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Analfabetismo emocional:

 

Analfabetismo emocional: cuando a nuestro cerebro le falta corazón

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

30 mayo, 2019

 

 

Son muchas las personas que sufren analfabetismo emocional. Son hábiles en el dominio de múltiples competencias, disponen de un sinfín de títulos y maestrías, pero hacen la misma gestión emocional que un niño de tres años. Ese aprendizaje no viene de fábrica y es lo queramos o no, una asignatura pendiente a la que deberíamos dedicar más recursos…

La mayoría de nosotros sabemos cuáles son los principios de una buena salud física, a saber: una alimentación equilibrada y lo más natural posible, algo de ejercicio, dormir cada noche entre 7 y 9 horas y realizarnos revisiones médicas periódicas para asegurarnos que todo va bien.

«Cuando escuchas con empatía a otra persona, le das a esa persona aire psicológico».

-Stephen R. Covey-

Sin embargo, si hay algo que descuidamos casi de forma alarmante es eso que se contiene entre nuestros oídos: el cerebro. Ahora bien, no nos referimos a ese conjunto de células nerviosas, estructuras y circunvoluciones. Hay que centrar la atención en los indicadores de nuestra salud emocional, es decir, en esa capacidad para sentir la vida y nuestras relaciones, en el estado de esa facultad para entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos…

El ser humano es mucho más que una serie de competencias lingüísticas, matemáticas o tecnológicas. Somos, por encima de todo, seres sociales y emocionales, dimensiones estas que quedan a menudo descuidadas, y hasta infravaloradas en las instituciones educativas. Porque, admitámoslo, de poco nos va a servir saber resolver una ecuación de segundo grado si somos incapaces, por ejemplo, de comunicarnos con eficacia y de empatizar con aquellos que nos rodean.

¿Qué es el analfabetismo emocional?

Sabemos que el término «analfabetismo» tiene una connotación negativa. Sin embargo, no podemos llamar de otro modo a una realidad psicosocial más que evidente. Pongamos un ejemplo, en la actualidad se habla mucho de la figura de los líderes transformadores. De personas capaces de dinamizar una organización gracias a su buen manejo de la inteligencia emocional, de la motivación, de su don para producir impacto en los demás y crear entornos donde las personas pueden hacer uso de su creatividad.

En ocasiones se venden ideas que en la realidad, brillan por su ausencia. Así, es bastante común encontrarnos con directivos o líderes empresariales incapaces, no solo de infundir inspiración a los demás, sino con una nula capacidad para controlar sus emociones, su frustración, su enfado… Son como niños de 3 años enfadados por no obtener aquello que desean, situados por completo en ese pensamiento egocéntrico definido por Piaget en su momento.

Veamos no obstante, qué dimensiones caracterizan el analfabetismo emocional.

  • Incapacidad para entender y manejar las propias emociones.
  • Dificultad para comprender las de los demás.
  • Esa falta de autoconciencia emocional los sitúa a menudo en terrenos muy sensibles. Reaccionan de forma desmedida ante cualquier problema, se sienten agobiados y superados ante cualquier dificultad, sea pequeña o grande.
  • No empatizan, son incapaces de situarse en la mirada ajena, de comprender realidades diferentes a la suya.
  • Sus habilidades sociales son muy rígidas y aunque en ocasiones pueden desenvolverse, les falta sensibilidad,asertividady esa cercanía auténtica con la que crear lazos significativos y no solo relaciones motivadas por el interés personal.
  • Por otro lado, los costes del analfabetismo emocional pueden ser enormes: pensamiento polarizado, represión, racismo o sexismo, narcisismo, necesidad obsesiva por tener la razón…

Asimismo, hay un dato no menos importante que conviene recordar. El analfabatismo emocional, es decir, esa falta de recursos psicológicos y mecanismos emocionales con los que manejar mejor dimensiones como la tristeza, la rabia, el miedo o la decepción, nos hace a su vez mucho más vulnerables a una serie de trastornos mentales.

Así, condiciones como la depresión o los estados de ansiedad crónica son muy comunes en perfiles con poca o nula habilidad para gestionar mejor esos estados internos.

La importancia de educar en Inteligencia Emocional

Sabemos que es ya como un eslogan: «hay que educar en Inteligencia Emocional», debemos entrenarnos en estas habilidades, ser más aptos en materia de emociones. Lo hemos oído hasta la saciedad, hemos leído libros, hemos hecho cursos y decimos que sí con la cabeza cada vez que se nos recuerda la importancia de tener una mayor competencia en esta habilidad.

