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FELICIDADES KORIA

Origen: FELICIDADES KORIA

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SI PERDONAS…

Cuando no perdonas, te quedas atado al pasado. Una nube de dolor empaña tus días, tus pensamientos, tus decisiones… Dejas que alguien usurpe tu vida y anide en ella…  Vives a través de otros ojos… Cuando no perdonas es porque en realidad lo que esa persona siente por ti o dice de ti es un reflejo de lo que tú crees de ti mismo, aunque no lo quieras ver y admitir… De otra forma, no te afectaría ni causaría dolor. Si no perdonas es porque la estocada recibida viene a traerte un mensaje sobre ti que aún no has aceptado y soltado… Sea o no sea real esa visión de ti, eso no importa… Si no perdonas, es porque no has asumido que el otro es como es y no lo vas a cambiar y, por tanto, eso te impide asumir que tú también eres como eres y  aceptarte…

Aceptar también es admitir el cambio y prepararse para él. De hecho, es el paso previo a que todo empiece a dar vueltas a tu alrededor y des un nuevo paso… Cuando aceptas cómo eres, amas tus debilidades y tus fortalezas, adquieres el poder de decidir sobre ti mismo y volver a tu esencia. Y desde la conciencia más pura de lo que eres, puedes notar si cada paso que das va contigo o contra tu naturaleza…

El que no perdona, sin embargo, sigue atado a la mirada del otro. A la visión que esa otra persona tiene de él. Se ve a través de sus ojos y por ello es incapaz de perdonar la ofensa y “el atrevimiento y la osadía” de hacer que yo me vea como tú me ves y que eso me duela porque aún no he conseguido cambiarlo y asumirlo”.

Leí el otro día que la falta de perdón es la culpa que arrastramos por no ser como soñamos y por el hecho de que los demás nos lo hagan ver… La culpa porque no nos amen como creemos necesitar que nos amen, en una sociedad que educa para que el amor sea dependencia y necesidad pura… La culpa es dolor. Dolor en el alma y el cuerpo. La rabia, el resentimiento, el odio en algunos casos, se nos acumula en los pliegues y nos estalla…

Decía el texto que si no necesitáramos culpar al mundo ni a nosotros mismos de nada, no habría dolor… Porque esa herida abierta es la forma que tenemos de mostrar al otro el daño que nos ha hecho, de recordarle constantemente que actuó mal según nuestra forma de ver la vida, según nuestro mapa mental y vital. Sin necesidad de vengarnos sacando a relucir nuestro dolor, ese dolor no tiene sentido… Sin reproche, no hay herida.

A veces, la herida abierta es la forma en la que nos recordamos también a nosotros mismos lo culpables que somos por no ser como deseamos, por no llegar al altísimo listón que nos hemos impuesto… Nos miramos con tanto desprecio que esa energía negativa tiene que rebotar forzosamente en nosotros y en lo que nos rodea.

Todo lo que le pedimos al mundo es lo que nos pedimos a nosotros mismos.

Lo que criticamos al mundo es lo que vemos en nosotros, lo que soñamos tener y creemos que no podremos alcanzar.

Lo que detestamos de otros es lo mismo que detestamos en nosotros y no queremos admitir…

Las personas que nos rodean son ante nuestros ojos una proyección de nosotros mismos…

Nuestras quejas son las quejas que salen de sus labios y llegan a nuestros oídos.

Vemos al mundo tal y como nos vemos, como decía Kant: “Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros”

La vida que apuramos cada día es un reflejo del estado en que se encuentra nuestra autoestima… Un ejemplo claro de lo que creemos que merecemos…

Lo que deseamos para otros es lo que acaba llegando a nuestras vidas.

Por ello, cuando no perdonamos, no nos perdonamos. Nos quedamos sumergidos en una materia viscosa en la que no nos podemos mover ni pensar.

Perdonar es cerrar las heridas que son testigo de algo que fuimos antes y ya no somos. Es comprender, ponerse en el lugar del otro en un acto de empatía extraordinario que nos ayuda también a entendernos a nosotros mismos y comprender que a veces las personas vienen a nosotros porque lo vamos pidiendo a gritos…

Atraemos lo que somos y lo que necesitamos… Visto así, no tiene sentido enfadarse porque alguien venga a nuestra vida a ayudarnos a entender que merecemos más de lo que creemos y que nos amamos muy poco…

Las personas que llegan a nuestra vida vienen a empujarnos a dar un paso más, a que comprendamos más sobre nosotros…

Perdonar es decidir amarse tanto que ya no nos importe lo que mundo piensa de nosotros. Si no lo hacemos, no encontramos la quietud para seguir. La sensación de estar contigo mismo y saber que estás comprometido con tu felicidad.

