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Archivo de la categoría: PERSONAJES HISTORICOS

ANÓNIMO VENECIANO…MUSICA

 

 

7 RAZONES POR LAS QUE NUNCA ES DEMASIADO TARDE EN LA VIDA

7 RAZONES POR LAS QUE NUNCA ES DEMASIADO TARDE EN LA VIDA

“Debes vivir en el presente, lanzarte en cada ola, encontrar tu eternidad en cada momento. Los tontos se paran en su isla de oportunidades y miran hacia otra tierra. No hay otra tierra; no hay otra vida, sino ésta.” – Henry David Thoreau

Nuestra vida es limitada -al menos en el número de años que pasamos ​​en la Tierra. Por tanto, muchas personas tratan de “vivir” tanto como sea posible. Otras se estancan en los hubiera/debería haber/podría haber/tendría que haber. Algunas otras experimentan un profundo sentimiento de pesar, incluso algunos desarrollan depresión u otras condiciones de salud. Otros pasan por fases temporales, como la temida “crisis de la mediana edad”.

Pero, ¿qué logra este tipo de pensamiento? Nada. Es natural que experimentamos arrepentimiento de vez en cuando; sin embargo, la dura verdad es que el pasado no puede ser cambiado. Lo único que puede cambiar somos nosotros como resultado de ese pasado. Incluso podemos aliviar el daño que nos ha hecho.

No podemos sumar ni restar años de nuestra vida, sólo podemos vivir cada momento y tratar de sacar el máximo provecho de ello. Dicho esto, continuemos con el tema que nos trajo hasta aquí hoy.

7 RAZONES POR LAS QUE NUNCA ES TARDE EN LA VIDA

  1. TODO LO QUE EXISTE  ESTÁ EN EL PRESENTE

Piénsalo por un momento. ¿Cuántos de nosotros estamos tan envueltos en lo que se hizo en el pasado o en lo que vamos a hacer en el futuro, y todo el tiempo abandonando el presente? ¿Cuántos de nosotros realmente vivimos en el momento?

Algunos científicos han postulado que el tiempo -junto con su naturaleza finita- es una ilusión. Sea una ilusión o no, la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que la vida es sólo una serie de eventos, o momentos, que experimentamos.

Entonces, ¿por qué no enfocarse en lo único que realmente podemos experimentar ahora mismo, en el momento presente?

  1. CAMBIAR UNA COSA A LA VEZ

Hay un error que muchos cometemos al experimentar algún tipo de arrepentimiento en nuestras vidas. Deberíamos concentrar nuestros esfuerzos en cambiar el aspecto/defecto/actitud de nosotros, de nuestra personalidad que nos lleva a cometer el error, en lugar de pensar en todo lo que percibimos que hemos hecho mal debido a eso. Como resultado, estamos abrumados y experimentamos “parálisis”.

Cuando estamos demasiado ocupados pensando en todas las cosas que necesitamos cambiar, es imposible tomar una acción constructiva. Cuando nos centramos en una sola cosa  que mejorar, es mucho, mucho más fácil.

No necesitamos abordar todo a la vez, ¡sólo necesitamos enfocarnos en una cosa y mejorarla!

  1. PODEMOS IR A PASOS DE BEBÉ

Claro que somos un poco mayores, pero eso no significa que tenemos que cambiar todo de la noche a la mañana. Sin mencionar que cuando tratamos de progresar demasiado rápido, nuestros resultados sufren. ¿Cuál es el punto de apresurarse?

Mejor frena un poco y cambia lo que realmente quieres. ¡Serás mucho más feliz con los resultados!

  1. EL FUTURO ES INCIERTO

Por supuesto, nadie sabe lo que sucederá en el futuro. Piense en cuán mejor sería la vida si viviéramos cada día intensamente.

Puede parecer que estamos repitiendo lo que ya hemos dicho, pero es muy importante recordarles esto porque es especialmente necesario si estás tratando de hacer cambios positivos en tu vida.

