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LAS PERSONAS HIPÓCRITAS…

Las personas hipócritas están entre el peor tipo de gente deshonesta. Un hipócrita se define como: Una persona que finge tener virtudes, creencias morales o religiosas, principios, etc., que él o ella realmente no posee, especialmente una persona cuyas acciones, desmienten creencias declaradas. Es una persona que finge alguna actitud deseable o aprobada públicamente, especialmente aquella cuya vida privada, opiniones o declaraciones, desmienten sus declaraciones públicas. ¿Alguien más piensa en “políticos” o “celebridades” al leer la definición?

Según un equipo de investigación de la Universidad del Sur de California (USC), la hipocresía comprende uno de los siguientes tres comportamientos:

1. Los estándares de doble moral ocurren cuando una persona es vengativa acerca de un acto ofensivo percibido de otra persona; sin embargo, muestra poca vacilación o culpa al hacer exactamente lo mismo. (Ejemplo: cerrarle el paso a alguien en el tráfico.)

2. La duplicidad moral es generalmente la que usamos para definir el acto. La duplicidad moral es cuando alguien dice ser honrado en sus motivos, pero esto se sabe que es una completa falsedad. (Ejemplo: un político que cita puntos de vista neutrales sobre un tema, a pesar de una evidencia indiscutible de lo contrario).

3. La debilidad moral es el tipo de desconexión cognitiva en el que las creencias o las costumbres de una persona, son superadas por su falta de autocontrol. Por lo tanto, participan en el acto sabiendo que está mal. (Ejemplo: un miembro del clero que toma un voto de celibato y luego se involucra en actos sexuales.)

Existen “de hipócritas a hipócritas”

Si somos honestos con nosotros mismos, la mayoría de nosotros hemos sido hipócritas en ciertos momentos y como en las mentiras “necesarias” que a veces nos vemos orillados a decir, pensamos que esto también, a veces nos orilla a ser “necesariamente”. ¿Esto nos convierte en un hipócrita de buena fe? No. Al menos, a una persona razonable no debería de convertirla en un hipócrita de esa naturaleza.

Todo es cuestión de proclividad y frecuencia. En otras palabras, ¿la persona realmente vive como un hipócrita, mentiroso, degenerado o manipulador? ¿Pueden definirse como tales? Ese es el punto de referencia. “Atrapar” a alguien haciendo algo que se percibe como hipócrita, puede no justificar el etiquetado con el título de “hipócrita”.

Tal vez el mejor curso de acción es usar nuestro mejor juicio (incluyendo la comprensión de la situación). Y cuando sea posible, apropiado y ético, permanecer discretos. No ser la fuente de los chismes de la oficina, por ejemplo.

Conductas de las personas hipócritas que los dejan al descubierto

Sin embargo, todos sabemos que la hipocresía, a niveles enormes, hace ya a una persona candidata para ser etiquetada justamente como, “hipócrita”, y algunas veces no nos damos cuenta de ello. Aquí hay 7 comportamientos, creencias y tendencias de las personas hipócritas que pueden revelar su verdadera identidad:

1. Intenta castigar a alguien “señalándolo” por cualquier falta

Si su hipocresía ha cruzado la línea, tú – actuando en buena conciencia – les notificas de eso para que se den cuenta. En lugar de que la persona admita la culpa y se disculpe, tú eres reprendido y menospreciado. Tal vez el hipócrita irá un paso más allá e intentará humillarte públicamente.

2. Aura de condescendencia y superioridad

El nivel de arrogancia y superioridad de un hipócrita, está en el límite del narcisista. Dirígete a ellos equitativamente, y probablemente te irás sintiendo como un estudiante que acaba de ser reprendido por el maestro. Ellos (directa o indirectamente) se burlan de tu intelecto, madurez (irónico), o la estabilidad.

 

3. Las reglas no se aplican en las personas hipócritas

Pero esas reglas son muy aplicables a otros. Al igual que el famoso gánster Al Capone, los hipócritas están “por encima de la ley”. Su sentido innato de derecho, les excusa para actuar como les plazca. Como otros son inferiores, las reglas deben usarse para mantenerlos controlados.