Sin embargo, las lagunas siguen existiendo. Así, y aunque en algunos currículums educativos de ciertas escuelas ya aparece este objetivo, no podemos pasar por alto algo igual o más importante. Antes de que maestros y profesores entrenen a los niños en el dominio de sus pensamientos y emociones, también ellos deberían ser entrenados previamente.

«Tu intelecto puede confundirse, pero tus emociones nunca te mentirán»

-Roger Ebert-

A menudo, nosotros mismos llegamos a nuestra etapa adulta con un mundo de inseguridades. También nosotros nos levantamos cada día conscientes de que nos faltan herramientas para dominar nuestras emociones, así como ciertas habilidades para encarar mejor la adversidad. De este modo, si no empezamos en primer lugar por nosotros mismos haciendo autoconciencia de nuestro analfabetismo emocional, difícilmente tendremos ese talento para motivara los más pequeños, para entrenarlos en empatía, asertividad o en habilidades sociales…

Una buena «alfabetización emocional» nos dota de grandes beneficios. Así, algo que aprenderemos en primer lugar es que cada emoción tiene su espacio y su utilidad, que diferenciar entre emociones «negativas» y «positivas» no siempre es acertado, porque en realidad, esos estados que a menudo tanto evitamos sentir como es la tristeza o la decepción, tienen sus espacios de conocimiento, su utilidad y su valioso significado.

De las emociones por tanto no se huye, se encaran para saber qué quieren decirnos. Es un modo sensacional de autoconocimiento que nos dota de fortalezas, que ofrece a nuestra mirada un prisma más amplio… a la vez que flexible. Por tanto, no apartemos o despreciemos la necesidad de estar «al día» en materia de emociones. Atendamos a esos mundos interiores donde saber reconocer, expresar, gestionar y transformar esos sentimientos para que fluyan siempre a nuestro favor y no en nuestra contra…

Fragilidad emocional: claves para comprender y fortalecer el «yo»

La fragilidad emocional nos deja sin recursos para afrontar la adversidad y para gestionar nuestros sentimientos de forma inteligente. Porque la fragilidad no tiene nada que ver con la sensibilidad emocional, es su lado opuesto y el más complejo.

 

Valeria Sabater

   

Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005 y Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia). Número de colegiada CV14913. Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED.

Valeria Sabater ha trabajado en el área de la psicología social seleccionando y formando personal. A partir del 2008 ejerce como formadora de psicología e inteligencia emocional en centros de secundaria y ofrece apoyo psicopedagógico a niños con problemas del desarrollo y aprendizaje. Además, es escritora y cuenta con diversos premios literarios.

 

 

 

 

“El peligro que tienen todas las drogas es tu ignorancia”

VÍCTOR AMELA
IMA SANCHÍS
LLUÍS AMIGUET

“El peligro que tienen todas las drogas es tu ignorancia”

Tengo 51 años. Nací en Miami y vivo en Nueva York. Soy profesor de Psiquiatría y Psicología en la Universidad de Columbia. Estoy casado y tengo tres hijos (entre 7 y 34 años). ¿ Política? Derechos humanos fundamentales. ¿ Creencias? ¡Oiga, que yo soy un científico! Uso todas las drogas

Víctor Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet

Otras Fuentes | Foto: Bruce Gilbert

“El peligro que tienen todas las drogas es tu ignorancia”

 

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Reducir daños

Es un tipo ágil y con buenos reflejos, muy elocuente y expresivo, y en la comunidad científica de Estados Unidos tiene visibilidad por su ensayo High price: A neuroscientist’s journey of selfdiscovery that challenges everything you know about drugs and society (Un alto precio: el viaje de un neurocientífico que desafía todo lo que sabemos sobre drogas y sociedad), ya un clásico. Su libro Drugs, society human behavior lleva dieciséis ediciones, y prepara Drug use for grown ups (Uso de drogas para adultos). Ha estado en Barcelona en una jornada organizada por Energy Control (energycontrol.org) y Asociación Bienestar y Desarrollo (abdong.org): buscan reducir daños.

Me cuentan que consume usted drogas.

Como científico, experimento. Y las uso para mejorar mi vida.

¿Mejorar?

