ella no te permitirá escapar.. NUNCA.

Con ella a tu lado tu historia sólo puede terminar de 3 maneras: muerto, preso, o en un manicomio.

 

NAVIDAD…

La magia de la Navidad es que hace que un año se pase volando, nos hace reflexionar sobre lo que hemos luchado, lo que hemos ganado y nos da fuerza para seguir adelante. Despierta y saca a la luz los mejores sentimientos del ser humano y nos hace apreciar mejor el verdadero valor de la amistad, la familia y el amor.

 

LAS PERSONAS HIPÓCRITAS…

Las personas hipócritas están entre el peor tipo de gente deshonesta. Un hipócrita se define como: Una persona que finge tener virtudes, creencias morales o religiosas, principios, etc., que él o ella realmente no posee, especialmente una persona cuyas acciones, desmienten creencias declaradas. Es una persona que finge alguna actitud deseable o aprobada públicamente, especialmente aquella cuya vida privada, opiniones o declaraciones, desmienten sus declaraciones públicas. ¿Alguien más piensa en “políticos” o “celebridades” al leer la definición?

Según un equipo de investigación de la Universidad del Sur de California (USC), la hipocresía comprende uno de los siguientes tres comportamientos:

1. Los estándares de doble moral ocurren cuando una persona es vengativa acerca de un acto ofensivo percibido de otra persona; sin embargo, muestra poca vacilación o culpa al hacer exactamente lo mismo. (Ejemplo: cerrarle el paso a alguien en el tráfico.)

2. La duplicidad moral es generalmente la que usamos para definir el acto. La duplicidad moral es cuando alguien dice ser honrado en sus motivos, pero esto se sabe que es una completa falsedad. (Ejemplo: un político que cita puntos de vista neutrales sobre un tema, a pesar de una evidencia indiscutible de lo contrario).

3. La debilidad moral es el tipo de desconexión cognitiva en el que las creencias o las costumbres de una persona, son superadas por su falta de autocontrol. Por lo tanto, participan en el acto sabiendo que está mal. (Ejemplo: un miembro del clero que toma un voto de celibato y luego se involucra en actos sexuales.)

Existen “de hipócritas a hipócritas”

Si somos honestos con nosotros mismos, la mayoría de nosotros hemos sido hipócritas en ciertos momentos y como en las mentiras “necesarias” que a veces nos vemos orillados a decir, pensamos que esto también, a veces nos orilla a ser “necesariamente”. ¿Esto nos convierte en un hipócrita de buena fe? No. Al menos, a una persona razonable no debería de convertirla en un hipócrita de esa naturaleza.

Todo es cuestión de proclividad y frecuencia. En otras palabras, ¿la persona realmente vive como un hipócrita, mentiroso, degenerado o manipulador? ¿Pueden definirse como tales? Ese es el punto de referencia. “Atrapar” a alguien haciendo algo que se percibe como hipócrita, puede no justificar el etiquetado con el título de “hipócrita”.

Tal vez el mejor curso de acción es usar nuestro mejor juicio (incluyendo la comprensión de la situación). Y cuando sea posible, apropiado y ético, permanecer discretos. No ser la fuente de los chismes de la oficina, por ejemplo.

Conductas de las personas hipócritas que los dejan al descubierto

Sin embargo, todos sabemos que la hipocresía, a niveles enormes, hace ya a una persona candidata para ser etiquetada justamente como, “hipócrita”, y algunas veces no nos damos cuenta de ello. Aquí hay 7 comportamientos, creencias y tendencias de las personas hipócritas que pueden revelar su verdadera identidad:

1. Intenta castigar a alguien “señalándolo” por cualquier falta

Si su hipocresía ha cruzado la línea, tú – actuando en buena conciencia – les notificas de eso para que se den cuenta. En lugar de que la persona admita la culpa y se disculpe, tú eres reprendido y menospreciado. Tal vez el hipócrita irá un paso más allá e intentará humillarte públicamente.

2. Aura de condescendencia y superioridad

El nivel de arrogancia y superioridad de un hipócrita, está en el límite del narcisista. Dirígete a ellos equitativamente, y probablemente te irás sintiendo como un estudiante que acaba de ser reprendido por el maestro. Ellos (directa o indirectamente) se burlan de tu intelecto, madurez (irónico), o la estabilidad.

 

3. Las reglas no se aplican en las personas hipócritas

Pero esas reglas son muy aplicables a otros. Al igual que el famoso gánster Al Capone, los hipócritas están “por encima de la ley”. Su sentido innato de derecho, les excusa para actuar como les plazca. Como otros son inferiores, las reglas deben usarse para mantenerlos controlados.