  1. TODAVÍA TENEMOS VOLUNTAD

“¡Donde hay voluntad, hay una manera!” ¿Cuántas veces hemos escuchado esto? Y qué cierto es. Sin nuestra voluntad, no somos nada.

Si estás respirando, tu voluntad está activa y lista para ser usada. Se podría decir que nuestra voluntad es uno de los elementos más importantes del ser humano, quizá sólo después del alma.

Tienes tu mente, tienes tu alma y ​​tienes tu voluntad. ¡Guíate por ellos!

  1. EL AUTO MEJORAMIENTO NO EXPIRA

Casi sin excepción, parte del arrepentimiento experimentado en la vida es el resultado de no “alcanzar” algo. Cuando uno siente que no ha alcanzado su verdadero potencial, puede dejar una marca dolorosa. Pero la capacidad de mejorarse uno mismo no expira.

¿Quieres estudiar una carrera pero eres “muy mayor”? ¡Qué importa, hazlo! No olvides: ¡Donde hay voluntad, hay una manera! Si ya tienes la voluntad, busca la manera.

  1. NUESTRO LEGADO

¿Cómo pensarán las generaciones futuras de nosotros cuando hayamos partido de esta Tierra? ¿Estarán inspirados y motivados por tu vida? ¿O les serás indiferente, incluso estarán un poco decepcionados?

Es bastante sorprendente que muchas personas piensen en su legado hasta muy tarde en la vida. Pero es uno de los mayores regalos que podemos dejar a nuestros descendientes.

 

IDA VITALI… POEMA, EN EL DORSO DEL CIELO

En el dorso del cielo

No es casual 

lo que ocurre por azar: 

un fragmento de nada se protege 

del no ser, se entrecruza 

de signos, impulsos, 

síes y noes, atrasos y adelantos, 

trozos de geometría celeste, 

coordenadas veloces en el tiempo

y algo ocurre. 

Lazos para nosotros pálidos, 

son obvios para lo que no ve más, 

y nosotros la ventana abierta 

desde donde la tela blanca vuela 

cubierta de sueños. 

Pero uno llama azar 

a su imaginación insuficiente.

Ida Vitale

 

JESUS DE NAZARÉ, PORQUE LO MATARON?

POR QUÉ MURIÓ Y POR QUÉ LO MATARON

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Mc 15, 1-41

Hoy no es nada fácil dar sentido a la complicada y aparentemente contradictoria liturgia de este domingo de Ramos. Con el recuerdo de la entrada “triunfal” en Jerusalén, debemos actualizar la experiencia de Jesús de caminar hacia la meta, es decir, su pasión y su muerte. Jesús toma la decisión de subir a Jerusalén, sabiendo lo que eso iba a significar. Esta es la clave para interpretar todo lo que vamos a celebrar durante la Semana Santa. Estamos conmemorando la entrega total de sí mismo, que Jesús vivió.

Aunque la liturgia comienza con la entrada “triunfal” de Jesús en Jerusalén, la fuerza de los acontecimientos que vamos a recordar esta semana, anula casi por completo ese triunfo muy relativo y pasajero. Como en el caso de la purificación del templo, no podemos pensar en una manifestación multitudinaria espectacular. Hubiera sido la ocasión ideal, que los dirigentes judíos estaban esperando, para prender a Jesús. Probablemente se trató de un pequeño grupo de seguidores que se unieron a los discípulos en aclamaciones espontáneas.

Jesús había desarrollado toda su actividad en Galilea, y la mayor parte de los peregrinos que venían a la fiesta eran galileos. Muchos de ellos reconocerían a Jesús, que también subía a Jerusalén, y se unieron a su grupo. Este hecho lo aprovecharon después los cristianos para evocar el AT y aludir a una entrada de Jesús como Mesías.

Lo verdaderamente importante en el relato de la pasión, está más allá de los acontecimientos que se pueden narrar. Lo esencial no se puede encerrar en palabras. Lo que los textos nos quieren trasmitir, está en la actitud de Jesús que refleja plenitud de humanidad. Lo importante no es la muerte física de Jesús, lo importante es descubrir por qué le mataron, por qué murió y cuáles fueron las consecuencias de su muerte para él y para los discípulos.