4. Excusas, mentiras y más de lo mismo

Predeciblemente, los hipócritas son prolíficos (a menudo patológicos) fabricantes de excusas y mentirosos. La verdad, no importa cuán convincente sea la evidencia, no les preocupa. Si observas cualquier procedimiento en la sala de audiencias en la televisión, seguramente serás testigo de que un hipócrita / narcisista dice bruscamente alguna mentira audaz – y delante de un juez. Delante de alguien que puede llevarlos a la cárcel.

Los hipócritas tienen excusas para todo. Encontrará que pasan mucho más tiempo excusando su comportamiento y nunca realmente lo hacen para mejorarlo. En lugar de disculparse o admitir la culpa, simplemente ignoran la realidad y argumentan con evidencia sólida cuando se enfrentan con ella. Los supervivientes a este tipo de personas con esta patología, también notan a menudo que a ellos les parece disfrutar de la emoción de mentir. A veces parece que han plantado evidencia que realmente les permite atraparlos. Mienten incluso cuando con decir la verdad basta. ¿Por qué? Porque engañar a otros es lo que hacen. Es el único punto culminante de sus vidas, de otra manera serían insufriblemente aburridas.

5. “Haz lo que digo, no como yo lo hago.”

Sus acciones nunca parecen coincidir con sus palabras encantadoras. Tienen expectativas muy altas en ti, pero no parecen seguir esos estándares. Se les permite ir a cenar con su “loco/a” ex que está “todavía enamorado” de ellos, pero te aplicará la “llave del silencio” si quieres salir con tus amigos.

6. Siempre jugando a la víctima

Muchas personas hipócritas darán excusas por su mal comportamiento. A menudo, estas historias están hechas con un efecto dramático para ganar la simpatía de los demás. Insistirán en que odian el drama y, sin embargo, son probablemente la persona más dramática que hayas conocido.

7. No es (y nunca será) su culpa

No importa cuán desagradable sea el comportamiento, cuan audaz es la mentira, qué impulsivo es el acto, nunca es culpa del hipócrita. Y replicando, el falso puede incluso sacar tus viejos errores (reales o percibidos), en un esfuerzo por justificar sus acusaciones (que de hecho, no les importa, de todos modos).
Conclusión

Los hipócritas pasan la vida engañando, traicionando y haciendo trampa a tus espaldas o de frente. Pero a pesar de este patrón repugnante de comportamiento, todavía se sienten con derecho a señalar (o inventar) los errores más pequeños en los demás, y ellos los señalarán repetidamente, para negar y excusar todas sus acciones horribles.

Como resultado, pasarás cada vez más tiempo tratando de probar tu ética a la persona más antiética en el planeta. Terminas encima de sentirte culpable por llegar cinco minutos tarde a una cita (hace meses), mientras que alegre, esta persona, te engaña con otro hombre o mujer, por ejemplo.

Si las escalas morales en tu vida parecen estar sesgadas más allá de todo reconocimiento, es probable que hayas encontrado un hipócrita patológico o un psicópata. No hay mucha diferencia. Esta conducta, que puede ser parte de todos de manera superficial, es crónico y enfermizo en este tipo de personas. Si estás con una persona así, no dudes en que debes retirarte de esa relación que nunca tendrá ni pies ni cabeza y te agotará toda la energía.

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La vida te invita a parar…

En algún momento en la vida llega ese día en que estás un rato a solas, contigo. A solas de verdad. Sin más interrupción que tus propios pensamientos ni más demora que la de acabarte ese café para poder cerrar los ojos y notarte la piel… Llega porque lo has estado postergando mil años y ya te toca. Llega porque te lo mereces y ya no te basta con buscarte a pedazos, te necesitas por entero.

Si no propicias tú este momento, si no te das cuenta de que la vida te llama a parar y sentir, no te preocupes, lo hará ella sola. Encontrará la forma de que te pares, te calles, te rompas, te desgajes y tengas que quedarte a solas contigo mismo y decirte lo que tienes pendiente. La vida buscará el camino para que pares en tu camino y te notes las puntas de los dedos de los pies y te preguntes para qué andas. Buscará la forma de que te sientes y te preguntes a dónde vas… Buscará la forma de que te acurruques a ti mismo y llores si almacenas llanto y te rías si te quedan risas pendientes. La vida es tan eficaz haciendo que lo que tienes pendiente pase… Haciendo que lo que evitas suceda…

