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Analfabetismo emocional:

 

Analfabetismo emocional: cuando a nuestro cerebro le falta corazón

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

30 mayo, 2019

 

 

Son muchas las personas que sufren analfabetismo emocional. Son hábiles en el dominio de múltiples competencias, disponen de un sinfín de títulos y maestrías, pero hacen la misma gestión emocional que un niño de tres años. Ese aprendizaje no viene de fábrica y es lo queramos o no, una asignatura pendiente a la que deberíamos dedicar más recursos…

La mayoría de nosotros sabemos cuáles son los principios de una buena salud física, a saber: una alimentación equilibrada y lo más natural posible, algo de ejercicio, dormir cada noche entre 7 y 9 horas y realizarnos revisiones médicas periódicas para asegurarnos que todo va bien.

«Cuando escuchas con empatía a otra persona, le das a esa persona aire psicológico».

-Stephen R. Covey-

Sin embargo, si hay algo que descuidamos casi de forma alarmante es eso que se contiene entre nuestros oídos: el cerebro. Ahora bien, no nos referimos a ese conjunto de células nerviosas, estructuras y circunvoluciones. Hay que centrar la atención en los indicadores de nuestra salud emocional, es decir, en esa capacidad para sentir la vida y nuestras relaciones, en el estado de esa facultad para entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos…

El ser humano es mucho más que una serie de competencias lingüísticas, matemáticas o tecnológicas. Somos, por encima de todo, seres sociales y emocionales, dimensiones estas que quedan a menudo descuidadas, y hasta infravaloradas en las instituciones educativas. Porque, admitámoslo, de poco nos va a servir saber resolver una ecuación de segundo grado si somos incapaces, por ejemplo, de comunicarnos con eficacia y de empatizar con aquellos que nos rodean.

¿Qué es el analfabetismo emocional?

Sabemos que el término «analfabetismo» tiene una connotación negativa. Sin embargo, no podemos llamar de otro modo a una realidad psicosocial más que evidente. Pongamos un ejemplo, en la actualidad se habla mucho de la figura de los líderes transformadores. De personas capaces de dinamizar una organización gracias a su buen manejo de la inteligencia emocional, de la motivación, de su don para producir impacto en los demás y crear entornos donde las personas pueden hacer uso de su creatividad.

En ocasiones se venden ideas que en la realidad, brillan por su ausencia. Así, es bastante común encontrarnos con directivos o líderes empresariales incapaces, no solo de infundir inspiración a los demás, sino con una nula capacidad para controlar sus emociones, su frustración, su enfado… Son como niños de 3 años enfadados por no obtener aquello que desean, situados por completo en ese pensamiento egocéntrico definido por Piaget en su momento.

Veamos no obstante, qué dimensiones caracterizan el analfabetismo emocional.

  • Incapacidad para entender y manejar las propias emociones.
  • Dificultad para comprender las de los demás.
  • Esa falta de autoconciencia emocional los sitúa a menudo en terrenos muy sensibles. Reaccionan de forma desmedida ante cualquier problema, se sienten agobiados y superados ante cualquier dificultad, sea pequeña o grande.
  • No empatizan, son incapaces de situarse en la mirada ajena, de comprender realidades diferentes a la suya.
  • Sus habilidades sociales son muy rígidas y aunque en ocasiones pueden desenvolverse, les falta sensibilidad,asertividady esa cercanía auténtica con la que crear lazos significativos y no solo relaciones motivadas por el interés personal.
  • Por otro lado, los costes del analfabetismo emocional pueden ser enormes: pensamiento polarizado, represión, racismo o sexismo, narcisismo, necesidad obsesiva por tener la razón…

Asimismo, hay un dato no menos importante que conviene recordar. El analfabatismo emocional, es decir, esa falta de recursos psicológicos y mecanismos emocionales con los que manejar mejor dimensiones como la tristeza, la rabia, el miedo o la decepción, nos hace a su vez mucho más vulnerables a una serie de trastornos mentales.

Así, condiciones como la depresión o los estados de ansiedad crónica son muy comunes en perfiles con poca o nula habilidad para gestionar mejor esos estados internos.