La Semana Santa no es el único momento en el que debemos referirnos a la significación de la salvación operada por Cristo, pues ésta es una referencia central de la fe cristiana; pero sí es una ocasión privilegiada para plantearnos la conveniencia de la revisión de nuestros esquemas teológicos al respecto, para tomar conciencia de la coherencia de toda la vida de Jesús.

Dándose cuente de las consecuencias de sus actos, no da un paso atrás, y las acepta plenamente. Es todo un aldabonazo para nosotros, que estamos siempre tratando de acomodarnos a todos los vientos, con tal de evitar consecuencias desagradables. Sabemos perfectamente que nuestra plenitud está en darnos a los demás, como decíamos el domingo pasado, pero seguimos calculando nuestras acciones para no ir demasiado lejos; poniendo límites “razonables” a nuestra entrega; sin darnos cuenta de que un amor “calculado” es un egoísmo camuflado.

¿Por qué le mataron?

La muerte de Jesús es la consecuencia directa de un rechazo frontal y absoluto por parte de los jefes religiosos de su pueblo. Rechazo a sus enseñanzas y rechazo a su persona. No debemos pensar en un rechazo gratuito y malévolo. Los sacerdotes, los escribas, los fariseos no eran gente depravada, que se opusieran a Jesús porque era buena persona. Eran gente religiosa que pretendía ser fieles a la voluntad de Dios, que para ellos estaba definida en la ley de Moisés.

La pregunta que se hacían era esta: ¿Era Jesús el profeta, como creían algunos de los que le seguían, o era el antiprofeta que seducía al pueblo y le llevaba fuera de la religión judía?

La respuesta no era tan sencilla como nos puede parecer hoy. Por una parte, Jesús iba claramente contra la Ley y contra el templo, signos inequívocos del antiprofe­ta. Pero por otra, los signos de amor a todos que hacía, eran una muestra de que Dios estaba con él, como dijo el mismo Nicodemo.

Lo mataron porque denunció a las autoridades religiosas por utilizar a Dios y la religión para oprimir al pueblo. Pero ellos siguieron pensando que era el Dios el que legitimaba ese dominio sobre la gente sencilla. Le mataron por afirmar, con hechos y palabras, que el hombre concreto está por encima de la Ley y del templo.

¿Por qué murió?

Solo indirectamente podemos aproximarnos a lo que Jesús experimentó ante su propia muerte. Ni era un inconsciente ni era un loco ni era masoquista. Tuvo que darse cuenta que los jefes religiosos querían eliminarlo. Lo que nos importa a nosotros es descubrir las poderosas razones que Jesús tenía para seguir diciendo lo que tenía que decir y haciendo lo que tenía que hacer, a pesar de que estaba seguro que eso le acarrearía la muerte.

Además tomó conscientemente la decisión de ir a Jerusalén donde estaba el verdadero peligro. Que le importara más ser fiel a sí mismo y a Dios, que salvar la vida, es el dato que nosotros debemos valorar. Dejó que le mataran para demostrar que la única manera de servir a Dios es ponerse del lado del oprimido.

Hay que tener en cuenta que no solo se trató de la muerte física, sino de la total aniquilación y escarnio de toda la persona ante la sociedad. Por lo tanto, no se puede pensar en la muerte de Jesús, desconectándola de su vida. Su muerte fue consecuencia de su vida, de lo que manifestó a través de ella y de lo que enseñó.

La encarnación no ha sido una programación por parte de Dios para que su Hijo muriera en la cruz y de este modo nos librara de nuestros pecados. Jesús fue plenamente un ser humano que tomó sus propias decisiones. Porque esas decisiones fueron las adecuadas, de acuerdo con las exigencias de su verdadero ser, nos han marcado a nosotros el camino de la verdadera salvación.

Si nos quedamos con el Cristo resucitado y glorioso, que murió por obediencia al Padre y nos conformamos con darle culto, hemos malogrado no solo su muerte sino toda su vida.

¿Qué consecuencias tuvo su muerte?

