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Archivo de la categoría: RINCON DE LA FE…

JOAN MANUEL SERRAT “LA SAETA”

 

JESUS DE NAZARÉ, PORQUE LO MATARON?

POR QUÉ MURIÓ Y POR QUÉ LO MATARON

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Mc 15, 1-41

Hoy no es nada fácil dar sentido a la complicada y aparentemente contradictoria liturgia de este domingo de Ramos. Con el recuerdo de la entrada “triunfal” en Jerusalén, debemos actualizar la experiencia de Jesús de caminar hacia la meta, es decir, su pasión y su muerte. Jesús toma la decisión de subir a Jerusalén, sabiendo lo que eso iba a significar. Esta es la clave para interpretar todo lo que vamos a celebrar durante la Semana Santa. Estamos conmemorando la entrega total de sí mismo, que Jesús vivió.

Aunque la liturgia comienza con la entrada “triunfal” de Jesús en Jerusalén, la fuerza de los acontecimientos que vamos a recordar esta semana, anula casi por completo ese triunfo muy relativo y pasajero. Como en el caso de la purificación del templo, no podemos pensar en una manifestación multitudinaria espectacular. Hubiera sido la ocasión ideal, que los dirigentes judíos estaban esperando, para prender a Jesús. Probablemente se trató de un pequeño grupo de seguidores que se unieron a los discípulos en aclamaciones espontáneas.

Jesús había desarrollado toda su actividad en Galilea, y la mayor parte de los peregrinos que venían a la fiesta eran galileos. Muchos de ellos reconocerían a Jesús, que también subía a Jerusalén, y se unieron a su grupo. Este hecho lo aprovecharon después los cristianos para evocar el AT y aludir a una entrada de Jesús como Mesías.

Lo verdaderamente importante en el relato de la pasión, está más allá de los acontecimientos que se pueden narrar. Lo esencial no se puede encerrar en palabras. Lo que los textos nos quieren trasmitir, está en la actitud de Jesús que refleja plenitud de humanidad. Lo importante no es la muerte física de Jesús, lo importante es descubrir por qué le mataron, por qué murió y cuáles fueron las consecuencias de su muerte para él y para los discípulos.

La Semana Santa no es el único momento en el que debemos referirnos a la significación de la salvación operada por Cristo, pues ésta es una referencia central de la fe cristiana; pero sí es una ocasión privilegiada para plantearnos la conveniencia de la revisión de nuestros esquemas teológicos al respecto, para tomar conciencia de la coherencia de toda la vida de Jesús.

Dándose cuente de las consecuencias de sus actos, no da un paso atrás, y las acepta plenamente. Es todo un aldabonazo para nosotros, que estamos siempre tratando de acomodarnos a todos los vientos, con tal de evitar consecuencias desagradables. Sabemos perfectamente que nuestra plenitud está en darnos a los demás, como decíamos el domingo pasado, pero seguimos calculando nuestras acciones para no ir demasiado lejos; poniendo límites “razonables” a nuestra entrega; sin darnos cuenta de que un amor “calculado” es un egoísmo camuflado.

¿Por qué le mataron?

La muerte de Jesús es la consecuencia directa de un rechazo frontal y absoluto por parte de los jefes religiosos de su pueblo. Rechazo a sus enseñanzas y rechazo a su persona. No debemos pensar en un rechazo gratuito y malévolo. Los sacerdotes, los escribas, los fariseos no eran gente depravada, que se opusieran a Jesús porque era buena persona. Eran gente religiosa que pretendía ser fieles a la voluntad de Dios, que para ellos estaba definida en la ley de Moisés.

La pregunta que se hacían era esta: ¿Era Jesús el profeta, como creían algunos de los que le seguían, o era el antiprofeta que seducía al pueblo y le llevaba fuera de la religión judía?

La respuesta no era tan sencilla como nos puede parecer hoy. Por una parte, Jesús iba claramente contra la Ley y contra el templo, signos inequívocos del antiprofe­ta. Pero por otra, los signos de amor a todos que hacía, eran una muestra de que Dios estaba con él, como dijo el mismo Nicodemo.

Lo mataron porque denunció a las autoridades religiosas por utilizar a Dios y la religión para oprimir al pueblo. Pero ellos siguieron pensando que era el Dios el que legitimaba ese dominio sobre la gente sencilla. Le mataron por afirmar, con hechos y palabras, que el hombre concreto está por encima de la Ley y del templo.