4. Excusas, mentiras y más de lo mismo

Predeciblemente, los hipócritas son prolíficos (a menudo patológicos) fabricantes de excusas y mentirosos. La verdad, no importa cuán convincente sea la evidencia, no les preocupa. Si observas cualquier procedimiento en la sala de audiencias en la televisión, seguramente serás testigo de que un hipócrita / narcisista dice bruscamente alguna mentira audaz – y delante de un juez. Delante de alguien que puede llevarlos a la cárcel.

Los hipócritas tienen excusas para todo. Encontrará que pasan mucho más tiempo excusando su comportamiento y nunca realmente lo hacen para mejorarlo. En lugar de disculparse o admitir la culpa, simplemente ignoran la realidad y argumentan con evidencia sólida cuando se enfrentan con ella. Los supervivientes a este tipo de personas con esta patología, también notan a menudo que a ellos les parece disfrutar de la emoción de mentir. A veces parece que han plantado evidencia que realmente les permite atraparlos. Mienten incluso cuando con decir la verdad basta. ¿Por qué? Porque engañar a otros es lo que hacen. Es el único punto culminante de sus vidas, de otra manera serían insufriblemente aburridas.

5. “Haz lo que digo, no como yo lo hago.”

Sus acciones nunca parecen coincidir con sus palabras encantadoras. Tienen expectativas muy altas en ti, pero no parecen seguir esos estándares. Se les permite ir a cenar con su “loco/a” ex que está “todavía enamorado” de ellos, pero te aplicará la “llave del silencio” si quieres salir con tus amigos.

6. Siempre jugando a la víctima

Muchas personas hipócritas darán excusas por su mal comportamiento. A menudo, estas historias están hechas con un efecto dramático para ganar la simpatía de los demás. Insistirán en que odian el drama y, sin embargo, son probablemente la persona más dramática que hayas conocido.

7. No es (y nunca será) su culpa

No importa cuán desagradable sea el comportamiento, cuan audaz es la mentira, qué impulsivo es el acto, nunca es culpa del hipócrita. Y replicando, el falso puede incluso sacar tus viejos errores (reales o percibidos), en un esfuerzo por justificar sus acusaciones (que de hecho, no les importa, de todos modos).
Conclusión

Los hipócritas pasan la vida engañando, traicionando y haciendo trampa a tus espaldas o de frente. Pero a pesar de este patrón repugnante de comportamiento, todavía se sienten con derecho a señalar (o inventar) los errores más pequeños en los demás, y ellos los señalarán repetidamente, para negar y excusar todas sus acciones horribles.

Como resultado, pasarás cada vez más tiempo tratando de probar tu ética a la persona más antiética en el planeta. Terminas encima de sentirte culpable por llegar cinco minutos tarde a una cita (hace meses), mientras que alegre, esta persona, te engaña con otro hombre o mujer, por ejemplo.

Si las escalas morales en tu vida parecen estar sesgadas más allá de todo reconocimiento, es probable que hayas encontrado un hipócrita patológico o un psicópata. No hay mucha diferencia. Esta conducta, que puede ser parte de todos de manera superficial, es crónico y enfermizo en este tipo de personas. Si estás con una persona así, no dudes en que debes retirarte de esa relación que nunca tendrá ni pies ni cabeza y te agotará toda la energía.

 

La vida te invita a parar…

En algún momento en la vida llega ese día en que estás un rato a solas, contigo. A solas de verdad. Sin más interrupción que tus propios pensamientos ni más demora que la de acabarte ese café para poder cerrar los ojos y notarte la piel… Llega porque lo has estado postergando mil años y ya te toca. Llega porque te lo mereces y ya no te basta con buscarte a pedazos, te necesitas por entero.

Si no propicias tú este momento, si no te das cuenta de que la vida te llama a parar y sentir, no te preocupes, lo hará ella sola. Encontrará la forma de que te pares, te calles, te rompas, te desgajes y tengas que quedarte a solas contigo mismo y decirte lo que tienes pendiente. La vida buscará el camino para que pares en tu camino y te notes las puntas de los dedos de los pies y te preguntes para qué andas. Buscará la forma de que te sientes y te preguntes a dónde vas… Buscará la forma de que te acurruques a ti mismo y llores si almacenas llanto y te rías si te quedan risas pendientes. La vida es tan eficaz haciendo que lo que tienes pendiente pase… Haciendo que lo que evitas suceda…