La importancia de educar en Inteligencia Emocional

Sabemos que es ya como un eslogan: «hay que educar en Inteligencia Emocional», debemos entrenarnos en estas habilidades, ser más aptos en materia de emociones. Lo hemos oído hasta la saciedad, hemos leído libros, hemos hecho cursos y decimos que sí con la cabeza cada vez que se nos recuerda la importancia de tener una mayor competencia en esta habilidad.

Sin embargo, las lagunas siguen existiendo. Así, y aunque en algunos currículums educativos de ciertas escuelas ya aparece este objetivo, no podemos pasar por alto algo igual o más importante. Antes de que maestros y profesores entrenen a los niños en el dominio de sus pensamientos y emociones, también ellos deberían ser entrenados previamente.

«Tu intelecto puede confundirse, pero tus emociones nunca te mentirán»

-Roger Ebert-

A menudo, nosotros mismos llegamos a nuestra etapa adulta con un mundo de inseguridades. También nosotros nos levantamos cada día conscientes de que nos faltan herramientas para dominar nuestras emociones, así como ciertas habilidades para encarar mejor la adversidad. De este modo, si no empezamos en primer lugar por nosotros mismos haciendo autoconciencia de nuestro analfabetismo emocional, difícilmente tendremos ese talento para motivara los más pequeños, para entrenarlos en empatía, asertividad o en habilidades sociales…

Una buena «alfabetización emocional» nos dota de grandes beneficios. Así, algo que aprenderemos en primer lugar es que cada emoción tiene su espacio y su utilidad, que diferenciar entre emociones «negativas» y «positivas» no siempre es acertado, porque en realidad, esos estados que a menudo tanto evitamos sentir como es la tristeza o la decepción, tienen sus espacios de conocimiento, su utilidad y su valioso significado.

De las emociones por tanto no se huye, se encaran para saber qué quieren decirnos. Es un modo sensacional de autoconocimiento que nos dota de fortalezas, que ofrece a nuestra mirada un prisma más amplio… a la vez que flexible. Por tanto, no apartemos o despreciemos la necesidad de estar «al día» en materia de emociones. Atendamos a esos mundos interiores donde saber reconocer, expresar, gestionar y transformar esos sentimientos para que fluyan siempre a nuestro favor y no en nuestra contra…

Fragilidad emocional: claves para comprender y fortalecer el «yo»

La fragilidad emocional nos deja sin recursos para afrontar la adversidad y para gestionar nuestros sentimientos de forma inteligente. Porque la fragilidad no tiene nada que ver con la sensibilidad emocional, es su lado opuesto y el más complejo.

 

Valeria Sabater

   

Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005 y Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia). Número de colegiada CV14913. Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED.

Valeria Sabater ha trabajado en el área de la psicología social seleccionando y formando personal. A partir del 2008 ejerce como formadora de psicología e inteligencia emocional en centros de secundaria y ofrece apoyo psicopedagógico a niños con problemas del desarrollo y aprendizaje. Además, es escritora y cuenta con diversos premios literarios.

 

 

 

 

LAS TRECE ROSAS…

¿Quiénes fueron las ‘Trece Rosas’?

Las “Trece Rosas” fueron trece mujeres de entre 18 y 29 años fusiladas contra la tapia del cementerio de la Almudena (Madrid) en la madrugada del 5 de agosto de 1939.

Las “Trece Rosas” fueron trece mujeres de entre 18 y 29 años fusiladas contra la tapia del cementerio de la Almudena (Madrid) en la madrugada del 5 de agosto de 1939, debido a su militancia en la organización Juventudes Socialistas Unificadas y su defensa de la legalidad republicana tras el fin de la Guerra Civil Española.

Antes de ser condenadas a muerte por un Consejo de Guerra bajo la acusación de un delito de “adhesión a la rebelión”, las trece jóvenes habían sido conducidas a instalaciones policiales, donde se les torturó para obtener información sobre otros miembros de la organización clandestina, y más tarde, recluidas en el centro penitenciario de mujeres de Ventas, en Madrid, donde aguardaron hacinadas durante meses un desenlace que se intuía dramático.

Fue el asesinato de Isaac Gabaldón, comandante de la Guardia Civil, a manos de tres militantes de la JSU en la noche del 29 de julio de 1939 lo que dinamitó la punición de todos los miembros detenidos anteriormente, entre los que se encontraban 14 mujeres, de las cuales solo una se salvó de la sentencia. 48 horas después de su dictamen, las trece restantes fueron trasladadas en un camión a 500 metros de la prisión y ejecutadas por un pelotón de fusilamiento, quedando para la historia como las “Trece Rosas Rojas” y cumpliendo así con el ruego de una de sus misivas de despedida.