¿Por qué murió?

Solo indirectamente podemos aproximarnos a lo que Jesús experimentó ante su propia muerte. Ni era un inconsciente ni era un loco ni era masoquista. Tuvo que darse cuenta que los jefes religiosos querían eliminarlo. Lo que nos importa a nosotros es descubrir las poderosas razones que Jesús tenía para seguir diciendo lo que tenía que decir y haciendo lo que tenía que hacer, a pesar de que estaba seguro que eso le acarrearía la muerte.

Además tomó conscientemente la decisión de ir a Jerusalén donde estaba el verdadero peligro. Que le importara más ser fiel a sí mismo y a Dios, que salvar la vida, es el dato que nosotros debemos valorar. Dejó que le mataran para demostrar que la única manera de servir a Dios es ponerse del lado del oprimido.

Hay que tener en cuenta que no solo se trató de la muerte física, sino de la total aniquilación y escarnio de toda la persona ante la sociedad. Por lo tanto, no se puede pensar en la muerte de Jesús, desconectándola de su vida. Su muerte fue consecuencia de su vida, de lo que manifestó a través de ella y de lo que enseñó.

La encarnación no ha sido una programación por parte de Dios para que su Hijo muriera en la cruz y de este modo nos librara de nuestros pecados. Jesús fue plenamente un ser humano que tomó sus propias decisiones. Porque esas decisiones fueron las adecuadas, de acuerdo con las exigencias de su verdadero ser, nos han marcado a nosotros el camino de la verdadera salvación.

Si nos quedamos con el Cristo resucitado y glorioso, que murió por obediencia al Padre y nos conformamos con darle culto, hemos malogrado no solo su muerte sino toda su vida.

¿Qué consecuencias tuvo su muerte?

Hay explicaciones teológicas de la muerte de Jesús que han llegado hasta nosotros y que se siguen presentando a los fieles, aunque la inmensa mayoría de los exegetas y de los teólogos las han abandonado hace tiempo. Se trataría de interpretar la muerte de Jesús como un rescate exigido por Dios para pagar la deuda por el pecado. Además de ser un mito ancestral, está en contra de la idea de Dios que el mismo Jesús despliega en todo el evangelio. Un Dios que es amor, que es Padre, no casa en absoluto con el Señor que exige el pago de una deuda hasta el último centavo.

No es la hora de insistir en la atrocidad del pecado que ha llevado a Jesús a la cruz. Debemos de insistir en la salvación que necesitamos como pecadores, es decir, no salvados. Pero no para estar pendientes de que Dios tenga misericordia de nosotros, sino para descubrir que nuestra salvación está en seguir el camino de entrega que Jesús recorrió. La salvación consiste en descubrir el amor que es Dios y está ya en nosotros.

Para los apóstoles, la muerte fue el revulsivo que les llevó al descubrimiento de lo que era verdaderamente Jesús. “Os conviene que yo me vaya…”

Durante su vida lo siguieron como el amigo, el maestro, incluso el profeta; pero estaban muy lejos de conocer el verdadero significado de la persona de Jesús. A ese descubrimiento no podían llegar a través de lo que oían y lo que veían; se necesitaba un proceso de maduración interior y un conocimiento vivencial, al que solo se puede llegar por experiencia interna. La muerte de Jesús les obligó a esa profundización en su persona, y a descubrir, en aquel Jesús de Nazaret, al “Señor”, al “Mesías” al “Cristo” y al “Hijo”… En esto consistió la experiencia pascual. Ese mismo recorrido debemos hacer nosotros si queremos celebrar la Pascua.

A nosotros hoy, la muerte de Jesús nos obliga a plantear la verdadera hondura de toda vida humana. Jesús supo encontrar, como ningún otro hombre, el camino que debe recorrer todo ser humano para alcanzar su plenitud. Amando hasta el extremo, nos dio la verdadera medida de lo humano. Desde entonces, nadie tiene que romperse la cabeza para buscar el camino de mayor humanidad. Si quiero dar pleno sentido a mi vida, no tengo otro camino que el amor total, hasta la muerte si las circunstancias lo exigieran.