A veces, lo hace a golpe seco y otras como el río que remolonea buscando un mar que no se deja, que parece que no llega, que no se deja amar ni besar. Todo llega, siempre. A veces no es como lo imaginabas. Otras es exactamente igual pero al abrazarlo notas que ya no tiene tanto sentido. En ocasiones, aparece desgastado y opaco… Aunque siempre, siempre es mejor de alguna forma…

La vida te para o te paras tú antes de que lo haga la vida. Si escoges la segunda opción, cuando notas las señales y lees en tus ojos que te necesitas de verdad, que te buscas para sincerarte y tener esa conversación pendiente contigo, todo es más fácil. Tú eliges cómo parar y bailas. Tú escoges el rincón donde a quedarte quieto y la posada donde vas a contarte historias. La vida te invita a parar y tienes que aceptar la invitación para encontrarte y volver a ella con más ganas, con más serenidad, con más paz…

A veces, para cambiar de vida no hace falta dejar la antigua del todo. Sólo es necesario soltarla, estar dispuesto a pensarla de otro modo, a vivirla con otro ritmo, a buscar la coherencia en cada palmo que la habita y desechar lo que ya no te pertenece. No hace falta lanzarlo todo por la ventana, pero hay que estar dispuesto a ello si es necesario… 

Al final, lo nuevo siempre te cuesta lo viejo, lo caduco, lo que ya no tiene sentido… Hay que dejar hueco para que lo que deseamos llegue a nosotros y ese hueco es sobre todo mental y emocional… El espacio físico siempre es una consecuencia de permitirnos vaciar por dentro, soltar los pensamientos que ya no nos definen y las creencias que ya no queremos que nos limiten.

Y una vez a solas, háblate en serio. Sé pura compasión pero pura verdad. Sé amor pero también firmeza…

Quedarte con tus miedos y decirles basta. No para que se vayan (que sería maravilloso) sólo para que no muerdan. Quedarte con tus pensamientos y mirarlos desde fuera y ver que no son tú y que están ahí para recordarte que a veces no te valoras suficiente, que todavía estás aprendiendo a amarte y se te escapan pequeñas cosas. Quedarte con tus emociones y sentirlas, ver qué te cuentan y soltar cuánto puedas…

Y decir las cosas por su nombre. Y hablarte claro. Y encontrar ese miedo tan intenso que se oculta detrás de esos pequeños miedos sin sentido que son todos el mismo disfrazado de torpeza, de desgana, de angustia, de enfado, de rabia, de resentimiento, de pereza…

Y no culparte por nada. Sin reproches, sin medias tintas… Para que vayas a tope contigo. Cuando aciertas y cuando fallas. Porque todo, absolutamente todo es material valioso para seguir y crecer. Para levantarse y caminar .

En algún momento tienes que quedarte a solas contigo para darte cuenta de que le pongas el nombre que le pongas a tus metas tu destino es amarte y confiarte la vida.

En algún momento vas a tener que recordar qué te trajo aquí y descubrir si te sigues a ti mismo o tu sombra.

Para enderezar el camino si te has perdido o sencillamente seguir por el camino que parece equivocado a ver a dónde te lleva… Porque tal vez ese error pendiente es sea muy necesario para recordar quién eres y darte cuenta de hacia dónde deseas ir de verdad.

Tal vez ha llegado ese momento. La vida te invita a parar ¿aceptas?