Hay explicaciones teológicas de la muerte de Jesús que han llegado hasta nosotros y que se siguen presentando a los fieles, aunque la inmensa mayoría de los exegetas y de los teólogos las han abandonado hace tiempo. Se trataría de interpretar la muerte de Jesús como un rescate exigido por Dios para pagar la deuda por el pecado. Además de ser un mito ancestral, está en contra de la idea de Dios que el mismo Jesús despliega en todo el evangelio. Un Dios que es amor, que es Padre, no casa en absoluto con el Señor que exige el pago de una deuda hasta el último centavo.

No es la hora de insistir en la atrocidad del pecado que ha llevado a Jesús a la cruz. Debemos de insistir en la salvación que necesitamos como pecadores, es decir, no salvados. Pero no para estar pendientes de que Dios tenga misericordia de nosotros, sino para descubrir que nuestra salvación está en seguir el camino de entrega que Jesús recorrió. La salvación consiste en descubrir el amor que es Dios y está ya en nosotros.

Para los apóstoles, la muerte fue el revulsivo que les llevó al descubrimiento de lo que era verdaderamente Jesús. “Os conviene que yo me vaya…”

Durante su vida lo siguieron como el amigo, el maestro, incluso el profeta; pero estaban muy lejos de conocer el verdadero significado de la persona de Jesús. A ese descubrimiento no podían llegar a través de lo que oían y lo que veían; se necesitaba un proceso de maduración interior y un conocimiento vivencial, al que solo se puede llegar por experiencia interna. La muerte de Jesús les obligó a esa profundización en su persona, y a descubrir, en aquel Jesús de Nazaret, al “Señor”, al “Mesías” al “Cristo” y al “Hijo”… En esto consistió la experiencia pascual. Ese mismo recorrido debemos hacer nosotros si queremos celebrar la Pascua.

A nosotros hoy, la muerte de Jesús nos obliga a plantear la verdadera hondura de toda vida humana. Jesús supo encontrar, como ningún otro hombre, el camino que debe recorrer todo ser humano para alcanzar su plenitud. Amando hasta el extremo, nos dio la verdadera medida de lo humano. Desde entonces, nadie tiene que romperse la cabeza para buscar el camino de mayor humanidad. Si quiero dar pleno sentido a mi vida, no tengo otro camino que el amor total, hasta la muerte si las circunstancias lo exigieran.

La manera de interpretar la muerte de Jesús determina la manera de ser cristiano y de ser hombre. Hoy, también hay miles de seres humanos que están entregando su vida por los demás. Ser cristiano no es subir a la cruz con Jesús, sino ayudar a bajar de la cruz a tanto crucificado que hoy podemos encontrar en nuestro camino.

Jesús, muriendo de esa manera, hace presente a un Dios sin pizca de poder externo, pero repleto de amor, que es la fuerza suprema. En ese amor reside la verdadera salvación. El “poder” de Dios no queda reservado para el momento de la resurrección, sino que lo debemos descubrir en Jesús, cuando es capaz de amar hasta entregar la vida.

Meditación-contemplación

Ningún sufrimiento salva por sí mismo,

ni siquiera el de Jesús.

Lo que salva es la actitud de fidelidad a su verdadero ser,

que Jesús mantuvo durante su vida y afianzó en la cruz.

……………..

Vivir una verdadera humanidad, es perder el miedo a la muerte,

porque no afecta para nada a mi verdadero ser.

El miedo a la muerte es la esclavitud más difícil de romper.

Toda clase de opresión nace de esta esclavitud.

……………….

La Vida que Dios me ha dado, envuelve todo mi ser.

Con esa Vida divina, se me dan oportunidades infinitas de ser.

Con ella se me ha dado todo.

Nada tengo que esperar y nada debo temer.