La manera de interpretar la muerte de Jesús determina la manera de ser cristiano y de ser hombre. Hoy, también hay miles de seres humanos que están entregando su vida por los demás. Ser cristiano no es subir a la cruz con Jesús, sino ayudar a bajar de la cruz a tanto crucificado que hoy podemos encontrar en nuestro camino.

Jesús, muriendo de esa manera, hace presente a un Dios sin pizca de poder externo, pero repleto de amor, que es la fuerza suprema. En ese amor reside la verdadera salvación. El “poder” de Dios no queda reservado para el momento de la resurrección, sino que lo debemos descubrir en Jesús, cuando es capaz de amar hasta entregar la vida.

Meditación-contemplación

Ningún sufrimiento salva por sí mismo,

ni siquiera el de Jesús.

Lo que salva es la actitud de fidelidad a su verdadero ser,

que Jesús mantuvo durante su vida y afianzó en la cruz.

……………..

Vivir una verdadera humanidad, es perder el miedo a la muerte,

porque no afecta para nada a mi verdadero ser.

El miedo a la muerte es la esclavitud más difícil de romper.

Toda clase de opresión nace de esta esclavitud.

……………….

La Vida que Dios me ha dado, envuelve todo mi ser.

Con esa Vida divina, se me dan oportunidades infinitas de ser.

Con ella se me ha dado todo.

Nada tengo que esperar y nada debo temer.

…………

Fray Marcos

 

Las buenas personas no suelen sospechar de la maldad ajena…

Las buenas personas no suelen sospechar de la maldad ajena

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

  • 12 noviembre, 2018

La maldad ajena no debe hacer que cambiemos nuestra forma de ser y que desconfiemos de todos los que nos rodean. La culpa nunca será nuestra, sino de los que intenten aprovecharse de nosotros

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En ocasiones, pecamos de inocentes. No vemos venir las dobles intenciones, los egoísmos encubiertos o las falsedades envueltas en papel de regalo y acciones amables. La maldad, o mejor dicho, las traiciones o el interés ajeno, son muy comunes en nuestras relaciones de cada día.

Hay quien suele predicar aquello de “piensa mal y acertarás”. Pero las buenas personas, o aquellas que sencillamente prefieren siempre ver lo mejor de todo aquello que les envuelve, no suelen tener esta visión de los acontecimientos.

La nobleza de corazón mira siempre el lado bueno de las personas. Prefiere entregarse, dar segundas oportunidades y practicar la confianza. De ahí que a lo largo de sus vidas se lleven más de una decepción. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

La maldad encubierta y los egoísmos disfrazados

El psicólogo e investigador Howard Gardner sorprendió a los medios con un comentario que dio la vuelta al mundo. Según el profesor de Harvard y gran divulgador sobre la inteligencia humana, las malas personas nunca llegan a ser buenos profesionales. Podrán alcanzar el éxito, pero nunca la excelencia.

Para Gardner, las buenas personas son aquellas que no buscan el reconocimiento, sino que se ven motivadas en sus trabajos por ofrecer un bien y un beneficio común. Es entonces, a través de esta visión y este sentimiento, cuando una persona llega a ser un buen profesional.

Lo mismo ocurre en el ámbito privado y relacional. Esa excelencia “personal” solo se alcanza propiciando el bienestar ajeno y el respeto mediante la reciprocidad. Quienes no practican esta apertura emocional y buscan solo el interés propio no construyen lazos, no crean puentes ni refuerzan vínculos.

No obstante, un problema añadido es que las personas con buenas intenciones, los nobles de corazón, no suelen percibir a aquel que va con mala intención.

Lee también: Detrás de todo niño rebelde hay una emoción que no sabe expresar

El interés encubierto

Según diversos estudios científicos realizados por el psicólogo Robert Feldman, de la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos), cerca del sesenta por ciento de las personas dicen de media tres mentiras diarias.

  • Ahí se incluyen desde omisiones, exageracionesy hasta falsedades serias que persiguen un interés egoísta. Podríamos concluir así que hay “mentiras piadosas” y “grandes falsedades”. Estas últimas son las más destructivas.

  • El interés encubierto es aquel que busca un propósitoy que no duda en llevar cabo ciertos comportamientos engañosos para alcanzar un fin.

  • Los expertos en comportamiento humano indican que, de algún modo, todos buscamos beneficios de todos quienes nos rodean. No obstante, lo más común es esperar respeto, reconocimiento, cariño, amistad… Dimensiones que deben ofrecerse en libertady por voluntad propia.