Sus nombres eran Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brissac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.

 

Carta de una hija a su madre, Con ALZHEIMER…

Carta de una hija a su madre.

Siento que no recuerdes mi cara… Siento que no sonrías como antes… Siento que tus días a veces sean sombríos… Siento que algunas noches tengas miedo… A pesar de que te tomo de la mano… Siento que no puedas contarles tus cuentos a tus nietos… Siento que no llegues a realizar aquel viaje que tanta ilusión te hacía… Siento que dejes el último libro a medias… Siento que me mires y no me veas… Me duele que poco a poco dejes de ser quien fuiste… Me duele que olvides lo que un día aprendiste y me enseñaste… Me duele solo poder hacerte compañía y aun así que te sientas a solas… Me duele no verte sonreír cuando me ves… Me duelen tantas cosas que a veces me duele el alma.

Lucho cada día por ti, por mí… Lucho ante la impotencia de no admitir que poco a poco te vas… Lucho porque comas, que lleves el pelo como siempre te gusto…. Lucho porque camines y leas, aunque sea aquellos cuentos que tú me leías cuando era niña… Lucho porque no dejes de ser tú misma…. Lucho por no perderte tan deprisa.

Perdóname si muchas veces te riño con o sin motivo…. Perdóname si olvido que tú olvidaste que hoy es mi día…. Perdóname si te fuerzo más de lo que debo… Perdóname si te pido que me mires,… Perdóname si te pido que me oigas…. Perdóname si te pido que me llames por mi nombre, ese nombre que tú me pusiste… Perdóname por mi egoísmo a no aceptar el destino, nuestro destino… Perdóname por tener que decidir por ti.

Gracias por darme la vida, por amamantarme… Gracias por cuidarme cuando me subía la fiebre y lloraba sin parar o sin motivo… Gracias por llevarme de paseo, por acompañarme el primer día al cole… Gracias por recogerme y cruzarme para que saliese a jugar con los amigos… Gracias por hacerme mi plato preferido, por salir temprano a comprar el pan tierno y ponerme el bocadillo… Gracias por tratar que nunca me faltase al menos lo imprescindible… Gracias por decirte mil veces no a ti misma en vez de mí… Gracias por curarme las heridas… Gracias por tus cálidos y fuertes abrazos y besos.

Recordaré tus miradas cómplices… Recordaré tu interés por encauzar mi futuro… Recordaré la tibieza de tus manos… Recordaré las historias que me contabas… Recordaré que me llevas, que te llevo en mi corazón.

Me sentiré orgullosa de llevar tus apellidos… Me sentiré orgullosa de que por mis venas fluya la misma sangre… Me sentiré orgullosa por lo que fuiste, por lo que eres… Me sentiré orgullosa de ser parte de ti y pasaré el relevo.

Te perdono tus insultos, tus rabietas, tus amenazas… Te perdono las noches en vela… Te perdono porque tú me enseñaste a perdonar.

Me has enseñado mucho, todo… Me has enseñado a ser paciente, humilde, optimista… Me has enseñado el verdadero sentido de un nuevo día… Me has enseñado a no culpar a nadie, porque nadie tiene la culpa de lo que ocurre, nos ocurre… Me has enseñado a respetar la vida y no tener miedo a la muerte… Me has enseñado a quererte, no por lo que fuiste sino por lo que eres.

Cada día es un día menos para ti… Para que dejes de sufrir. Cada día es un día menos para mí… Para decirte que te extrañaré, pero no te olvidaré. Estés donde estés, aquí, O si tal vez ya no estás aquí… Quiero que sepas que aunque entre nosotros hubo enfados, quedaron olvidados, solo recuerdo lo bueno. Lo demás quedo olvidado.

TE QUIERO, aunque a veces no te lo llegase a decir… TE QUIERO, ahora, antes y siempre.

TE AGRADEZCO, que a pesar de todo lo que hayamos sufrido y nos queda por sufrir yo haya aprendido a cerrar mis ojos y mirarme por dentro, a reflexionar, a contener las prisas, a caminar despacio junto a ti en tus paseos…

MI BELLA MADRE, ERES Y SERAS POR SIEMPRE… “UNICA”…BENDICIONES Y SALUD PARA TI…

Gracias.