…………

Fray Marcos

 

Las buenas personas no suelen sospechar de la maldad ajena…

Las buenas personas no suelen sospechar de la maldad ajena

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

  • 12 noviembre, 2018

La maldad ajena no debe hacer que cambiemos nuestra forma de ser y que desconfiemos de todos los que nos rodean. La culpa nunca será nuestra, sino de los que intenten aprovecharse de nosotros

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En ocasiones, pecamos de inocentes. No vemos venir las dobles intenciones, los egoísmos encubiertos o las falsedades envueltas en papel de regalo y acciones amables. La maldad, o mejor dicho, las traiciones o el interés ajeno, son muy comunes en nuestras relaciones de cada día.

Hay quien suele predicar aquello de “piensa mal y acertarás”. Pero las buenas personas, o aquellas que sencillamente prefieren siempre ver lo mejor de todo aquello que les envuelve, no suelen tener esta visión de los acontecimientos.

La nobleza de corazón mira siempre el lado bueno de las personas. Prefiere entregarse, dar segundas oportunidades y practicar la confianza. De ahí que a lo largo de sus vidas se lleven más de una decepción. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

La maldad encubierta y los egoísmos disfrazados

El psicólogo e investigador Howard Gardner sorprendió a los medios con un comentario que dio la vuelta al mundo. Según el profesor de Harvard y gran divulgador sobre la inteligencia humana, las malas personas nunca llegan a ser buenos profesionales. Podrán alcanzar el éxito, pero nunca la excelencia.

Para Gardner, las buenas personas son aquellas que no buscan el reconocimiento, sino que se ven motivadas en sus trabajos por ofrecer un bien y un beneficio común. Es entonces, a través de esta visión y este sentimiento, cuando una persona llega a ser un buen profesional.

Lo mismo ocurre en el ámbito privado y relacional. Esa excelencia “personal” solo se alcanza propiciando el bienestar ajeno y el respeto mediante la reciprocidad. Quienes no practican esta apertura emocional y buscan solo el interés propio no construyen lazos, no crean puentes ni refuerzan vínculos.

No obstante, un problema añadido es que las personas con buenas intenciones, los nobles de corazón, no suelen percibir a aquel que va con mala intención.

Lee también: Detrás de todo niño rebelde hay una emoción que no sabe expresar

El interés encubierto

Según diversos estudios científicos realizados por el psicólogo Robert Feldman, de la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos), cerca del sesenta por ciento de las personas dicen de media tres mentiras diarias.

  • Ahí se incluyen desde omisiones, exageracionesy hasta falsedades serias que persiguen un interés egoísta. Podríamos concluir así que hay “mentiras piadosas” y “grandes falsedades”. Estas últimas son las más destructivas.

  • El interés encubierto es aquel que busca un propósitoy que no duda en llevar cabo ciertos comportamientos engañosos para alcanzar un fin.

  • Los expertos en comportamiento humano indican que, de algún modo, todos buscamos beneficios de todos quienes nos rodean. No obstante, lo más común es esperar respeto, reconocimiento, cariño, amistad… Dimensiones que deben ofrecerse en libertady por voluntad propia.

Las personas que esconden en su corazón ciertas gotas de maldad y una pincelada de sutil egoísmo, manipulan a otras para conseguir sus propósitos.

Se produce pues una clara disonancia entre sus verdaderos sentimientos y las acciones que despliegan. Un comportamiento que no siempre podemos prever y que, por lo general, las buenas personas ni sospechan.

La nobleza de corazón no suele anticipar el falso interés

Caracterizadas por practicar la confianza, el respeto y el altruismo, muchas personas de noble corazón no anticipan el falso interés. Es así por diferentes razones:

  • La maldad o el egoísmo suele presentar un comportamiento encubierto que no es fácil de ver o intuir.

  • Las buenas personas se caracterizan por tener una gran empatía. La empatía es, ante todo, ser sensible ante las emociones ajenas, emociones como la tristeza, la alegría, la necesidad, la preocupación…

  • El cerebro humano por lo general, “no suele empatizar con la maldad o el egoísmo”. De ahí que no se perciba.

Y además, cuando alguien busca algún propósito de nosotros, hace uso de las sutiles artes del engaño y la manipulación. Por lo general, despiertan en nosotros la ternura, la amistad y otras emociones positivas que nos hacen caer en sus redes. Un proceso muy complejo.