Las drogas psicoactivas modifican la psique en favor de lo que busques en cada caso. Suelo disfrutar de las drogas inductoras de las tres E: euforia, energía y empatía.

¿No es eso peligroso?

Tanto como conducir un coche.

Debería argumentarme este símil.

Conducir puede malherirte… si desconoces las normas y si no te adiestras.

Y aun así… correré riesgos.

Se trata de minimizarlos y disfrutar.

¿Puedo minimizar los riesgos de consumir drogas?

Eso enseño a mis hijos: “¡Cuidado con lo que tomáis, testadlo antes, que sea lo que debe!”.

¿El peligro es la adulteración?

Es el gran peligro. Si te dan gato por liebre, puedes dañarte. Se debe al mercado negro al que nos condena el actual prohibicionismo.

Pues no se drogue.

Nadie puede ordenarme eso: el libre acceso a la ebriedad consciente y voluntaria de cada individuo es un derecho inalienable conquistado por el espíritu humano.

¿Instruye a sus hijos sobre el efecto de cada dosis de cada droga?

¡Por supuesto! Es mi deber y mi seguridad.

¿Y si se trata de heroína? ¿Y de cocaína? ¿Y de MDMA?

Conocemos los efectos de cada droga y de cada dosis, según el peso y fisiología de cada persona. ¡Es ciencia pura!

¿Qué drogas usa usted?

Todas, según lo que necesite. Alcohol, pero a medida que envejezco, la resaca es peor.

Me refería a drogas perseguidas.

A veces me viene bien sedarme ligeramente tras un día muy estresante, y uso dosis de heroína. Otras veces busco estimulación o euforia, y uso metanfetamina o cocaína.

¿Y no se ha enganchado?

¡Menos que a conducir mi coche! Muchos se matan conduciendo, pero no pido al Gobierno que prohiba conducir, ni los coches.

Pero existe riesgo de adicción.

No insista, no soy un niño, soy un adulto responsable que no quiere perjudicarse, ¡y no lo hago! Ni a mí ni a otros. Soy profesor, cuido de mi familia, comparto amistades, pago impuestos y me considero buena persona.

Usted es un científico y sabrá hacerlo debidamente, pero un jovencito…

¡Eduquemos a todos los jovencitos, en vez de taparles los ojos, y dejarles tirados y sin información, solos ante el peligro!

¿Y si se enganchan?

Mire, en mi país muere gente… ¡por ignorancia!: mezclan depresores (opiáceos, benzodiazepinas), alcohol… Y toman sin saberlo fentanilo, ¡más potente que la heroína!, en dosis que provocan depresión respiratoria.

¿Ve cómo drogarse es peligroso?

¡Lo peligroso es tu ignorancia sobre las drogas, no ellas! Es muy infantil e irresponsable acogerse al miedo… ¡y prohibirlo todo!

¿Qué genera la actual prohibición?

Engrosa cuarteles de policías, juzgados de procesos penales, bufetes de abogados y cárceles. ¡Esos son los grandes beneficiados! Pero no la salud de nuestros hijos.

Y el mercado negro, me decía… ¿Despenalizaría el comercio de drogas, pues?

La pulsión de drogarse es como el hambre: viene de fábrica. Prohibirla es absurdo. Lo mejor será despenalizar, regular… y educar.

¿Qué cree que pasaría en tal caso?

En los estados de mi país dónde el “cannabis” ya es legal, los arrestos han caído.

¿Ah sí?

Claro, y es buenísimo: una detención estigmatiza, dificultará ser contratado, empujará a la marginación… Un círculo endemoniado… que la legalización está rompiendo.

¿Qué le llevó a estudiar las drogas?

Mi interés por el comportamiento humano me llevó a la neurociencia, y eso a los efectos de las drogas. Y entendí que las drogas no destruyen la sociedad, lo hace la actual política de drogas, la pobreza y la ignorancia.

Si Pedro Sánchez le pidiese un consejo sobre drogas para España…

Le diría que promueva canales de información, y que facilite puestos de controles de calidad de drogas en puntos a los que el ciudadano pueda acudir: que al menos todos puedan testar que lo que han comprado es lo que creen, antes de consumirlo.

Política de reducción de daños…

Al menos eso, por ahora.

¿Qué país está haciéndolo bien?

Suiza es interesante, no demonizan a ningún grupo social por su uso de drogas, pero allí es fácil por su dimensión y homogeneidad.