Las personas que esconden en su corazón ciertas gotas de maldad y una pincelada de sutil egoísmo, manipulan a otras para conseguir sus propósitos.

Se produce pues una clara disonancia entre sus verdaderos sentimientos y las acciones que despliegan. Un comportamiento que no siempre podemos prever y que, por lo general, las buenas personas ni sospechan.

La nobleza de corazón no suele anticipar el falso interés

Caracterizadas por practicar la confianza, el respeto y el altruismo, muchas personas de noble corazón no anticipan el falso interés. Es así por diferentes razones:

  • La maldad o el egoísmo suele presentar un comportamiento encubierto que no es fácil de ver o intuir.

  • Las buenas personas se caracterizan por tener una gran empatía. La empatía es, ante todo, ser sensible ante las emociones ajenas, emociones como la tristeza, la alegría, la necesidad, la preocupación…

  • El cerebro humano por lo general, “no suele empatizar con la maldad o el egoísmo”. De ahí que no se perciba.

Y además, cuando alguien busca algún propósito de nosotros, hace uso de las sutiles artes del engaño y la manipulación. Por lo general, despiertan en nosotros la ternura, la amistad y otras emociones positivas que nos hacen caer en sus redes. Un proceso muy complejo.

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Las decepciones

Las decepciones suelen ser muy frecuentes en el corazón de una buena persona. Casi nadie dispone en su interior de un radar para captar la maldad ajena o la doble intención.

Por ello, la decepción suele ser mayor. Nos decepcionamos por ese dolor que nos han causado al caer en el engaño. Y también nos contrariamos con nosotros mismos, por no haberlo anticipado, por “pecar de ingenuos”.

No obstante, antes de martirizarnos con este tipo de pensamientos destructivos personalizándolos, hemos de asumir lo ocurrido como una experiencia, como un aprendizaje.

Las decepciones deben abrirnos los ojos, pero nunca cerrarnos el corazón. De lo contrario dejaremos de ser nosotros mismos. Y eso es algo que no podemos permitir. No dejes que comportamientos ajenos te obliguen a ser alguien que no eres.

 

Detrás de cada persona hay una historia que la hizo fuerte

A menudo suele decirse aquello de que una persona no nace de verdad, hasta que la vida le da un golpe. Hasta que aprende a ser fuerte.

 

 

 

Franck Pourcel – Morir de Amor

 

UNA MUJER FUERTE….

Las mujeres fuertes están agotadas emocionalmente, a continuación las 6 razones de por qué

Según la gente, una mujer fuerte va por la vida de forma feroz sin preocuparse por lo que los demás piensen de ella. Hace ver que la vivir la vida es algo simple y sencillo. Una mujer fuerte es una que motiva e inspira a los demás a vivir su vida de la forma que quieran. No aceptará un no como respuesta y persigue lo que desea, incluso si otras personas se oponen. Una mujer fuerte desea que los demás saquen el máximo provecho de las oportunidades y busquen alcanzar sus sueños, sin importar las circunstancias. Este tipo de mujer siempre está exigiéndose para ser la mejor y animando a los demás para que también sean la mejor versión de ellos mismos.

Para el resto del mundo, una mujer fuerte tiene una reserva infinita de energía. Es una luchadora y se enfrentará con quien sea y con lo que sea para lograr lo que quiere. Cuando se trata de cuidar de otras personas, una mujer fuerte es el tipo de gente que cuida por naturaleza. A pesar de lo cansada que pueda estar, siempre se hará cargo de sus responsabilidades y cuidará de sus seres queridos. Las mujeres fuertes tienen la misma cantidad de horas al día que todos, pero algunas veces parece que son más productivas que una persona normal. Aunque una mujer fuerte siempre tiene un horario ocupado, encuentra la forma de tener tiempo para todo. Incluso con todas las responsabilidades que tiene, una mujer fuerte es capaz de fluir por la vida sin demasiado esfuerzo, sin dejar que nada la abrume.

Nada se interpone en su camino y nada evitará que alcance sus sueños. Sin embargo, aunque parezca que es una supermujer, una mujer fuerte es humana y tiene sus propias debilidades. Sigue sintiendo ansiedad y estrés, como cualquier otra persona. Para la gente, a las mujeres fuertes no parece afectarlas la negatividad, pero en medio de su fortaleza estas mujeres tienen que lidiar con los mismos sentimientos y pensamientos tóxicos que todo el mundo tiene. Aunque logran enfrentar la vida con una sonrisa, la presión que sienten es en parte debido a todas las responsabilidades que asumen.