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Las decepciones

Las decepciones suelen ser muy frecuentes en el corazón de una buena persona. Casi nadie dispone en su interior de un radar para captar la maldad ajena o la doble intención.

Por ello, la decepción suele ser mayor. Nos decepcionamos por ese dolor que nos han causado al caer en el engaño. Y también nos contrariamos con nosotros mismos, por no haberlo anticipado, por “pecar de ingenuos”.

No obstante, antes de martirizarnos con este tipo de pensamientos destructivos personalizándolos, hemos de asumir lo ocurrido como una experiencia, como un aprendizaje.

Las decepciones deben abrirnos los ojos, pero nunca cerrarnos el corazón. De lo contrario dejaremos de ser nosotros mismos. Y eso es algo que no podemos permitir. No dejes que comportamientos ajenos te obliguen a ser alguien que no eres.

 

Detrás de cada persona hay una historia que la hizo fuerte

A menudo suele decirse aquello de que una persona no nace de verdad, hasta que la vida le da un golpe. Hasta que aprende a ser fuerte.

 

 

 

UNA MUJER FUERTE….

Las mujeres fuertes están agotadas emocionalmente, a continuación las 6 razones de por qué

Según la gente, una mujer fuerte va por la vida de forma feroz sin preocuparse por lo que los demás piensen de ella. Hace ver que la vivir la vida es algo simple y sencillo. Una mujer fuerte es una que motiva e inspira a los demás a vivir su vida de la forma que quieran. No aceptará un no como respuesta y persigue lo que desea, incluso si otras personas se oponen. Una mujer fuerte desea que los demás saquen el máximo provecho de las oportunidades y busquen alcanzar sus sueños, sin importar las circunstancias. Este tipo de mujer siempre está exigiéndose para ser la mejor y animando a los demás para que también sean la mejor versión de ellos mismos.

Para el resto del mundo, una mujer fuerte tiene una reserva infinita de energía. Es una luchadora y se enfrentará con quien sea y con lo que sea para lograr lo que quiere. Cuando se trata de cuidar de otras personas, una mujer fuerte es el tipo de gente que cuida por naturaleza. A pesar de lo cansada que pueda estar, siempre se hará cargo de sus responsabilidades y cuidará de sus seres queridos. Las mujeres fuertes tienen la misma cantidad de horas al día que todos, pero algunas veces parece que son más productivas que una persona normal. Aunque una mujer fuerte siempre tiene un horario ocupado, encuentra la forma de tener tiempo para todo. Incluso con todas las responsabilidades que tiene, una mujer fuerte es capaz de fluir por la vida sin demasiado esfuerzo, sin dejar que nada la abrume.

Nada se interpone en su camino y nada evitará que alcance sus sueños. Sin embargo, aunque parezca que es una supermujer, una mujer fuerte es humana y tiene sus propias debilidades. Sigue sintiendo ansiedad y estrés, como cualquier otra persona. Para la gente, a las mujeres fuertes no parece afectarlas la negatividad, pero en medio de su fortaleza estas mujeres tienen que lidiar con los mismos sentimientos y pensamientos tóxicos que todo el mundo tiene. Aunque logran enfrentar la vida con una sonrisa, la presión que sienten es en parte debido a todas las responsabilidades que asumen.

Por esta razón, aunque son personas asombrosas, las mujeres fuertes suelen sentirse muy cansadas todo el tiempo. Aunque esta sensación de cansancio puede ser física, gran parte de ella es cansancio emocional. Si esto no se trata, el cansancio podría afectar el cuerpo y la mente de la mujer. Una mujer fuerte que está acostumbrada a cierto nivel de productividad se encontrará perdida cuando no pueda hacer tantas cosas como quiera. Cuando tienen que lidiar con el cansancio emocional, ya suelen haberse dejado la piel y están haciendo lo mejor que pueden para continuar. Aunque el mundo aplaude a estas fuertes mujeres por vivir su vida de la forma que quieren, comentan el error de no abordar el cansancio emocional que suele acompañar este estilo de vida.

¿Por qué están cansadas emocionalmente?