¿Y en Estados Unidos hay muchos académicos que sostengan sus mismas tesis?

No. Obama reconoció haber probado marihuana y cocaína: salir del armario de los consumos es constructivo para contrastar experiencias y conocimiento. Pero los po­líticos son cobardes e hipócritas, ¡qué lás­tima!

¿No hizo nada más Obama? Y Trump?

El discurso de Obama era más presentable que el de Trump, pero sus políticas sobre drogas son idénticas, e igual de ciegas.

 

LAS TRECE ROSAS…

¿Quiénes fueron las ‘Trece Rosas’?

Las “Trece Rosas” fueron trece mujeres de entre 18 y 29 años fusiladas contra la tapia del cementerio de la Almudena (Madrid) en la madrugada del 5 de agosto de 1939.

Las “Trece Rosas” fueron trece mujeres de entre 18 y 29 años fusiladas contra la tapia del cementerio de la Almudena (Madrid) en la madrugada del 5 de agosto de 1939, debido a su militancia en la organización Juventudes Socialistas Unificadas y su defensa de la legalidad republicana tras el fin de la Guerra Civil Española.

Antes de ser condenadas a muerte por un Consejo de Guerra bajo la acusación de un delito de “adhesión a la rebelión”, las trece jóvenes habían sido conducidas a instalaciones policiales, donde se les torturó para obtener información sobre otros miembros de la organización clandestina, y más tarde, recluidas en el centro penitenciario de mujeres de Ventas, en Madrid, donde aguardaron hacinadas durante meses un desenlace que se intuía dramático.

Fue el asesinato de Isaac Gabaldón, comandante de la Guardia Civil, a manos de tres militantes de la JSU en la noche del 29 de julio de 1939 lo que dinamitó la punición de todos los miembros detenidos anteriormente, entre los que se encontraban 14 mujeres, de las cuales solo una se salvó de la sentencia. 48 horas después de su dictamen, las trece restantes fueron trasladadas en un camión a 500 metros de la prisión y ejecutadas por un pelotón de fusilamiento, quedando para la historia como las “Trece Rosas Rojas” y cumpliendo así con el ruego de una de sus misivas de despedida.

Sus nombres eran Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brissac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.

 

El #SíndromedeAsperger forma parte de los Trastornos del Espectro del Autismo #TEA

El #SíndromedeAsperger forma parte de los Trastornos del Espectro del Autismo #TEA. Es un trastorno del neurodesarrollo; el cerebro de la persona con Asperger funciona de manera diferente a la habitual, especialmente en la comunicación e interacción social y en la adaptación flexible a las demandas diarias.

Comparte las características nucleares del autismo respecto a las dificultades en la comunicación social y en la flexibilidad de pensamiento y comportamiento.
Sin embargo, tiene un lenguaje fluido y una capacidad intelectual media e incluso superior a la media de la población.

Tiene dificultad para entender la comunicación no verbal (gestos, expresiones faciales, tono de voz, etc.) y los mensajes sutiles que se transmiten a través de este canal. Puede hablar durante mucho tiempo de sus temas de interés, pero tiene dificultad para saber cuándo terminar la conversación.
Le cuesta elegir temas de los que “hablar por hablar” o tener una charla “social” con otras personas.

Es muy literal; comprende el lenguaje según el significado exacto de las palabras por lo que muchas veces no entiende las bromas, los chistes, las metáforas o los sarcasmos.
Su expresión verbal es correcta pero, a veces, utiliza el lenguaje de manera muy formal, siendo demasiado preciso, técnico e incluso pedante.

Le resulta difícil reconocer y comprender las reglas sociales “no escritas” por lo que, a veces, puede comportarse de manera inadecuada sin darse cuenta.
Quiere relacionarse con los demás, pero no sabe cómo hacerlo por lo que, a veces, puede encontrarse solo. Al igual que manejarse en situaciones en las que tiene que interactuar con muchas personas a la vez, lo que puede parecer que no quiere relacionarse o integrarse en el grupo.

Puede parecer que no expresa sus emociones ni tiene en cuenta las de los demás pero, en realidad, es que le resulta muy complejo darse cuenta intuitivamente de cuáles son los sentimientos y emociones de otras personas.
Encuentra difícil expresar sus propias emociones de una manera convencional por lo que, a veces, puede parecer que reaccionan de manera inadecuada, desproporcionada o “fuera de lugar”.