A veces, lo hace a golpe seco y otras como el río que remolonea buscando un mar que no se deja, que parece que no llega, que no se deja amar ni besar. Todo llega, siempre. A veces no es como lo imaginabas. Otras es exactamente igual pero al abrazarlo notas que ya no tiene tanto sentido. En ocasiones, aparece desgastado y opaco… Aunque siempre, siempre es mejor de alguna forma…

La vida te para o te paras tú antes de que lo haga la vida. Si escoges la segunda opción, cuando notas las señales y lees en tus ojos que te necesitas de verdad, que te buscas para sincerarte y tener esa conversación pendiente contigo, todo es más fácil. Tú eliges cómo parar y bailas. Tú escoges el rincón donde a quedarte quieto y la posada donde vas a contarte historias. La vida te invita a parar y tienes que aceptar la invitación para encontrarte y volver a ella con más ganas, con más serenidad, con más paz…

A veces, para cambiar de vida no hace falta dejar la antigua del todo. Sólo es necesario soltarla, estar dispuesto a pensarla de otro modo, a vivirla con otro ritmo, a buscar la coherencia en cada palmo que la habita y desechar lo que ya no te pertenece. No hace falta lanzarlo todo por la ventana, pero hay que estar dispuesto a ello si es necesario… 

Al final, lo nuevo siempre te cuesta lo viejo, lo caduco, lo que ya no tiene sentido… Hay que dejar hueco para que lo que deseamos llegue a nosotros y ese hueco es sobre todo mental y emocional… El espacio físico siempre es una consecuencia de permitirnos vaciar por dentro, soltar los pensamientos que ya no nos definen y las creencias que ya no queremos que nos limiten.

Y una vez a solas, háblate en serio. Sé pura compasión pero pura verdad. Sé amor pero también firmeza…

Quedarte con tus miedos y decirles basta. No para que se vayan (que sería maravilloso) sólo para que no muerdan. Quedarte con tus pensamientos y mirarlos desde fuera y ver que no son tú y que están ahí para recordarte que a veces no te valoras suficiente, que todavía estás aprendiendo a amarte y se te escapan pequeñas cosas. Quedarte con tus emociones y sentirlas, ver qué te cuentan y soltar cuánto puedas…

Y decir las cosas por su nombre. Y hablarte claro. Y encontrar ese miedo tan intenso que se oculta detrás de esos pequeños miedos sin sentido que son todos el mismo disfrazado de torpeza, de desgana, de angustia, de enfado, de rabia, de resentimiento, de pereza…

Y no culparte por nada. Sin reproches, sin medias tintas… Para que vayas a tope contigo. Cuando aciertas y cuando fallas. Porque todo, absolutamente todo es material valioso para seguir y crecer. Para levantarse y caminar .

En algún momento tienes que quedarte a solas contigo para darte cuenta de que le pongas el nombre que le pongas a tus metas tu destino es amarte y confiarte la vida.

En algún momento vas a tener que recordar qué te trajo aquí y descubrir si te sigues a ti mismo o tu sombra.

Para enderezar el camino si te has perdido o sencillamente seguir por el camino que parece equivocado a ver a dónde te lleva… Porque tal vez ese error pendiente es sea muy necesario para recordar quién eres y darte cuenta de hacia dónde deseas ir de verdad.

Tal vez ha llegado ese momento. La vida te invita a parar ¿aceptas?

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RESPETO

RESPETO

Actitud que reconoce y aprecia el valor y la dignidad de los demás y les trata de acuerdo con ese valor “La actuación propia de un buen ciudadano contempla cinco actitudes sociales: el altruismo optimista, la responsabilidad social y política, el respeto, la lealtad, la justicia” (Del vídeo: “¿En qué consiste el aprendizaje de la competencia cívica?”, Parlamento de Navarra) Sin duda la palabra respeto es una de las más presentes en el ámbito educativo. Desde muy pequeños se nos decía que hay que respetar las cosas, los horarios, las normas, el entorno, a uno mismo y sobre todo, que hay que respetar a los demás. Pero damos por hecho que todo el mundo entiende lo que significa respetar. A juzgar por el comportamiento generalizado de muchos chicos y chicas (y también de muchos adultos) no sería una pérdida de tiempo dedicar algunas reflexiones a la importancia capital y a la necesidad urgente de fomentar el respeto como actitud educativa básica. Notamos, en efecto, que hay muchos niños y adolescentes insensibles, fríos, incluso despectivos hacia los mayores o hacia los mismos compañeros (especialmente de edad inferior a la propia). Esto es bien visible en la escuela, en la calle y en el propio hogar. Los adultos ven cómo un grupo de muchachos ni se apartan cuando alguien quiere pasar, o no saludan, o gritan palabras vulgares para hacerse notar, o lanzan miradas altaneras en señal de reto. Bromas pesadas, juegos peligrosos, imágenes pornográficas, abusos del móvil, de los videojuegos o del i-pod, se han convertido en algo “normal” en hogares y escuelas, donde padres y maestros llegan a sentir miedo de sus hijos o alumnos.