Perdonar es hacerse feliz. Decidir que es mejor amar que ganar, que la paz que sentimos al cerrar puertas que quedaron entreabiertas vale más que tener razón e imponerse.

Perdonar es asumir tu responsabilidad y aceptar que no hay culpas porque cada persona vive su verdad y actúa en consecuencia.

Mientras no somos capaces de encontrar esa paz deliciosa de “no necesitar”  ganar, imponernos, demostrar o encajar, somos un híbrido entre lo que ya no somos y lo que soñamos ser…

Hasta que no asumimos el perdón como un regalo y no como una pérdida no podemos agradecer la enseñanza y el valor de cada experiencia…

Si no perdonamos, no nos perdonamos porque seguimos dando poder a los demás sobre nuestras vidas… Les damos capacidad de gestionar e incidir en lo que sentimos, en  lo que soñamos, en lo que merecemos y nos miramos a través de sus ojos…

Nos volvemos tan duros que nos rompemos y nos agrietamos con la esperanza de que algo de luz entre en nosotros…

No es fácil. El ego siempre necesita justificar y medir, comprobar y calcular… Siempre quiere vencer y necesitar. Siempre encontrará la excusa para demorar el momento y te hará creer que no ha llegado aún la hora… Te confundirá para que sustituyas tu autoestima maltrecha por un orgullo hinchado que no te deje ver más allá de tu nariz y te dirá que no hay más verdad que la tuya… Te hará creer que perdonar es sacrificio en lugar de la maravillosa recompensa de estar en paz contigo. Te susurrará consignas para que sigas luchando en una guerra sin sentido cuya victoria es la derrota más absoluta para tu capacidad de amar, tu generosidad y tu grandeza.

De todas las decisiones pendientes que tenemos, la de perdonar es la más complicada y valiente… La más dura, tal vez, pero es sin duda la que más cambia nuestras vidas. El mayor regalo que podemos hacernos a nosotros mismos es perdonar.

Perdonar es rescatarse a uno mismo de una muerte lenta de reproches y pensamientos amargos… Abrirse de par en par y dejar que corra el aire limpio y entren sensaciones nuevas y maravillosas. Perdonar es vivir en paz.

Si perdonas, encuentras todas las piezas del puzle y descubres que sólo depende de ti mismo que encajen.

A muchas personas no les gusta la palabra perdonar porque les suena a estar por encima del otro. Cada uno hace las cosas como sabe a cada momento y según su nivel de conciencia… Lo podemos llamar comprender y soltar ese dolor, cerrar la herida y desearle lo mejor a esa persona. Lo llamemos como lo llamemos, todos sabemos qué significa y hasta dónde nos compromete. Porque el compromiso real es siempre con nosotros mismos.

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QUE VIVAN LAS MUJERE…DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA…8 DE MARZO

 

8 DE MARZO DIA DE LA MUJER TRABAJADORA

 
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8 DE MARZO DIA DE LA MUJER TRABAJADORA

 

FELIZ AÑO NUEVO…VIVIR SIN MEDIDA

5688975_bbf36Esto se acaba… Otra

VIVIR SIN MEDIDA

vez… Desde hace días que oigo un montón de ideas sobre cómo será el nuevo año. Dicen que será mejor, que este 2016 ha sido un año duro y complicado y que 2017 será un momento para que las ideas fluyan y las soluciones lleguen. No lo voy a negar, tengo ganas… Espero que este, como me pasó en 2015, sea mi año.

De todas formas, hay algo que me queda claro después de este 2016 cargado de todo… Ha sido un año amargo y dulce. Un año de abrir heridas antiguas para convertirlas en cicatrices… Un año de golpes y decepciones, de falsedades descubiertas y verdades crudas. Un momento para caricias con garras afiladas y enorme confusión… Este año me han pasado cosas maravillosamente terribles… He bebido remedios amargos y he topado con realidades incluso más increíbles que las fantasías más locas…Lo repaso y algunas cosas aún me hacen estremecer…

Me quedan ahora algunas preguntas en el aire que necesito compartir… ¿Es realmente negativo eso? Lo digo porque este ha sido uno de los años más duros de mi vida y a la vez el año en el que me he sentido más libre y más yo misma que nunca… Este año me he descubierto de verdad y me he dejado guiar por mi intuición y mi entusiasmo…

¿No necesitamos momentos así? ¿No necesitamos tormenta para que luego llegue la calma? ¿No es al caer que tomamos la fuerza para levantarnos?  Sólo encontrando en lo más profundo de ti lo más oscuro, lo que te ocultas y no quieres conocer a veces, puedes llegar a encontrar tu luz y brillar intensamente… ¿Qué seríamos sin nuestras sombras? ¿qué pasaría si no pudiéramos encontrar nuestras aristas más cortantes? ¿cómo las limaríamos? Y si no pudiéramos ver lo que no queremos ser ¿cómo sabríamos cuál es nuestra misión en la vida?