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RESPETO

RESPETO

Actitud que reconoce y aprecia el valor y la dignidad de los demás y les trata de acuerdo con ese valor “La actuación propia de un buen ciudadano contempla cinco actitudes sociales: el altruismo optimista, la responsabilidad social y política, el respeto, la lealtad, la justicia” (Del vídeo: “¿En qué consiste el aprendizaje de la competencia cívica?”, Parlamento de Navarra) Sin duda la palabra respeto es una de las más presentes en el ámbito educativo. Desde muy pequeños se nos decía que hay que respetar las cosas, los horarios, las normas, el entorno, a uno mismo y sobre todo, que hay que respetar a los demás. Pero damos por hecho que todo el mundo entiende lo que significa respetar. A juzgar por el comportamiento generalizado de muchos chicos y chicas (y también de muchos adultos) no sería una pérdida de tiempo dedicar algunas reflexiones a la importancia capital y a la necesidad urgente de fomentar el respeto como actitud educativa básica. Notamos, en efecto, que hay muchos niños y adolescentes insensibles, fríos, incluso despectivos hacia los mayores o hacia los mismos compañeros (especialmente de edad inferior a la propia). Esto es bien visible en la escuela, en la calle y en el propio hogar. Los adultos ven cómo un grupo de muchachos ni se apartan cuando alguien quiere pasar, o no saludan, o gritan palabras vulgares para hacerse notar, o lanzan miradas altaneras en señal de reto. Bromas pesadas, juegos peligrosos, imágenes pornográficas, abusos del móvil, de los videojuegos o del i-pod, se han convertido en algo “normal” en hogares y escuelas, donde padres y maestros llegan a sentir miedo de sus hijos o alumnos.