#EvoluciónDeLaSaludMental
#TrastornosDelNeurodesarrollo

 

El premio Nobel de medicina denuncia que las farmacéuticas…

 

El premio Nobel de medicina denuncia que las farmacéuticas bloquean medicamentos que curan porque no son negocio – EcoPortal.net

www.ecoportal.net

El ganador del premio Nobel Richard J. Roberts denuncia la forma en la que operan las grandes farmacéuticas dentro del sistema capitalista, anteponiendo los beneficios económicos a la salud y deteniendo el avance científico en la cura de enfermedades porque curar no es tan rentable como la cronicidad.

En esta entrevista, el Premio Nobel de Medicina Richard J. Roberts, denuncia que los fármacos que curan no son rentables y por eso no son desarrollados por las farmacéuticas que, en cambio, sí desarrollan medicamentos cronificadores que sean consumidos de forma serializada.

Esto, señala Roberts, también hace que algunos fármacos que podrían curar del todo una enfremedad no sean investigados. Y se pregunta hasta que punto es válido que la industria de la salud se rija por los mismos valores y principios que el mercado capitalista, los cuales llegan a parecerse mucho a los de la mafia.

¿La investigación se puede planificar?
– Si yo fuera ministro de Ciencia, buscaría a gente entusiasta con proyectos interesantes; les daría el dinero justo para que no pudieran hacer nada más que investigar y les dejaría trabajar diez años para sorprendernos.

– Parece una buena política.
– Se suele creer que, para llegar muy lejos, tienes que apoyar la investigación básica; pero si quieres resultados más inmediatos y rentables, debes apostar por la aplicada…

– ¿Y no es así?
– A menudo, los descubrimientos más rentables se han hecho a partir de preguntas muy básicas. Así nació la gigantesca y billonaria industria biotech estadounidense para la que trabajo.

– ¿Cómo nació?
– La biotecnología surgió cuando gente apasionada se empezó a preguntar si podría clonar genes y empezó a estudiarlos y a intentar purificarlos.

– Toda una aventura.
– Sí, pero nadie esperaba hacerse rico con esas preguntas. Era difícil obtener fondos para investigar las respuestas hasta que Nixon lanzó la guerra contra el cáncer en 1971.

– ¿Fue científicamente productiva?
– Permitió, con una enorme cantidad de fondos públicos, mucha investigación, como la mía, que no servía directamente contra el cáncer, pero fue útil para entender los mecanismos que permiten la vida.

– ¿Qué descubrió usted?
– Phillip Allen Sharp y yo fuimos premiados por el descubrimiento de los intrones en el ADN eucariótico y el mecanismo de gen splicing (empalme de genes).

– ¿Para qué sirvió?
– Ese descubrimiento permitió entender cómo funciona el ADN y, sin embargo, sólo tiene una relación indirecta con el cáncer.

– ¿Qué modelo de investigación le parece más eficaz, el estadounidense o el europeo?
– Es obvio que el estadounidense, en el que toma parte activa el capital privado, es mucho más eficiente. Tómese por ejemplo el espectacular avance de la industria informática, donde es el dinero privado el que financia la investigación básica y aplicada, pero respecto a la industria de la salud… Tengo mis reservas.

– Le escucho.
– La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas.

– Explíquese.
– La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital…

– Como cualquier otra industria.
– Es que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos y millones de seres humanos.

– Pero si son rentables, investigarán mejor.
– Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos.

– Por ejemplo…
– He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad…

– ¿Y por qué dejan de investigar?
– Porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino
que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento.

– Es una grave acusación.
– Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y
de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria farmacológica y comprobará lo que digo.

– Hay dividendos que matan.
– Por eso le decía que la salud no puede ser un mercado más ni puede entenderse tan sólo como un medio para ganar dinero. Y por eso creo que el modelo europeo mixto de capital público y privado es menos fácil que
propicie ese tipo de abusos.

– ¿Un ejemplo de esos abusos?
– Se han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado efectivos y curaban del todo. Como no se han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis, que en mi niñez había sido derrotada, está resurgiendo y ha matado este año pasado a un millón de personas.

– ¿No me habla usted del Tercer Mundo?
– Ése es otro triste capítulo: apenas se investigan las enfermedades tercermundistas, porque los medicamentos que las combatirían no serían rentables. Pero yo le estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la medicina
que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en ella.