Y para las personas con las que nos cruzamos.. ¿Cómo elegiríamos bien a los mejores compañeros si no topáramos con personas que no merecen nuestra compañía?  ¿Cómo crecer hasta llegar a la altura de nuestros sueños sin las dificultades? ¿Cómo llegar a ser nuestra mejor versión sin subir esta escalera de caracol angosta y complicada? A pesar del vértigo y de que a veces no se puede ver dónde sujetarse porque no hay barandilla… ¿Qué somos si no comprendemos lo que no somos?

Lo digo porque al mirar atrás y pedir un poco paz interior entre tanta tormenta, me veo de pie, erguida, llevando mi barca a puerto, arriando mis velas, vestida de sal de mar y revuelta de arena y me doy cuenta de que he aprendido a navegar… Que he conocido aún más si cabe el dolor y el miedo, la aventura de adentrarse en ese mar lleno de belleza y hondura, un mar bravo lleno de vida y de todo lo que cabe esperar… Desengaño, pasión, viento huracanado, calma deliciosa, tiburones insaciables y olas gigantes… Me miro y a pesar de la dificultad del trayecto veo en mis ojos la extraña belleza del cambio, de la experiencia, de saber que he podido a pesar de caer hasta el fondo y golpearme en las rocas… El gesto del que se conoce y complace de conocerse aún sabiendo de sus rincones oscuros y sus imperfecciones necesarias… Y sólo se me ocurre mirar al mar y dar gracias, por todas y cada una de sus envestidas y caricias, que me han llevado a esta persona que ahora soy…

Es cierto, nos toca calma…Nos hace mucha falta un momento de paz para evaluar daños y recomponernos… Sin embargo, somos quienes somos por cómo hemos librado batalla y mantenido la esencia ante los momentos duros… Por cómo hemos sabido extraer la enseñanza al horror y la belleza del dolor…

Somos lo que somos porque el mar estaba bravo y decidimos salir a navegar en lugar de quedarnos en casa…

Somos lo que somos porque preferimos arriesgar a quedarnos con la mirada de siempre y dejar que nuestras pupilas se invadieran de rutina…

Somos lo que somos porque decidimos serlo a pesar de los golpes secos y las caricias falsas…

Y el premio por soportar tanto contratiempo sin salir corriendo, somos nosotros… Conocernos, amarnos, tenernos…

Sólo los que se conocen deciden su futuro.

Y eso, es gracias a nosotros y años como este 2016 que agoniza y casi pide perdón por los mordiscos necesarios, los arañazos y las puñaladas a traición…

No se trata de como sea este nuevo año, se trata de cómo somos nosotros.

Tocaba crecer y el mundo nos puso delante los maestros adecuados…

Tocaba perder y la vida nos arrancó a veces lo amado para que sepamos que en realidad no tenemos nada más que nosotros mismos…

Tocaba vivir y el universo casi nos arranca la vida para que recordemos lo hermosa que es…

Hay momentos para todo… Que este 2017 nos traiga calma y nos empuje a cumplir sueños…

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Ahora, toca mar plana, olas chicas que llegan a la arena y besan las rocas con placidez…Dejar de luchar para soltar amarras y notar la vida, dejar que nos acaricie el sol y nos venza este mar amable y tranquilo… Toca llegar a puerto y abrazar la paz de conocernos y sabernos más libres.

Toca brillar y desplegar las alas para que se note lo aprendido…Para enseñar a otros que buscan su rumbo que es posible.

Toca mostrar nuestra luz al mundo y compartirla… Sólo así se hará más grande, inmensa, eterna…

Toca mostrar quiénes somos ahora que ya lo tenemos claro.

Toca abrazar nuestra esencia y vivir sin medida.

Mercè Roura

 

PARA TODOS MIS AMIG@ Y FAMILIA…

CON TODO MI CARIÑO OS DEDICO ESTE VIDEO, PARA QUE SIEMPRE TENGÁIS EN CUENTA…

 
 
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