#PorEllosValeLaPenaLuchar

 

Maneras de enfrentar la adicción a las drogas; hay diferentes niveles de tratamiento

Maneras de enfrentar la adicción a las drogas; hay diferentes niveles de tratamiento

El éxito para salir del círculo dañino de la drogadicción está en recibir atención oportuna y apropiada

 

La adicción al alcohol y otras drogas afecta de manera radical a las personas que la padecen, a sus seres queridos, a su economía y por supuesto a su rendimiento laboral o escolar. Las adicciones no surgen repentinamente, son una enfermedad que se genera por diferentes factores y se agrava con el tiempo.

 

Para entenderlo se puede comparar con el cáncer, el cual en sus etapas iniciales puede ser asintomático o manifestarse a través de pequeñas molestias que frecuentemente son minimizadas por las personas. Cuando estas molestias se atienden a tiempo la enfermedad puede ser detectada, tratada y curada, sin embargo, si se deja avanzar, el problema genera molestias imposibles de ignorar y su tratamiento generalmente conlleva métodos invasivos que no siempre garantizan la remisión de la enfermedad.

Regresando al tema de las adiciones, existen diferentes niveles de tratamiento clínico de acuerdo con el grado de severidad del problema. Oceánica cuenta con una clínica ambulatoria en Ciudad de México capaz de atender a personas que no tienen una adicción crónica. Es decir, pueden tratar la problemática de la adicción sin internarse y, en consecuencia, interrumpir su vida cotidiana.

Platicando con el equipo de especialistas de esta sede, pudimos conocer más sobre las características y beneficios de este modelo de tratamiento que fue adaptado a nuestra cultura y que ha sido aplicado exitosamente en países asiáticos y otras naciones como España y Estados Unidos.

¿Cuáles son las características de este tratamiento ambulatorio y por qué conviene sobre otras opciones disponibles en México?

El modelo ambulatorio de Oceánica está basado en evidencia científica, es decir, utiliza métodos que han sido probados previamente. La principal cualidad del modelo ambulatorio es que enseña a los pacientes a enfrentar el problema que tienen sin que se separen de su vida cotidiana. Se trata de aprender a vivir en las circunstancias presentes por medio de un trabajo terapéutico que impacta positivamente las diferentes áreas de su vida.

¿Qué distingue a Oceánica de otras alternativas de tratamiento?

Tenemos programas de atención para adolescentes y programas específicamente dirigidos a la familia. Además, nos preocupamos por acompañar a las personas proporcionándoles diferentes actividades complementarias a la terapia médica y psicológica, lo que crea en nuestros pacientes la sensación de acompañamiento y apoyo que es difícil encontrar en otros espacios.

¿Es accesible este tratamiento?

Anteriormente, Oceánica se había concentrado solo en el tratamiento residencial de las adicciones. Con la clínica de tratamiento ambulatorio, nuestra oferta terapéutica se ha ampliado, volviendo mucho más accesible el tratamiento.

¿Qué mensaje darías a las personas que se encuentran en una situación complicada derivada del consumo de drogas o alcohol?

Sin importar lo difícil que parezca, siempre hay una salida y es posible volver a tener una vida plena, una vida “que valga la pena vivir”, como dice nuestro lema.

¿Cómo pueden contactarlos?

Los asesores de salud de Oceánica ofrecen orientación en el 55 5615 33 33 en la Ciudad de México, por Whatsapp al 55 40 88 65 10 o directamente en el sitio web en oceanica.com.mx. También pueden seguirnos en redes sociales, por Twitter en @oceanicamexico, Facebook en /OceanicaMexico e Instagram en @oceanicaclinica.

 

 

Un adicto afecta a todo su sistema familiar

Un adicto afecta a todo su sistema familiar

Aunque no hay bebedores de manera adictiva en la familia nuclear, los comportamientos de aquel abuelo o abuela farmacodependiente han sido trasmitidos de generación en generación!

Cuando los niños se desarrollan en una familia donde existe adicción a sustancias llamadas drogas o alcohol en alguno de los padres, se generará un sistema disfuncional en la familia interrumpiendo su sano desarrollo. La diferencia entre una familia funcional y una disfuncional, es que una familia donde existe una adicción limitará, ejerciendo control de las acciones y emociones de los integrantes. La familia funcional por su parte, permite que cada miembro de la familia tenga libertad de expresión y crecimiento.