Es triste ver a muchachos que luchan por ocupar los asientos del tren o del autobús, sin ninguna deferencia hacia personas ancianas o más necesitadas, o que arrojan papeles y objetos al suelo sin el menor cuidado hacia la limpieza pública o el posible daño que otros puedan sufrir. Es muy elocuente pasearse un sábado por la mañana por los lugares donde la noche anterior ha tenido lugar un “botellón”. El punto de partida es la dignidad de la persona Respetar es una actitud que reconoce y aprecia el valor y la dignidad de los demás y les trata de acuerdo con ese valor. Se extiende también al entorno, a la propiedad de los demás. Comienza con la consideración del otro como persona, como alguien valioso en sí mismo y con los mismos derechos fundamentales. También nos debemos respeto a nosotros mismos, en cuanto personas, y debemos tratarnos a nosotros mismos de acuerdo con nuestra dignidad. Reconocer en los demás su dignidad como personas y no dejar espacio a la ofensa y el menosprecio o a las manifestaciones discriminatorias supone el inicio de un camino hacia una sociedad más acogedora, pacífica y justa. El respeto en el fondo es la “regla de oro” de la convivencia: es tratar a los demás como deseas ser tratado, querer para los demás el bien que quieres para ti. Porque el otro es como yo, una persona, y una persona no debe ser nunca tratada como medio con vistas a otra cosa o persona. Utilizarla, manipularla o servirse de ella como si fuese un objeto sería menospreciarla. Además, el amor a las personas supone siempre el respeto. No podemos amar verdaderamente a nadie si no le respetamos. En ocasiones se confunde el respeto con otras actitudes que nada tienen que ver con él. El respeto no es: • Sumisión, sino madurez para saber valorar a los demás y las cosas de nuestro entorno. A veces nacerá de la obediencia, pero ha de convertirse en criterio propio, en lucidez y serenidad, en amabilidad, responsabilidad, estabilidad y firmeza. • Indiferencia; la indiferencia implica ausencia de sentimientos, no valora a la otra persona como igual, muchas veces ni siquiera la valora en absoluto. • Omisión; el respeto es activo, intenta construir desde la acogida, la aceptación y el diálogo, no es un mero “no dañar”, “no ofender”, “no hacer”. • Timidez o temor, porque con frecuencia se oculta bajo la apariencia de respeto el sentimiento de miedo, y los timoratos no construyen la paz ni la buena convivencia. Tampoco es lo mismo que la mera tolerancia: No es lo mismo decirle a alguien “te respeto” que decirle “te tolero”. Se tolera algo o a alguien que se considera malo, pero se le soporta o aguanta como mal menor. El respeto es reconocimiento positivo del valor de alguien. Eso no significa darle la razón si no la tiene. Se puede y se debe corregir, con la debida delicadeza, a quien se halla en el error. Cualquier sociedad y grupo precisan de un conjunto de reglas. Pero una convivencia pacífica no se consigue sólo con el cumplimiento de normas o leyes. El respeto tiene que salir de dentro; es contrario al egoísmo y requiere, para ser auténtico y fecundo, una serie de condiciones: * Ha de ser sincero y surgir libremente, pues en su vivencia no cabe la hipocresía; un respeto impuesto no se consolida, acaba por estallar. * Ha de llegar a ser espontáneo, fruto de ideas claras y de hábitos bien arraigados, sin necesidad de grandes reflexiones teóricas y de tensiones internas. * Ha de buscar el diálogo y suscitar amabilidad, pues la cerrazón, la intransigencia y la sinrazón sólo conducen al conflicto y a la violencia. Algunas actitudes que dificultan la educación en el respeto, y que es bueno que sepamos detectar y corregir a tiempo, son, entre otras, la soberbia y la prepotencia, la envidia, el miedo, la intolerancia, el permisivismo o el autoritarismo. En casa y en la escuela El respeto se aprende sobre todo en casa. La educación en el hogar tiene un valor insustituible para que el respeto se convierta en norma de vida de los hijos desde los primeros años. Hay hogares en los que los padres saben promover este valor esencial. A veces interviene el padre para corregir cualquier abuso o palabra disonante. Otras veces es la madre quien ofrece una indicación clara y la hace respetar… es muy importante que los dos juntos vaya a una, se apoyen en su tarea educativa para ayudar a sus hijos a ser capaces de auto controlarse, a ser disciplinados y respetuosos. Y una primera condición es que sean ejemplo de este valor: que habitualmente se muestren respetuosos con las demás personas, entre sí y con sus hijos. Desde la familia, con el apoyo de la escuela, es preciso empeñarse en formar niños y adolescentes respetuosos, dueños de sí mismos, sensatos, preparados para la vida en sociedad. Porque sabrán acoger con respeto a todos, porque serán capaces de vivir de modo armónico con los iguales y los distintos, con los grandes y los pequeños, con los sanos y los enfermos, con los que piensan lo mismo y con los que tienen ideas diferentes. Enlace sobre el valor cívico del respeto Parlamento de Navarra: Actividad sobre el valor del respeto (1º-3º ESO) UNA PEQUEÑA HISTORIA Érase una vez… un chico con mal carácter. Siempre hay alguno así, de esos que siempre están quejándose, gritando, protestando y recriminando a los demás su comportamiento cuando a él no le gusta. A veces golpean, y casi siempre humillan a los otros, lo cual duele más que una bofetada. Su padre le dio un saco de clavos y le dijo que clavara uno en la verja del jardín cada vez que perdiera la paciencia y se enfadara con alguien. Él lo pensó bien y vio que su padre tenía razón. Tenía que cambiar. El primer día clavó 37 clavos. Durante las semanas siguientes se concentró en controlarse y día a día disminuyó la cantidad de clavos nuevos en la verja. Había descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos. Finalmente llegó un día en el que ya no clavaba ningún nuevo clavo. Entonces fue a ver a su padre para explicárselo. Su padre le dijo entonces que era el momento de quitar un clavo por cada día que no perdiera la paciencia. Los días pasaron y finalmente el chico pudo decir a su padre que había quitado todos los clavos de la verja. El padre condujo a su hijo hasta la verja y le dijo: «-Hijo mío, te has comportado muy bien, pero mira todos los agujeros que han quedado en la verja. Ya nunca será como antes. Cuando discutes con alguien y le dices cualquier cosa ofensiva le dejas una herida como ésta. Puedes clavar una navaja a un hombre y después retirarla, pero siempre quedará la herida. A pesar de las veces que le pidas perdón -y debes hacerlo siempre-, la marca de la herida permanecerá. Una herida provocada con la palabra hace tanto daño como una herida física.» Y por eso también es importante saber olvidar las ofensas que se nos hicieron. Pero olvidarlas de verdad, para no volver a utilizarlas nunca como reproche cuando nos volvamos a sentir ofendidos. Porque entonces las heridas vuelven a abrirse. Los amigos son joyas raras de encontrar. Están listos para escucharte cuando tienes necesidad. Te sostienen y te abren su corazón. Cuídalos. Enseña a tus amigos cómo les quieres… y les respetas. Evita humillarles y quedar tú por encima. Respétalos siempre, aunque no debas darles la razón cuando están en el error. Discrepa sin herir. Son personas, como tú. Piensa a menudo cómo te sentirías tú en su lugar. Y obra en consecuencia. Pero no se trata sólo de los amigos… Hay más gente en el mundo, a la que le afecta, para bien o para mal, lo que hacemos y decimos. Hay una regla de oro, un principio moral básico que sirve para actuar con respeto: TRATA A LOS DEMÁS SÓLO COMO DESEAS SER TRATADO. Es en realidad una forma de decir: Respeta, respeta, respeta… Trata a los demás como personas. El texto que acabas de leer trata de algunas cuestiones que tienen que ver con la convivencia. Es una narración sencilla, a la que sigue una reflexión, de la que sería muy bueno que sacaras tus propias conclusiones y aplicaciones prácticas para la vida. Después de hacer una lectura personal, reflexiona sobre el contenido y subraya las palabras e ideas principales (tendrás para esto un poco de tiempo), que sin duda te ayudarán a contestar las preguntas que se hacen a continuación, las cuales tienen como finalidad comprobar que has comprendido el contenido del texto, y que eres capaz de sacar tus propias conclusiones de forma razonada e inteligente. Si lo haces bien, puedes subir la nota de clase, por supuesto. Pero lo mejor de todo sería que sacaras conclusiones para tu vida… y que los demás lo noten en tu manera de ser y de convivir.