Por esta razón, aunque son personas asombrosas, las mujeres fuertes suelen sentirse muy cansadas todo el tiempo. Aunque esta sensación de cansancio puede ser física, gran parte de ella es cansancio emocional. Si esto no se trata, el cansancio podría afectar el cuerpo y la mente de la mujer. Una mujer fuerte que está acostumbrada a cierto nivel de productividad se encontrará perdida cuando no pueda hacer tantas cosas como quiera. Cuando tienen que lidiar con el cansancio emocional, ya suelen haberse dejado la piel y están haciendo lo mejor que pueden para continuar. Aunque el mundo aplaude a estas fuertes mujeres por vivir su vida de la forma que quieren, comentan el error de no abordar el cansancio emocional que suele acompañar este estilo de vida.

¿Por qué están cansadas emocionalmente?

  1. Nunca recurren a los demás para tener seguridad emocional.

¿Eres el tipo de mujer que siempre lidia con sus propias emociones? Aunque deberías solo recurrir a ti para tener seguridad emocional, también es cierto que deberías tener a personas en tu vida con las que puedes compartir

  1. Dan y dan y nunca reciben nada a cambio.

Las mujeres fuertes suelen ser personas que dan naturalmente. Aunque no hay nada malo con dar, puedes dejar de dar si no hay nada más que ofrecer. Ya que las mujeres fuertes rara vez piden algo, suelen quedarse sintiendo más vacías que las demás.

  1. Sienten dolor adentro, pero no lo dejan salir.

Las mujeres fuertes suelen tener la impresión de que siempre deben mostrarse fuertes. No hay nada malo con la fortaleza, pero tampoco hay nada malo con ser vulnerable.

  1. No se dan el cuidado que se merecen.

Eres humana. Necesitas amor, cariño y cuidado, como cualquier otra persona. Las mujeres fuertes rara vez reciben estas cosas porque sencillamente intimidan a los demás o le proyectan al resto del mundo la impresión de que ya están bien cuidadas.

  1. Nunca piden amor.

Las mujeres fuertes nunca piden amor, al menos esto es lo que cree el resto del mundo. Sin embargo, las mujeres fuertes, como cualquier otra persona, necesitan amor.

  1. No les gusta compartir sus problemas con los demás.

Abrirte para contar tus problemas puede ser una señal de debilidad. La verdad es que las mujeres fuertes también necesitan a alguien con el cual hablar sobre sus problemas.

¡Las mujeres fuertes deberían seguir viviendo de la misma forma mientras que también se aseguran de que cuidan de ellas! ¿Estás de acuerdo? ¡Cuéntanos tu opinión en los comentarios y no se te olvide compartir esto con todas las mujeres fuertes en tu vida!

 

ENFERMEDADES MENTALES…

7 enfermedades que tu mente crea y te están matando poco a poco

“Tu peor enemigo no te puede dañar tanto como tus propios pensamientos…”
Buda

¿Te has puesto a pensar que la mente se puede convertir en uno de tus peores enemigos? No sólo por las pesadillas que recrea después de leer alguna novela de terror o ver una película de suspenso, su poder va más allá, desde lograr que alcancemos una meta que parecía imposible, hasta arruinar los planes (de cualquier índole) que teníamos. 

Hay una frase que dice que somos nuestros pensamientos, refiriéndose justamente a que, todo aquello que creemos, queremos y atraemos con la mente es lo que se materializa. 

La relación existente entre la psique (mente) y el cuerpo (soma) son las causantes de lo que conocemos como “enfermedades psicosomáticas”, las cuales pueden convertirse en una verdadera pesadilla.  

Aunque parezca insignificante, el 25 % de las molestias físicas que tenemos se deben a causas psicológicas, es por eso que la buena relación entre mente y cuerpo es de mucha importancia para el bienestar de todas las personas.

Generalmente los síntomas que se manifiestan en nuestro cuerpo cuando existe alguna enfermedad pueden ser explicados y atendidos por un médico que nos indica lo que debemos hacer para tener una pronta recuperación; sin embargo, cuando ésta es psicosomática, los síntomas no pueden ser explicados por ningún experto, haciendo más difícil que el paciente vuelva a sentirse mejor.