– ¿Los políticos no intervienen?
– No se haga ilusiones: en nuestro sistema, los políticos son meros empleados de los grandes capitales, que invierten lo necesario para que salgan elegidos sus chicos, y si no salen, compran a los que son elegidos.

– De todo habrá.
– Al capital sólo le interesa multiplicarse. Casi todos los políticos – y sé de lo que hablo- dependen descaradamente de esas multinacionales farmacéuticas que financian sus campañas. Lo demás son palabras…

La entrevista fue publicada originalmente por el diario español Vanguardia.

Biografía

Richard J. Roberts nació en Derby, Inglaterra, en 1943. Estudió inicialmente Química, posteriormente se traslada a Estados Unidos, donde desarrolla actividad docente en Harvard y en el Cold Spring Harbor Laboratory de Nueva York. Desde 1992 dirige los trabajos de investigación del Biolabs Institute, de Beverly, (Massachusetts).

Obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1993, compartido con Phillip A. Sharp, por su trabajo sobre los intrones, fragmentos de ADN que no tiene nada que ver con la información genética. Pudieron describir que la información depositada en un gen no estaba dispuesta de forma continua, sino que se encontraba fraccionada.

Los primeros experimentos los realizaron sobre material genético de virus, particularmente de adenovirus.

Ambos llegaron a la conclusión de que el ARN ha tenido que preceder en la evolución al ADN.

Ecoportal.net

Visto en: https://pijamasurf.com/

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Source www.ecoportal.net

 

Hans Asperger. AUTISMO…

Un libro revela la verdad

Hans Asperger, el nazi exterminador de niños oculto detrás del célebre pediatra

Una historiadora, madre de un chico con autismo, investigó el secreto mejor guardado del científico que indentificó una de las formas de esa enfermedad. Clarín entrevistó a la autora.

Asperger, en acción. El libro “Asperger’s Children: Los orígenes del autismo en la Viena nazi” revela el exterminio de chicos que dispuso el médico.

 

 

 

Su apellido figura en la historia médica de cientos de miles de niños y niñas de todo el mundo. Las enciclopedias lo recuerdan como un pediatra, investigador, psiquiatra y profesor de medicina austríaco reconocido por sus tempranos estudios sobre desórdenes psicológicos en la infancia. Sin embargo, la biografía de Hans Asperger esconde un pasado siniestro: durante el nazismo, fue cómplice del régimen sumándose con sus diagnósticos a las políticas de exterminio que aplicó el III Reich sobre las criaturas que eran diagnosticadas como “poco aptas” o deficientes. Detrás de los retratos que lo recuerdan como un sanador de chicos, la historiadora estadounidense Edith Sheffer acaba de develar un accionar criminal en su libro Asperger’s Children: Los orígenes del autismo en la Viena nazi que ha generado estupor en los Estados Unidos y en Europa en las últimas semanas.

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El volumen aún no llegó a la Argentina, pero sí su repercusión. Los medios europeos y de América del norte han publicado reseñas y entrevistas en las que se preguntan, como una letanía, ¿cómo fue posible que el pediatra Hans Asperger muriera en 1980 impune? Investigadora del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de California, Berkeley, la profesora Edith Sheffer tiene una hipótesis: “Solo los líderes del programa de eutanasia fueron llevados a juicio y ha llevado décadas que se reconociera el papel de los actores menores. Además, Asperger afirmó después de la guerra que había resistido al nazismo y que, de hecho, había rescatado niños del programa de eutanasia; dado que nunca se había unido al partido nazi, sus afirmaciones parecían verosímiles”, dice a Clarín en un correo electrónico que escribe desde su casa en Palo Alto, California.

Asperger. Dormitorio de niños en el hospital Spiegelgrund (1940).

Asperger. Dormitorio de niños en el hospital Spiegelgrund (1940).

Es de tarde y con los pies apoyados sobre una mesa baja de madera, Sheffer escribe en el patio mientras sus hijos están en la escuela. “Durante el trabajo con este libro, mi hija se sentaba muchas veces conmigo diciendo que necesitaba que me animaran porque el tema era muy triste”, recuerda. Su investigación demandó siete años y comenzó de manera muy personal. Casi íntima: cuando apenas tenía 17 meses, su hijo Éric fue diagnosticado como autista. “Como cualquier madre, leí todo lo que pude sobre eso”, recuerda la historiadora. Varios de los documentos que encontró mencionaban a Asperger. Referían a su trabajo en la Viena nazi, recordaban que había defendido con heroísmo a varios niños de una muerte segura en campos de exterminio e incluso saludaban que hubiera definido el autismo de manera positiva al reparar en la notable inteligencia de algunos de sus pequeños pacientes. Justamente esa era la historia que ella quería contar: la de un héroe. Sin embargo, lo que encontró fue algo muy distinto. Y pavoroso.