Muchas personas que crecen en familias donde existe alcoholismo, ven la dinámica de beber alcohol en exceso como algo normal, ya que toda la familia abusa del alcohol y solamente se relacionan con otras familias que beben alcohol de manera similar.

Cuando el alcohólico ha dejado de consumir alcohol o drogas, a pesar de estar en abstinencia, la familia sigue funcionando como una familia alcohólica, ya que, si la familia se mantiene sin un proceso de tratamiento, el comportamiento familiar adictivo seguirá existiendo.

Abuelo o bisabuelo alcohólico

Otro factor a considerar es si en el sistema familiar el abuelo o bisabuelo fue alcohólico o farmacodependiente activo. Aunque no hay bebedores de manera adictiva en la familia nuclear, los comportamientos de aquel abuelo o abuela farmacodependiente han sido trasmitidos de generación en generación y la familia continúa actuando de manera disfuncional. Muchos hijos provienen de este tipo de familias y les cuesta trabajo comprender y aceptarlo, ya que sus padres siendo la segunda generación no bebían alcohol, y puedan llegar a pensar que solamente de esta manera es aprendida. En una familia que, aunque no haya alcohólicos un miembro de esta familia se convierte en alcohólico, y la familia empezará a funcionar como una familia alcohólica.

La diferencia que existe en una familia funcional de una familia disfuncional es que en las familias disfuncionales lo que se lleva a cabo son las normas y no las reglas.

Una regla es algo explícito de lo que se tiene que hacer,  por ejemplo, “en esta casa se come a las 3:00 pm”; y una norma consiste en no acatar la regla a pesar de saberla y en el mismo ejemplo a pesar de saber que la hora de comida es a las 3:00 pm., se viene comiendo a las 3:30, 3:45, a veces hasta las 4:00 pm. Es decir que, aunque existe la regla, ésta no es llevada a cabo, prevaleciendo la norma.

Formas de una familia disfuncional

Rigidez: La familia alcohólica-adicta es inflexible, se resiste al cambio, se le dificulta adaptarse a este no permitiéndole a sus miembros hacerlo.

Silencio: Los miembros de la familia alcohólica-adicta no permiten hablar de lo que está pasando. La palabra “adicción”, etimológicamente proviene de la palabra A que es privativo de: “sin” y “dicción o comunicación” = “Sin comunicación”. Existen obstáculos en la comunicación porque no se habla de lo que pasa, ni de los sentimientos. Esto hace que los niños al crecer tengan dificultad para expresar sus sentimientos. Una de las razones por las que la familia alcohólica-adicta evita la comunicación es porque esto implica un compromiso de cambio, y el cambiar es lo que no desean realizar por estar en una zona de confort.

Negación: La familia niega la existencia de un problema. Los alcohólicos-adictos no quieren cambiar y niegan tener problema con la bebida y/o adicción a otras sustancias y/o actividades p. ej., al juego patológico o ludopatía, al sexo, trastorno alimentario como: comedor compulsivo, anorexia y/o bulimia; sienten no tener que hacer cambios. Los niños viven en una gran confusión, ya que lo que llegan a pensar, ver, y oir se les hace sentir que no es verdad.

Aislamiento: La familia alcohólica es un sistema cerrado en donde no se permite recibir o permear hacia el exterior información con su medio ambiente circundante. Los miembros de la familia alcohólica se aíslan unos con otros y también de su entorno social. Cuando estos niños crecen siguen aislándose y acrecentando más sus sentimientos de tristeza y soledad.

Dificultad en el establecimiento de límites: Este tipo de obstáculos se observan en las familias disfuncionales, ya que confunden restricciones o castigos hacia los demás en lugar de establecerlos para uno mismo, es decir; el límite es de uno mismo, es de la persona que no quiere sufrir y establece el límite de alejarse del dolor. El establecer límites claros y firmes lo confunden con amenazar (una amenaza es aquella que no se cumple) terminan siendo entonces agresivos y es cuando se dan cuenta que los límites que consideraron haber establecidos son puramente amenazas.

Los límites por lo tanto deberán ser claros y firmes no ambiguos y deberán de llevarse con la firmeza con que se ponen.