  1. Nunca recurren a los demás para tener seguridad emocional.

¿Eres el tipo de mujer que siempre lidia con sus propias emociones? Aunque deberías solo recurrir a ti para tener seguridad emocional, también es cierto que deberías tener a personas en tu vida con las que puedes compartir

  1. Dan y dan y nunca reciben nada a cambio.

Las mujeres fuertes suelen ser personas que dan naturalmente. Aunque no hay nada malo con dar, puedes dejar de dar si no hay nada más que ofrecer. Ya que las mujeres fuertes rara vez piden algo, suelen quedarse sintiendo más vacías que las demás.

  1. Sienten dolor adentro, pero no lo dejan salir.

Las mujeres fuertes suelen tener la impresión de que siempre deben mostrarse fuertes. No hay nada malo con la fortaleza, pero tampoco hay nada malo con ser vulnerable.

  1. No se dan el cuidado que se merecen.

Eres humana. Necesitas amor, cariño y cuidado, como cualquier otra persona. Las mujeres fuertes rara vez reciben estas cosas porque sencillamente intimidan a los demás o le proyectan al resto del mundo la impresión de que ya están bien cuidadas.

  1. Nunca piden amor.

Las mujeres fuertes nunca piden amor, al menos esto es lo que cree el resto del mundo. Sin embargo, las mujeres fuertes, como cualquier otra persona, necesitan amor.

  1. No les gusta compartir sus problemas con los demás.

Abrirte para contar tus problemas puede ser una señal de debilidad. La verdad es que las mujeres fuertes también necesitan a alguien con el cual hablar sobre sus problemas.

¡Las mujeres fuertes deberían seguir viviendo de la misma forma mientras que también se aseguran de que cuidan de ellas! ¿Estás de acuerdo? ¡Cuéntanos tu opinión en los comentarios y no se te olvide compartir esto con todas las mujeres fuertes en tu vida!

 

PARA QUÉ…

D18

No me sirve cualquier sueño, pero sobre todo no me sirve cualquier camino. La forma de llegar a lo que amamos y deseamos marca la gran diferencia en nuestras vidas y poco a poco, cuando creces por dentro, te das cuenta de que es el verdadero premio… El sueño está en el detalle, en el pequeño paso, en el día a día, en lo que conviertes en rutina en tu vida, en lo que te atreves a cuestionar y decidir. El sueño se empieza a conseguir el día que te das cuenta de que lo que importa es cómo llegas a él y decides apostar por tu coherencia.

Puedo no llegar a la meta pero, no puedo permitirme no saber encontrar la paz cuando me dé cuenta de que no la alcanzo, ni fallar en esto de sobrellevar la pena de no cumplir planes, ni acabar listas de objetivos.

Aunque puedo tardar un día o dos, tres años o un siglo en hacerme a la idea de que a pesar de que nada es imposible no todo pasa, no todo llega y a veces en eso hay cierto sentido. A veces, el premio principal de tu vida es lograr encajar las derrotas y convertirlas en éxito. Conseguir la actitud de un ganador mientras asumes que no llegas a la meta o que no llegas primero… Una vez consigues eso, esa magia, nada se resiste. Porque te has transformado…

A veces, las cosas que deseas no suceden. O al menos eso nos parece… Tal vez porque no se ve qué es lo que estás dibujando con los tumbos que das a cada paso, hasta que has dado los suficientes como para poder tomar perspectiva. Hasta que te levantas de ti mismo y te miras desde el aire y ves que no caminabas en círculo sino que dibujabas en la tierra tu firma, que dejabas tu huella sin saber para quién… A veces, no estás en el camino que deseas pero descubres que eres útil en él para muchas personas y sabes que es en realidad tu camino… Porque estás haciendo en él lo que soñabas hacer en otro y no te has dado cuenta de que no importa cómo sino para qué.