Edith Sheffer, historiadora estadounidense, Investigadora del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de California, Berkeley.

Edith Sheffer, historiadora estadounidense, Investigadora del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de California, Berkeley.

–Hasta la publicación de su libro, el doctor Asperger era recordado como un científico honorable que perfiló un trastorno del espectro autista. ¿Cómo descubrió que esto no era así?

–Sí, Hans Asperger tenía una gran reputación. Era recordado porque había defendido las capacidades de niños con algún trastorno, e incluso se decía que había rescatado a chicos de la muerte en el programa nazi de eutanasia. Esto estaba en la página sobre él de la Wikipedia. Me propuse contar esta historia heroica, pero sucedió que apenas consulté el primer archivo, vi que Asperger era en realidad cómplice de la política de higiene racial nazi y que esto iba a ser, en verdad, una historia de terror.

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–¿Qué la motivó a transformar ese primer descubrimiento en una extensa investigación y en este libro?

–Cuando me enteré de la participación de Asperger, pensé en abandonar el proyecto. A mi hijo, Eric, le diagnosticaron autismo, y la idea de escribir sobre un hombre así me provocó pesadillas. También fue insoportable leer los archivos de los casos de aquellos chicos que sufrieron tanto. Honestamente, no creí que pudiera convivir día tras día con este material.

Asperger. Una sala de juegos en el hospital pediátrico, 1921.

Asperger. Una sala de juegos en el hospital pediátrico, 1921.

–Usted explica que Asperger nunca se afilió al partido nazi. ¿Cómo se convirtió en un médico respetado entre los nazis entonces?

–No era inusual que Asperger no se uniera al partido nazi. Solo tres de cada diez médicos en Viena lo hicieron. Y contó con el apoyo incondicional de su mentor Franz Hamburger, el celoso director nazi del Hospital Infantil de la Universidad de Viena. Hamburger lo nombró jefe de Clínica en su hospital y le concedió oportunidades de liderazgo.

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–Se lee en su libro que las investigaciones de Asperger fueron poco científicas. ¿Cuáles eran las bases que usó para definir a los niños como autistas?

–El trabajo fundamental de Asperger sobre la psicopatía autista fue su tesis postdoctoral, escrita para ascender a profesor titular en el apogeo de la guerra. No se lee como una obra científica bien pensada. Se contradice en muchos lugares, y se basa principalmente en estudios de caso de apenas cuatro niños que eran bastante diferentes entre sí. Asperger menciona, de paso, que ha visto otros 200 casos en diez años, pero no entra en detalles. Así, terminó definiendo al autismo una “psicopatía”, que en aquella Alemania tenía connotaciones de criminalidad y abandono. De hecho, creía que el sadismo y la malicia eran intrínsecos a esta condición, lo cual es antitético a la forma en que vemos el autismo hoy en día.

Personal del hospital pediátrico en 1933. Asperger está abajo a la derecha.

Personal del hospital pediátrico en 1933. Asperger está abajo a la derecha.

–Usted revela que en la clínica pediátrica Spiegelgrund de Viena se practicó la eutanasia de aquellos niños que eran considerados irrecuperables. Murieron ahí 789 pequeños pacientes. ¿Cuál fue el papel de Asperger en este plan de exterminio?

–Como pediatra, Asperger trasladó a Spiegelgrund a niños que consideraba gravemente discapacitados. Fue él quien decidió el envío de chicos con múltiples capacidades, desde su clínica, como experto médico de la ciudad de Viena, y como pediatra consultor en escuelas de recuperación.

“Asperger creía que el sadismo y la malicia eran intrínsecos al autismo, lo cual es antitético a la forma en que vemos el autismo hoy en día”

"Asperger creía que el sadismo y la malicia eran intrínsecos al autismo, lo cual es antitético a la forma en que vemos el autismo hoy en día"

Edith Sheffer

HISTORIADORA

–¿Cómo es posible que hubiera padres que llevaban a sus hijos a Spiegelgrund para ser exterminados?