Es por eso que controlar nuestras emociones y pensamientos es de suma importancia, ya que en muchas ocasiones (más de los que creemos) nuestras molestias corporales son muestra de algo que ocupa nuestra mente. Por ejemplo, los daños físicos como caída del cabello y úlceras son ocasionadas principalmente por el estrés y la depresión.

El ritmo al que vivimos en la actualidad, aunado a las presiones sociales y laborales, además de las responsabilidades que tenemos en la cotidianidad, causan que descuidemos un aspecto realmente importante: el interior, que está directamente conectado con la mente y su bienestar, por lo tanto, con el resto de nuestro ser.

Existen siete enfermedades psicosomáticas que cada día van en aumento, debido a lo que anteriormente hemos enunciado. Si has tenido algunos malestares pero en realidad no sabes bien a qué se debe porque el médico te dice que no tienes “nada”, te recomendamos seguir leyendo, tal vez aquí encuentres aquello que te aqueja y puedas descubrir la razón: 

Dolor de cabeza

 

Causado por el estrés, depresión o ansiedad, estos dolores llegan a convertirse en un problema de salud común en todo el mundo. La tensión y dolor en los hombros, el cuello y la cabeza es una consecuencia del ajetreo diario por todas las actividades que realizamos, pero que puede disminuir e incluso desaparecer si tomamos las medidas necesarias para calmarnos y respirar un poco.

Infarto

 

El poco control que tenemos sobre nuestras emociones también es un problema común en todos los seres humanos, especialmente cuando se trata de la ira, a la que la mayoría estamos expuestos y puede, incluso, causar un infarto. Cuando nos enojamos en demasía, nuestro cuerpo genera grasa que está dispuesta a quemarse en una actividad física, de no ser así el corazón podría sufrir graves consecuencias.

Dolor abdominal crónico

 

Este tipo de dolor también es causado por el mal manejo de nuestras emociones. A pesar que en la mayoría de los casos esta molestia es originada por la mala alimentación que en ocasiones llevamos, el enojo y la tristeza también son un punto clave para sentir “un hoyo en el estomago”. 

Fibromialgia

 

La hipersensibilidad o dolor crónico muscular en todo el cuerpo, viene acompañada de síntomas como dificultad para dormir, dolor de cabeza, hormigueo en las piernas y en los pies, falta de concentración y, sobre todo, dolor cuando presionan algún músculo. Generalmente este padecimiento es causado por una carga extrema de estrés o por algún evento traumático.

Fatiga crónica

 

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La falta de energía suele ser muy abrumadora para la vida diaria. Si has sentido que ni durmiendo 12 horas has descansado bien, es probable que tengas esta enfermedad. Así como en otros padecimientos psicosomáticos, la fatiga crónica también es provocada por el mal manejo emocional, pues al estar a la defensiva todo el tiempo y el no permitirnos ser vulnerables nos puede agotar, así como llevar el estrés laboral o personal todo el tiempo presente en la mente.

Úlceras

 

El horror del estrés llega nuevamente con esta molestia. Lo que comienza como una gastritis común y corriente puede convertirse en una peritonitis aguda que es capaz de llevarnos a la muerte. La ansiedad y el estilo de vida que llevamos actualmente, además de los malos hábitos alimenticios que llevamos, son algunas de las causas de estas pequeñas lesiones en la mucosa de nuestro aparato digestivo.

Afecciones inmunitarias

 

Cuando padecemos un cuadro de ansiedad, estrés o depresión, nuestras defensas tienden a bajar, provocando que nos enfermemos más, teniendo malestares innecesarios en nuestra vida, es por eso que la relajación, el ejercicio y aprender a respirar son actividades muy importantes para nuestra salud. 

Normalmente no le damos importancia al poder que nuestra mente tiene, creemos que nuestro cerebro sirve sólo para llevar a cabo las actividades del trabajo o de la escuela, pero no ponemos atención ni le damos el valor que merece. Veámoslo así: nuestra mente es nuestro hogar, en él viven no sólo nuestros sueños y recuerdos, también nuestro presente y aunque no lo creamos, cada palabra y pensamiento que pasa por él tiene gran repercusión a nivel físico, anímico y sentimental. Cuídala, procúrala, a ninguno de nosotros nos gusta tener una casa sucia en la cual no se pueda descansar. 