Es triste ver a muchachos que luchan por ocupar los asientos del tren o del autobús, sin ninguna deferencia hacia personas ancianas o más necesitadas, o que arrojan papeles y objetos al suelo sin el menor cuidado hacia la limpieza pública o el posible daño que otros puedan sufrir. Es muy elocuente pasearse un sábado por la mañana por los lugares donde la noche anterior ha tenido lugar un “botellón”. El punto de partida es la dignidad de la persona Respetar es una actitud que reconoce y aprecia el valor y la dignidad de los demás y les trata de acuerdo con ese valor. Se extiende también al entorno, a la propiedad de los demás. Comienza con la consideración del otro como persona, como alguien valioso en sí mismo y con los mismos derechos fundamentales. También nos debemos respeto a nosotros mismos, en cuanto personas, y debemos tratarnos a nosotros mismos de acuerdo con nuestra dignidad. Reconocer en los demás su dignidad como personas y no dejar espacio a la ofensa y el menosprecio o a las manifestaciones discriminatorias supone el inicio de un camino hacia una sociedad más acogedora, pacífica y justa. El respeto en el fondo es la “regla de oro” de la convivencia: es tratar a los demás como deseas ser tratado, querer para los demás el bien que quieres para ti. Porque el otro es como yo, una persona, y una persona no debe ser nunca tratada como medio con vistas a otra cosa o persona. Utilizarla, manipularla o servirse de ella como si fuese un objeto sería menospreciarla. Además, el amor a las personas supone siempre el respeto. No podemos amar verdaderamente a nadie si no le respetamos. En ocasiones se confunde el respeto con otras actitudes que nada tienen que ver con él. El respeto no es: • Sumisión, sino madurez para saber valorar a los demás y las cosas de nuestro entorno. A veces nacerá de la obediencia, pero ha de convertirse en criterio propio, en lucidez y serenidad, en amabilidad, responsabilidad, estabilidad y firmeza. • Indiferencia; la indiferencia implica ausencia de sentimientos, no valora a la otra persona como igual, muchas veces ni siquiera la valora en absoluto. • Omisión; el respeto es activo, intenta construir desde la acogida, la aceptación y el diálogo, no es un mero “no dañar”, “no ofender”, “no hacer”. • Timidez o temor, porque con frecuencia se oculta bajo la apariencia de respeto el sentimiento de miedo, y los timoratos no construyen la paz ni la buena convivencia. Tampoco es lo mismo que la mera tolerancia: No es lo mismo decirle a alguien “te respeto” que decirle “te tolero”. Se tolera algo o a alguien que se considera malo, pero se le soporta o aguanta como mal menor. El respeto es reconocimiento positivo del valor de alguien. Eso no significa darle la razón si no la tiene. Se puede y se debe corregir, con la debida delicadeza, a quien se halla en el error. Cualquier sociedad y grupo precisan de un conjunto de reglas. Pero una convivencia pacífica no se consigue sólo con el cumplimiento de normas o leyes. El respeto tiene que salir de dentro; es contrario al egoísmo y requiere, para ser auténtico y fecundo, una serie de condiciones: * Ha de ser sincero y surgir libremente, pues en su vivencia no cabe la hipocresía; un respeto impuesto no se consolida, acaba por estallar. * Ha de llegar a ser espontáneo, fruto de ideas claras y de hábitos bien arraigados, sin necesidad de grandes reflexiones teóricas y de tensiones internas. * Ha de buscar el diálogo y suscitar amabilidad, pues la cerrazón, la intransigencia y la sinrazón sólo conducen al conflicto y a la violencia. Algunas actitudes que dificultan la educación en el respeto, y que es bueno que sepamos detectar y corregir a tiempo, son, entre otras, la soberbia y la prepotencia, la envidia, el miedo, la intolerancia, el permisivismo o el autoritarismo. En casa y en la escuela El respeto se aprende sobre todo en casa. La educación en el hogar tiene un valor insustituible para que el respeto se convierta en norma de vida de los hijos desde los primeros años. Hay hogares en los que los padres saben promover este valor esencial. A veces interviene el padre para corregir cualquier abuso o palabra disonante. Otras veces es la madre quien ofrece una indicación clara y la hace respetar… es muy importante que los dos juntos vaya a una, se apoyen en su tarea educativa para ayudar a sus hijos