–Sí, algunos padres deseaban que sus hijos fueran admitidos en Spiegelgrund, e incluso pidieron directamente al personal que los matara. Por ejemplo, una mujer, cuyo marido estaba luchando en la guerra, sentía que sus muchos hijos eran una carga que la condenaba a la pobreza y, por eso, llegó a ver en los principios eugenésicos nazis el “lado indigno de la vida”. Incluso me encontré con algunas cartas de agradecimiento escritas por los padres al personal de Spiegelgrund por matar a sus hijos, diciendo que las muertes eran un alivio para la familia o que ponían fin al sufrimiento del niño.

Autismo: series y películas que llevan el tema a la pantalla

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–Le llamó la atención el papel de las mujeres en este plan de exterminio de niños. ¿Qué hicieron concretamente?

–A diferencia de otros programas de exterminio masivo, las mujeres desempeñaron un papel central. Administraron sobredosis de barbitúricos a los niños –ya sea triturándolos para convertirlos en los alimentos que los pequeños pacientes comerían o inyectándoselos– hasta que los chicos se debilitaban y morían, por lo general de neumonía. Esto tenía que parecer una causa natural de muerte.

Hans Asperger murió impune aunque había dispuesto el exterminio de decenas de niños y niñas.

Hans Asperger murió impune aunque había dispuesto el exterminio de decenas de niños y niñas.

–En sus trabajos, Asperger identificó a algunos niños con “inteligencia autista superior”. ¿Qué les pasó a estos niños?

–Si bien Asperger derivó a muchos niños a Spiegelgrund, argumentó que los que se encontraban en el extremo “favorable” de la “gama” de autistas tenían habilidades extraordinarias y, por lo tanto, debían recibir una atención de primera clase. Para estos pacientes, él abogó por muchos de los enfoques progresistas que seguimos hoy en día: terapia de juego intensivo, cuidados genuinos y acompañamiento en la escuela.

“Algunos padres deseaban que sus hijos fueran admitidos en Spiegelgrund, e incluso pidieron directamente al personal que los matara”

"Algunos padres deseaban que sus hijos fueran admitidos en Spiegelgrund, e incluso pidieron directamente al personal que los matara"

Edith Sheffer

HISTORIADORA

–En general, se piensa que una evaluación médica es objetiva. Sin embargo, usted escribe: “Los diagnósticos médicos realizados por una sociedad son el reflejo de sus valores, sus preocupaciones y sus esperanzas”. ¿Cuál fue el papel del diagnóstico en el nazismo?

–Los médicos y los investigadores pueden darle un nombre a una patología, pero la sociedad juega un papel importante en la forma en que se entienden. Los diagnósticos no se nos imponen simplemente. Los aceptamos, los perpetuamos y participamos en su creación. El filósofo Ian Hacking ha descrito cómo los diagnósticos nos llevan a “inventar personas”. Los términos de una clasificación dan forma a las percepciones de las personas a las que se les aplica. Las acciones de un niño clasificado como autista, por ejemplo, a menudo se leen a través del lente del diagnóstico, como algo intrínsecamente autista, que puede oscurecer la singularidad del niño como individuo. El III Reich estaba “inventando gente” en el sentido más extremo. En su elaborado régimen de clasificación, los psiquiatras infantiles basaron sus análisis más en las preocupaciones ideológicas que en las características reales de esos pacientes que estaban ante ellos. La psiquiatría infantil nazi tenía el poder, literalmente, de deshacer a la gente.

Asperger's Children: Los orígenes del autismo en la Viena nazi salió en Estados Unidos y en Francia.

Asperger’s Children: Los orígenes del autismo en la Viena nazi salió en Estados Unidos y en Francia.

–¿Por qué consideró importante que el libro incluyera el testimonio de Eric, su hijo?

–Eric me preguntó si podía escribir algo para el libro. Siempre ha sido un gran entusiasta de este trabajo, habla de él con la gente en la escuela, de manera que pensé que era importante llevar mis hallazgos más allá de la Historia y aplicarlos a la forma en que los niños diagnosticados con autismo son tratados hoy en día. Él está muy orgulloso de su contribución cuando escribió: “El autismo no es real; todos tenemos problemas. Algunos son más visibles que otros, eso es todo. El autismo no es una discapacidad o un diagnóstico, es un estereotipo que se le aplica a algunos individuos”.

 

MADRE

 
 
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