 

POEMAS… TENGO SED…


El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad.

Que difícil es plasmar en un papel el cùmulo de sentimientos que suscita mi pensamiento en escasos segundos. Escasos segundos de valor temporal pero de gran valor emocional. Si de verdad existe el edèn puedo afirmar con certeza que mientras contemplaba tus ojos, durante ese minúsculo intervalo de tiempo, ocupe un lugar privilegiado dentro del paraíso.

Tengo sed… – Ninfa Duarte

Tengo sed de horizontes y rocíos!

paisajes de soles y mirar adentro,

manojos de viento, racimos de esperanzas.

La paciencia de la luna sea un latido de amor,

un trofeo copiado al destino con brisas en tornasol,

música de trinos… luz de tus aromas…eterna armonía

y desmesurados rayos de mutua lealtad…

Tengo sed de brisa y libertad!

vibrando en creación de vida bajo la azulada esfera,

llena de azahares, madurando junto al sol.

libertad de brisa… brisa de alborada…

tu contorno grato, mi abrazo fraterno,

desmedida aurora cubriendo el cenit,

donde nuestras brisas reposen en divina paz…

Tengo sed de estrellas y atributos!

en tu paso nocturno y mi cansancio cotidiano,

para que el frío desaparezca bajo la calidez de un beso

y en lo oscuro del camino se encienda una canción,

crisálida abierta que vive en busca de una flor…

Al abrigo de los vientos se vislumbra un vergel,

es un alto en la vida, mariposa de abril…

Tengo sed de brazos y terciopelo!

calidez de distancias rumbo al sentimiento,

profundas metáforas penetrándome el cuerpo.

Tus brazos buscando mis lugares,

brotando al margen del crepúsculo rojo

cual dibujo de palomas en vuelo.

Mis pétalos nacientes… tu lenguaje inviolable…

Tengo sed de mundo y amor!

con baños de luz de luna y perfumado coral,

en racimos de dulzor, tu vida en mi balcón

y las nubes paralelas esbozando una sonrisa.

Tu boca donde pasar la vida en perpetuo soñar

al rescate de mi alma de pasados naufragios,

con flores cargadas del camino sobre el rostro de la tierra…

Tengo sed de mundo y libertad!

revivir las aguas de bellos manantiales,

palabras que son caricias… caricias de eternidad…

Un mundo de espacios desnudos y bordes de amor,

un mundo donde levantar la frente y decirle a las nubes:

¡la libertad del alma en versos se elabora!

 

PARA QUÉ…

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No me sirve cualquier sueño, pero sobre todo no me sirve cualquier camino. La forma de llegar a lo que amamos y deseamos marca la gran diferencia en nuestras vidas y poco a poco, cuando creces por dentro, te das cuenta de que es el verdadero premio… El sueño está en el detalle, en el pequeño paso, en el día a día, en lo que conviertes en rutina en tu vida, en lo que te atreves a cuestionar y decidir. El sueño se empieza a conseguir el día que te das cuenta de que lo que importa es cómo llegas a él y decides apostar por tu coherencia.

Puedo no llegar a la meta pero, no puedo permitirme no saber encontrar la paz cuando me dé cuenta de que no la alcanzo, ni fallar en esto de sobrellevar la pena de no cumplir planes, ni acabar listas de objetivos.