Entonces los niños que crecen en un ambiente de alcohólicos-adictos aprenden a través de su desarrollo en la familia a seguir en la negación, el aislamiento, la rigidez, en el silencio y con mucha dificultad en establecimiento de límites permitiendo incluso puedan abusar de ellos mismos generando lo que se conoce como codependencia, que con tal de sentirse aceptados en esta estima baja que se tiene de sí mismo, se permite atraviesen la frontera de sí mismos.

El codependiente es una persona que depende emocionalmente de una relación y que por su baja estima buscará sentirse querido y aceptado ayudando a los demás antes de sí mismo. El codependiente se enfoca en estímulos externos para evadir y no sentir su propio dolor. Este problema debe ser tratado y deberá trabajar en psicoterapia para generar un autoconocimiento y aprender a cambiar muchas actitudes de necesidad de controlar a las personas, y a las circunstancias que no dependen de la persona. El codependiente dependerá siempre de lo externo, de rescatar, o salvar de situaciones a las personas para sentir bienestar y solamente cambiando esas actitudes podrá mantener relaciones sanas con los demás estando bien consigo misma. De lo contrario buscará personalidades conflictivas a quien constantemente estará rescatando.

existen diferentes tipos de tratamiento para poderse ayudar:

1. Terapias grupales: ya sea asistir a un grupo de ayuda mutua como los grupos de Al Anón, que son para familiares o amigos de alcohólicos, también pueden ser beneficiados con psicoterapias grupales llevadas a cabo por psicólogos.

2. Psicoterapia personal o individual. Llevada por un Psicólogo

3. Psicoterapias familiares. Psicólogo que es especializado en técnicas de este tipo.

CON VOLUNTAD TODOS PUEDEN SALIR DE CUALQUIER ADICCIÓN, NADIE QUE DEPENDA DE UNA SUSTANCIA TANTO ALCOHOL O CUALQUIER OTRA ES UN MUÑECO PARA ESA DROGA, SE TIENE QUE TENER VOLUNTAD    PARA PENSAR A QUIEN SE LE HACE DAÑO, LAS CONSECUENCIAS, HACIA DONDE TE LLEVA TU VIDA AL DETERIORO DE TU PERSONA, CUANDO ESTÁS METIDO EN ESTO SOLO SIENTES LÁSTIMA DE TI,   Y QUIZAS NO VES QUE LA VIDA TE HA DADO LAS MISMAS OPORTUNIDADES QUE A LOS DEMAS, O QUIZAS A VECES MAS, PERO LAS DEJASTES ESCAPAR POR ESTAR CENTRADO EN TU ADICCIÓN…PERO SE LIBRE AUN PUEDES SALIR AUN PUEDES HACERLO…

OJALA ESTE MENSAJE LLEGARA ALGUNA  PERSONA HABRÍA MERECIDO LA PENA COMPARTIRLO…. 

 

Creo que mi hijo se droga, ¿qué hago?

La adolescencia es un periodo de evolución. A los cambios físicos y psicológicos hay que añadir que se transforma la manera en la que los muchachos y muchachas se relacionan con sus padres y su entorno. Esta época se relaciona también con el momento en que los adolescentes tienen sus primeros contactos con las drogas. El consumo de alcohol, tabaco y otras drogas es un tema que preocupa a los padres, que muchas veces no saben cómo actuar y cómo de grave es el consumo de sus hijos. Hoy en el blog hablamos sobre qué hacer si sospecho que mi hijo consume drogas.

 

¿Cómo saber si mi hijo se droga?

Es muy importante detectar que nuestro hijo o hija consume cuanto antes, no solo por los problemas físicos que se pueden derivar de este consumo, sino también para prevenir el desarrollo de una adicción.

Existen algunas señales que pueden indicarnos que nuestros hijos están consumiendo drogas y son:

  1. Cambios bruscos en el aseo corporal.
  2. Insomnio o pesadillas.
  3. Perdida o ganancia de peso brusca.
  4. Absentismo escolar.
  5. Disminución del rendimiento escolar.
  6. Tendencia a aislarse en su habitación.
  7. Falta de motivación y energía.
  8. Abandono de aficiones e intereses.
  9. Cambios bruscos de humor y nerviosismo.