La vida nos moldea y a veces nos pone en nuestro sitio. Nos recuerda que fallar es necesario y que cada error es un maestro para dar el siguiente paso… Un paso que a menudo puede cambiar de sentido, de rumbo, desaparecer o hacerse tan pequeño que parece que no avanzas nada, que no pasa nada en tu vida porque no te mueves…

Echar tus raíces lleva tiempo. Uno tiene que escoger a qué tierra pertenece, en qué mundo vive, a qué cielo aspira, qué le sacude y le conmueve. Tiene que conocer todos sus recovecos oscuros y haber encontrado todas sus aristas más cortantes antes de que los primeros brotes se abran paso a través de la tierra y vean la luz.

Echar raíces requiere tanta paciencia que los impacientes a veces se cansan.

Requiere tanto entusiasmo, que los entusiastas a veces se agotan y se quedan dormidos.

Requiere tanto trabajo, que los más trabajadores a veces abandonan porque se sienten desnudos y vacíos, porque acaban creyendo que cae en saco roto.

Echar raíces a veces te deja tan roto que no recuerdas qué estabas haciendo ni para qué. Y al final, sólo llegan los que resisten, los que aguantan no saben cómo, los que se empeñan de verdad .

A veces, los que llegan lo han soportado todo porque a medio camino decidieron que lo que importaba no eran precisamente las hojas sino las raíces. Porque se dieron cuenta de que el trabajo de mirar hacia dentro para conocerse y aceptar todo lo que allí encontraban era tan valioso que la verdadera cosecha era crecer hacia abajo, hacia la tierra… Crecer por dentro y sentirse sólido y a la vez ligero. Soltar la carga de tener que llegar a nada en concreto… Agradecer el poder respirar, el sentir, el tocar, el acariciar este día sin que este día tenga que ser tasado, valorado, recordado, sin que se tenga que asignar a nada una nota, un número de cuenta, un valor añadido…

No es lo que hacemos, es para qué lo hacemos.

A veces, el que llega es el que está en sí mismo y no el que produce sin saber para qué. El sentido que le damos a nuestros logros lo cambia todo. No somos máquinas de producir, somos seres humanos que necesitan darle sentido a lo que hacen. Nuestro “para qué” es tan importante que a veces no conseguimos lo que soñamos porque no lo tenemos claro o porque lo hemos confundido. Si queremos llegar para demostrar, no llegamos jamás porque el que necesita ir dando lecciones al mundo nunca habrá dado las suficientes… El que va llenando huecos ahí afuera para ser admirado y compensar con ello el amor que no siente por él mismo, nunca recibirá suficientes halagos… El que está en el camino porque ama el camino y desea la meta para seguir amando y compartir, ya tiene su recompensa en cada milímetro que avanza.

Las metas importan pero, al final, a medio recorrido podemos descubrir que las que estamos anhelando no son las verdaderas sino las que pensábamos que era nuestras pero eran de otros… Que nos hemos puesto retos asequibles y en realidad aspiramos a más, pero nos conformábamos porque no creemos merecer de verdad… O por el contrario que nos elevamos tanto el listón que en el fondo nos estábamos castigando, nos hacíamos subir una montaña muy alta para demostrar que nada nos frenaba y asegurarnos sufrir durante el ascenso… Lo que importa de verdad es cómo llegamos y nuestra forma de aceptar la derrota, el cambio de rumbo, el desatino y el error.

Lo que importa es la sonrisa, el abrazo, el aliento que nos queda para que al día siguiente sigamos dando la lata con algo hermoso que conquistar…

Sin perdernos cada momento, cada detalle, cada pequeño gesto de la vida….

No podemos decir sí a todos los caminos para llegar porque algunos nos piden dejar el alma antes del último ascenso y eso nos convertiría en huérfanos de nosotros mismos.

Lo que importa está en nosotros y pasa por sacudirse la angustia y caminar. Si el camino a tu sueño no pasa a través de ti ni te pide que saques tus penas al sol, no es el camino que buscas…

No me sirve cualquier camino, porque el sentido de andarlo es llegar a mí mientras recorro todos mis miedos y mis rarezas y suelto todas las necesidades que me inventé para soportarlos. No importa cómo, ni dónde, ni a quién… Sólo para qué.

No importan las hojas, lo que importa son las raíces…<AUTORA… 

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