Aunque puedo tardar un día o dos, tres años o un siglo en hacerme a la idea de que a pesar de que nada es imposible no todo pasa, no todo llega y a veces en eso hay cierto sentido. A veces, el premio principal de tu vida es lograr encajar las derrotas y convertirlas en éxito. Conseguir la actitud de un ganador mientras asumes que no llegas a la meta o que no llegas primero… Una vez consigues eso, esa magia, nada se resiste. Porque te has transformado…

A veces, las cosas que deseas no suceden. O al menos eso nos parece… Tal vez porque no se ve qué es lo que estás dibujando con los tumbos que das a cada paso, hasta que has dado los suficientes como para poder tomar perspectiva. Hasta que te levantas de ti mismo y te miras desde el aire y ves que no caminabas en círculo sino que dibujabas en la tierra tu firma, que dejabas tu huella sin saber para quién… A veces, no estás en el camino que deseas pero descubres que eres útil en él para muchas personas y sabes que es en realidad tu camino… Porque estás haciendo en él lo que soñabas hacer en otro y no te has dado cuenta de que no importa cómo sino para qué.

La vida nos moldea y a veces nos pone en nuestro sitio. Nos recuerda que fallar es necesario y que cada error es un maestro para dar el siguiente paso… Un paso que a menudo puede cambiar de sentido, de rumbo, desaparecer o hacerse tan pequeño que parece que no avanzas nada, que no pasa nada en tu vida porque no te mueves…

Echar tus raíces lleva tiempo. Uno tiene que escoger a qué tierra pertenece, en qué mundo vive, a qué cielo aspira, qué le sacude y le conmueve. Tiene que conocer todos sus recovecos oscuros y haber encontrado todas sus aristas más cortantes antes de que los primeros brotes se abran paso a través de la tierra y vean la luz.

Echar raíces requiere tanta paciencia que los impacientes a veces se cansan.

Requiere tanto entusiasmo, que los entusiastas a veces se agotan y se quedan dormidos.

Requiere tanto trabajo, que los más trabajadores a veces abandonan porque se sienten desnudos y vacíos, porque acaban creyendo que cae en saco roto.

Echar raíces a veces te deja tan roto que no recuerdas qué estabas haciendo ni para qué. Y al final, sólo llegan los que resisten, los que aguantan no saben cómo, los que se empeñan de verdad .

A veces, los que llegan lo han soportado todo porque a medio camino decidieron que lo que importaba no eran precisamente las hojas sino las raíces. Porque se dieron cuenta de que el trabajo de mirar hacia dentro para conocerse y aceptar todo lo que allí encontraban era tan valioso que la verdadera cosecha era crecer hacia abajo, hacia la tierra… Crecer por dentro y sentirse sólido y a la vez ligero. Soltar la carga de tener que llegar a nada en concreto… Agradecer el poder respirar, el sentir, el tocar, el acariciar este día sin que este día tenga que ser tasado, valorado, recordado, sin que se tenga que asignar a nada una nota, un número de cuenta, un valor añadido…

No es lo que hacemos, es para qué lo hacemos.

A veces, el que llega es el que está en sí mismo y no el que produce sin saber para qué. El sentido que le damos a nuestros logros lo cambia todo. No somos máquinas de producir, somos seres humanos que necesitan darle sentido a lo que hacen. Nuestro “para qué” es tan importante que a veces no conseguimos lo que soñamos porque no lo tenemos claro o porque lo hemos confundido. Si queremos llegar para demostrar, no llegamos jamás porque el que necesita ir dando lecciones al mundo nunca habrá dado las suficientes… El que va llenando huecos ahí afuera para ser admirado y compensar con ello el amor que no siente por él mismo, nunca recibirá suficientes halagos… El que está en el camino porque ama el camino y desea la meta para seguir amando y compartir, ya tiene su recompensa en cada milímetro que avanza.

Las metas importan pero, al final, a medio recorrido podemos descubrir que las que estamos anhelando no son las verdaderas sino las que pensábamos que era nuestras pero eran de otros… Que nos hemos puesto retos asequibles y en realidad aspiramos a más, pero nos conformábamos porque no creemos merecer de verdad… O por el contrario que nos elevamos tanto el listón que en el fondo nos estábamos castigando, nos hacíamos subir una montaña muy alta para demostrar que nada nos frenaba y asegurarnos sufrir durante el ascenso… Lo que importa de verdad es cómo llegamos y nuestra forma de aceptar la derrota, el cambio de rumbo, el desatino y el error.