Como padres, somos las personas que más conocemos a nuestro hijo, por lo que debemos confiar en nuestro instinto de cara a afrontar esta situación.

 

¿Qué hacer si mi hijo se droga?

La comunicación es un factor clave a la hora de prevenir el consumo de drogas de nuestros hijos. Por un lado, una comunicación cercana nos facilitará el darnos cuenta de los primeros consumos; por otro, nos ayudará a afrontar el problema de la mejor forma posible, esto es, con honestidad.

Ignorar el problema, minimizarlo o tener una actitud intrusiva en la intimidad de nuestros hijos -registrando el móvil o los pantalones- no son las mejores maneras de afrontar la situación.

Es recomendable buscar un contexto cómodo para sacar el tema, pasar el día juntos de compras o en un evento que os guste a ambos.

Pueden pactarse restricciones específicas de dinero, espacios o amigos y evaluar si la conducta de nuestro hijo cambia durante este tiempo. En el caso de que así sea, premiar su esfuerzo y reconocerlo. Si, por el contrario, el conflicto persiste es recomendable buscar ayuda especializada.

 

Algunos de los consejos que puedes seguir son:

  • No dejarse llevar por el pánico
  • Afrontar la situación sin dejarla pasar por alto ni banalizarla.
  • Actuar con serenidad y no dramatizar
  • Acudir a un profesional que pueda ayudarte a orientar la situación y asesorarte sobre cómo afrontarla.
  • Habla con tu hijo y escúchale.
  • Se firme a la hora de defender tu posición
  • Establece unos límites claros, sobre todo en relación con el dinero
  • No hagas de detective con tu hijo. Respecta su intimidad y no le registres.

 

imagen sobre la adicción al cannabis

 

¿Y si nada de esto funciona?

Si a pesar de todas estas recomendaciones nuestro hijo no asume la situación y deja de consumir, es todavía más importante mantener una postura firme de rechazo al consumo desde el entorno familiar.

Es posible que aparezca una crisis familiar por este asunto, cuando ninguna de las dos partes quiere ceder en su postura. En este momento, suele ser habitual que los padres acaben cediendo por miedo a una ruptura familiar. No se debe ceder ante los chantajes que utiliza el consumidor para salirse con la suya.

Hay que dejar claro que no se le niega el apoyo familiar, sino que es él quién lo rechaza por no ajustarse a las normas de la casa. El adolescente consumidor va a buscar cualquier grieta o resquicio en la opinión de sus padres para seguir consumiendo. Estas posturas intermedias dan la idea al consumidor de que acabará saliéndose con la suya si persiste en su empeño.

En ocasiones, ponernos firmes en nuestra opinión no garantiza que nuestro hijo dejará de consumir; puede incluso que opte por abandonar el hogar y siga un proceso de mayor deterioro. Las personas con una enfermedad adictiva necesitan «tocar fondo» para darse cuenta de su problema y puedan pedir ayuda.

La ayuda de un profesional que os oriente y aconseje sobre la mejor forma de actuar en estos casos también puede ayudaros.

En Síndrome Adicciones contamos con una unidad de jóvenes orientada a la prevención y a frenar el consumo temprano de sustancias.

 

Las buenas personas no suelen sospechar de la maldad ajena…

Las buenas personas no suelen sospechar de la maldad ajena

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

  • 12 noviembre, 2018

La maldad ajena no debe hacer que cambiemos nuestra forma de ser y que desconfiemos de todos los que nos rodean. La culpa nunca será nuestra, sino de los que intenten aprovecharse de nosotros

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En ocasiones, pecamos de inocentes. No vemos venir las dobles intenciones, los egoísmos encubiertos o las falsedades envueltas en papel de regalo y acciones amables. La maldad, o mejor dicho, las traiciones o el interés ajeno, son muy comunes en nuestras relaciones de cada día.

Hay quien suele predicar aquello de “piensa mal y acertarás”. Pero las buenas personas, o aquellas que sencillamente prefieren siempre ver lo mejor de todo aquello que les envuelve, no suelen tener esta visión de los acontecimientos.