a ser capaces de auto controlarse, a ser disciplinados y respetuosos. Y una primera condición es que sean ejemplo de este valor: que habitualmente se muestren respetuosos con las demás personas, entre sí y con sus hijos. Desde la familia, con el apoyo de la escuela, es preciso empeñarse en formar niños y adolescentes respetuosos, dueños de sí mismos, sensatos, preparados para la vida en sociedad. Porque sabrán acoger con respeto a todos, porque serán capaces de vivir de modo armónico con los iguales y los distintos, con los grandes y los pequeños, con los sanos y los enfermos, con los que piensan lo mismo y con los que tienen ideas diferentes. Enlace sobre el valor cívico del respeto Parlamento de Navarra: Actividad sobre el valor del respeto (1º-3º ESO) UNA PEQUEÑA HISTORIA Érase una vez… un chico con mal carácter. Siempre hay alguno así, de esos que siempre están quejándose, gritando, protestando y recriminando a los demás su comportamiento cuando a él no le gusta. A veces golpean, y casi siempre humillan a los otros, lo cual duele más que una bofetada. Su padre le dio un saco de clavos y le dijo que clavara uno en la verja del jardín cada vez que perdiera la paciencia y se enfadara con alguien. Él lo pensó bien y vio que su padre tenía razón. Tenía que cambiar. El primer día clavó 37 clavos. Durante las semanas siguientes se concentró en controlarse y día a día disminuyó la cantidad de clavos nuevos en la verja. Había descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos. Finalmente llegó un día en el que ya no clavaba ningún nuevo clavo. Entonces fue a ver a su padre para explicárselo. Su padre le dijo entonces que era el momento de quitar un clavo por cada día que no perdiera la paciencia. Los días pasaron y finalmente el chico pudo decir a su padre que había quitado todos los clavos de la verja. El padre condujo a su hijo hasta la verja y le dijo: «-Hijo mío, te has comportado muy bien, pero mira todos los agujeros que han quedado en la verja. Ya nunca será como antes. Cuando discutes con alguien y le dices cualquier cosa ofensiva le dejas una herida como ésta. Puedes clavar una navaja a un hombre y después retirarla, pero siempre quedará la herida. A pesar de las veces que le pidas perdón -y debes hacerlo siempre-, la marca de la herida permanecerá. Una herida provocada con la palabra hace tanto daño como una herida física.» Y por eso también es importante saber olvidar las ofensas que se nos hicieron. Pero olvidarlas de verdad, para no volver a utilizarlas nunca como reproche cuando nos volvamos a sentir ofendidos. Porque entonces las heridas vuelven a abrirse. Los amigos son joyas raras de encontrar. Están listos para escucharte cuando tienes necesidad. Te sostienen y te abren su corazón. Cuídalos. Enseña a tus amigos cómo les quieres… y les respetas. Evita humillarles y quedar tú por encima. Respétalos siempre, aunque no debas darles la razón cuando están en el error. Discrepa sin herir. Son personas, como tú. Piensa a menudo cómo te sentirías tú en su lugar. Y obra en consecuencia. Pero no se trata sólo de los amigos… Hay más gente en el mundo, a la que le afecta, para bien o para mal, lo que hacemos y decimos. Hay una regla de oro, un principio moral básico que sirve para actuar con respeto: TRATA A LOS DEMÁS SÓLO COMO DESEAS SER TRATADO. Es en realidad una forma de decir: Respeta, respeta, respeta… Trata a los demás como personas. El texto que acabas de leer trata de algunas cuestiones que tienen que ver con la convivencia. Es una narración sencilla, a la que sigue una reflexión, de la que sería muy bueno que sacaras tus propias conclusiones y aplicaciones prácticas para la vida. Después de hacer una lectura personal, reflexiona sobre el contenido y subraya las palabras e ideas principales (tendrás para esto un poco de tiempo), que sin duda te ayudarán a contestar las preguntas que se hacen a continuación, las cuales tienen como finalidad comprobar que has comprendido el contenido del texto, y que eres capaz de sacar tus propias conclusiones de forma razonada e inteligente. Si lo haces bien, puedes subir la nota de clase, por supuesto. Pero lo mejor de todo sería que sacaras conclusiones para tu vida… y que los demás lo noten en tu manera de ser y de convivir.

 

IMÁGENES CON MENSAGE …

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