Lo que importa es la sonrisa, el abrazo, el aliento que nos queda para que al día siguiente sigamos dando la lata con algo hermoso que conquistar…

Sin perdernos cada momento, cada detalle, cada pequeño gesto de la vida….

No podemos decir sí a todos los caminos para llegar porque algunos nos piden dejar el alma antes del último ascenso y eso nos convertiría en huérfanos de nosotros mismos.

Lo que importa está en nosotros y pasa por sacudirse la angustia y caminar. Si el camino a tu sueño no pasa a través de ti ni te pide que saques tus penas al sol, no es el camino que buscas…

No me sirve cualquier camino, porque el sentido de andarlo es llegar a mí mientras recorro todos mis miedos y mis rarezas y suelto todas las necesidades que me inventé para soportarlos. No importa cómo, ni dónde, ni a quién… Sólo para qué.

No importan las hojas, lo que importa son las raíces…<AUTORA… 

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UN ANILLO DE COMPROMISO PARA MI MADRE…

Un joven, de agradable apariencia, se paseaba entre los aparadores de la joyería poniendo especial cuidado en los ANILLOS DE COMPROMISO, en su cara se notaba felicidad por lo que la empleada se acerco a el para preguntarle si deseaba que le mostraran alguno.

– Puedo servirle en algo, desea le muestre alguno de nuestros anillos?

Le pregunto la linda empleada con una hermosa sonrisa en su rostro.

– Si gracias, puede enseñarme ese que está ahí, el que tiene esa hermosa piedra, la más grande y brillante por favor.

– Este es el que usted desea?, le dijo la dama mostrandole un bello anillo de oro blanco el cual tenía engarzado un diamante hermoso.

– Ese es el que me interesa Señorita! Me puede dar el precio?

La chica le informo el costo del anillo y el se dispuso a pagarlo entusiasmado.

– Está próximo a casarse?

– No, para nada…. Es más, no tengo novia!

Este anillo es para mi Madre. Ella nunca tuvo uno sabe, debido a que mi padre la abandono cuando supo que estaba embarazada y pese a que muchos le insistían en que abortara, ella opto por conservarme y luchar por que saliéramos adelante. No fue fácil, pero con mucho esfuerzo pago mis estudios y se convirtió en mi amiga, en mi maestra que me enseñaba más allá de los libros las bondades de la vida y que siempre debemos estar agradecidos por lo que somos y por lo que tenemos. Ella es mi psicóloga, que me ayuda con mis problemas cotidianos, es mi doctora cuando me enfermo, es mi Chef favorita que me prepara los platillos más suculentos… Ella en pocas palabras es mi todo! 

Es quien me dió la vida y gracias a ella soy lo que soy. Por esto y mucho más, ella se merece este ANILLO DE COMPROMISO que hoy le daré, como señal de mi agradecimiento y mi amor por ella, este anillo representará mi compromiso, de que si ella no me abandonó nunca y siempre estuvo para mi, hoy que he terminado mis estudios y tengo un trabajo, le prometo que a ella no le faltará nada mientras yo viva. Ella ya no tendrá que trabajar, ahora lo haré yo y ella me esperara en casa, así como yo la esperaba a ella cuando niño.

La empleada con lágrimas en los ojos, no pudo sino expresar solamente tres palabras: LO ADMIRO MUCHO!

Y se dispuso a darle el mejor descuento, ese que solo les dan a los clientes distinguidos de la joyería…

Ojalá más jóvenes pensaran como el chico de esta historia. Las Madres que por diferentes circunstancias de la vida se quedan solas a cargo de uno o varios hijos, merecen todas las consideraciones del mundo y sobre todo, merecen ser valoradas por los esfuerzos que solo ellas y Dios saben que han pasado.

El Señor bendiga a todos esos hijos que ayudan a su Madre, porque El les pondrá grandes cosas en su vida.

Quien honra a sus Madre, la vida y Dios se los premiará!

 

IMÁGENES CON MENSAGE …

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