La nobleza de corazón mira siempre el lado bueno de las personas. Prefiere entregarse, dar segundas oportunidades y practicar la confianza. De ahí que a lo largo de sus vidas se lleven más de una decepción. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

La maldad encubierta y los egoísmos disfrazados

El psicólogo e investigador Howard Gardner sorprendió a los medios con un comentario que dio la vuelta al mundo. Según el profesor de Harvard y gran divulgador sobre la inteligencia humana, las malas personas nunca llegan a ser buenos profesionales. Podrán alcanzar el éxito, pero nunca la excelencia.

Para Gardner, las buenas personas son aquellas que no buscan el reconocimiento, sino que se ven motivadas en sus trabajos por ofrecer un bien y un beneficio común. Es entonces, a través de esta visión y este sentimiento, cuando una persona llega a ser un buen profesional.

Lo mismo ocurre en el ámbito privado y relacional. Esa excelencia “personal” solo se alcanza propiciando el bienestar ajeno y el respeto mediante la reciprocidad. Quienes no practican esta apertura emocional y buscan solo el interés propio no construyen lazos, no crean puentes ni refuerzan vínculos.

No obstante, un problema añadido es que las personas con buenas intenciones, los nobles de corazón, no suelen percibir a aquel que va con mala intención.

Lee también: Detrás de todo niño rebelde hay una emoción que no sabe expresar

El interés encubierto

Según diversos estudios científicos realizados por el psicólogo Robert Feldman, de la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos), cerca del sesenta por ciento de las personas dicen de media tres mentiras diarias.

  • Ahí se incluyen desde omisiones, exageracionesy hasta falsedades serias que persiguen un interés egoísta. Podríamos concluir así que hay “mentiras piadosas” y “grandes falsedades”. Estas últimas son las más destructivas.

  • El interés encubierto es aquel que busca un propósitoy que no duda en llevar cabo ciertos comportamientos engañosos para alcanzar un fin.

  • Los expertos en comportamiento humano indican que, de algún modo, todos buscamos beneficios de todos quienes nos rodean. No obstante, lo más común es esperar respeto, reconocimiento, cariño, amistad… Dimensiones que deben ofrecerse en libertady por voluntad propia.

Las personas que esconden en su corazón ciertas gotas de maldad y una pincelada de sutil egoísmo, manipulan a otras para conseguir sus propósitos.

Se produce pues una clara disonancia entre sus verdaderos sentimientos y las acciones que despliegan. Un comportamiento que no siempre podemos prever y que, por lo general, las buenas personas ni sospechan.

La nobleza de corazón no suele anticipar el falso interés

Caracterizadas por practicar la confianza, el respeto y el altruismo, muchas personas de noble corazón no anticipan el falso interés. Es así por diferentes razones:

  • La maldad o el egoísmo suele presentar un comportamiento encubierto que no es fácil de ver o intuir.

  • Las buenas personas se caracterizan por tener una gran empatía. La empatía es, ante todo, ser sensible ante las emociones ajenas, emociones como la tristeza, la alegría, la necesidad, la preocupación…

  • El cerebro humano por lo general, “no suele empatizar con la maldad o el egoísmo”. De ahí que no se perciba.

Y además, cuando alguien busca algún propósito de nosotros, hace uso de las sutiles artes del engaño y la manipulación. Por lo general, despiertan en nosotros la ternura, la amistad y otras emociones positivas que nos hacen caer en sus redes. Un proceso muy complejo.

Lee también Los pensamientos positivos mejoran tu salud

Las decepciones

Las decepciones suelen ser muy frecuentes en el corazón de una buena persona. Casi nadie dispone en su interior de un radar para captar la maldad ajena o la doble intención.

Por ello, la decepción suele ser mayor. Nos decepcionamos por ese dolor que nos han causado al caer en el engaño. Y también nos contrariamos con nosotros mismos, por no haberlo anticipado, por “pecar de ingenuos”.

No obstante, antes de martirizarnos con este tipo de pensamientos destructivos personalizándolos, hemos de asumir lo ocurrido como una experiencia, como un aprendizaje.

Las decepciones deben abrirnos los ojos, pero nunca cerrarnos el corazón. De lo contrario dejaremos de ser nosotros mismos. Y eso es algo que no podemos permitir. No dejes que comportamientos ajenos te obliguen a ser alguien que no eres.

 

Detrás de cada persona hay una historia que la hizo fuerte

A menudo suele decirse aquello de que una persona no nace de verdad, hasta que la vida le da un golpe. Hasta que aprende a ser fuerte.

 

 

 
 
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