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RESPETO

RESPETO

Actitud que reconoce y aprecia el valor y la dignidad de los demás y les trata de acuerdo con ese valor “La actuación propia de un buen ciudadano contempla cinco actitudes sociales: el altruismo optimista, la responsabilidad social y política, el respeto, la lealtad, la justicia” (Del vídeo: “¿En qué consiste el aprendizaje de la competencia cívica?”, Parlamento de Navarra) Sin duda la palabra respeto es una de las más presentes en el ámbito educativo. Desde muy pequeños se nos decía que hay que respetar las cosas, los horarios, las normas, el entorno, a uno mismo y sobre todo, que hay que respetar a los demás. Pero damos por hecho que todo el mundo entiende lo que significa respetar. A juzgar por el comportamiento generalizado de muchos chicos y chicas (y también de muchos adultos) no sería una pérdida de tiempo dedicar algunas reflexiones a la importancia capital y a la necesidad urgente de fomentar el respeto como actitud educativa básica. Notamos, en efecto, que hay muchos niños y adolescentes insensibles, fríos, incluso despectivos hacia los mayores o hacia los mismos compañeros (especialmente de edad inferior a la propia). Esto es bien visible en la escuela, en la calle y en el propio hogar. Los adultos ven cómo un grupo de muchachos ni se apartan cuando alguien quiere pasar, o no saludan, o gritan palabras vulgares para hacerse notar, o lanzan miradas altaneras en señal de reto. Bromas pesadas, juegos peligrosos, imágenes pornográficas, abusos del móvil, de los videojuegos o del i-pod, se han convertido en algo “normal” en hogares y escuelas, donde padres y maestros llegan a sentir miedo de sus hijos o alumnos.

Es triste ver a muchachos que luchan por ocupar los asientos del tren o del autobús, sin ninguna deferencia hacia personas ancianas o más necesitadas, o que arrojan papeles y objetos al suelo sin el menor cuidado hacia la limpieza pública o el posible daño que otros puedan sufrir. Es muy elocuente pasearse un sábado por la mañana por los lugares donde la noche anterior ha tenido lugar un “botellón”. El punto de partida es la dignidad de la persona Respetar es una actitud que reconoce y aprecia el valor y la dignidad de los demás y les trata de acuerdo con ese valor. Se extiende también al entorno, a la propiedad de los demás. Comienza con la consideración del otro como persona, como alguien valioso en sí mismo y con los mismos derechos fundamentales. También nos debemos respeto a nosotros mismos, en cuanto personas, y debemos tratarnos a nosotros mismos de acuerdo con nuestra dignidad. Reconocer en los demás su dignidad como personas y no dejar espacio a la ofensa y el menosprecio o a las manifestaciones discriminatorias supone el inicio de un camino hacia una sociedad más acogedora, pacífica y justa. El respeto en el fondo es la “regla de oro” de la convivencia: es tratar a los demás como deseas ser tratado, querer para los demás el bien que quieres para ti. Porque el otro es como yo, una persona, y una persona no debe ser nunca tratada como medio con vistas a otra cosa o persona. Utilizarla, manipularla o servirse de ella como si fuese un objeto sería menospreciarla. Además, el amor a las personas supone siempre el respeto. No podemos amar verdaderamente a nadie si no le respetamos. En ocasiones se confunde el respeto con otras actitudes que nada tienen que ver con él. El respeto no es: • Sumisión, sino madurez para saber valorar a los demás y las cosas de nuestro entorno. A veces nacerá de la obediencia, pero ha de convertirse en criterio propio, en lucidez y serenidad, en amabilidad, responsabilidad, estabilidad y firmeza. • Indiferencia; la indiferencia implica ausencia de sentimientos, no valora a la otra persona como igual, muchas veces ni siquiera la valora en absoluto. • Omisión; el respeto es activo, intenta construir desde la acogida, la aceptación y el diálogo, no es un mero “no dañar”, “no ofender”, “no hacer”. • Timidez o temor, porque con frecuencia se oculta bajo la apariencia de respeto el sentimiento de miedo, y los timoratos no construyen la paz ni la buena convivencia. Tampoco es lo mismo que la mera tolerancia: No es lo mismo decirle a alguien “te respeto” que decirle “te tolero”. Se tolera algo o a alguien que se considera malo, pero se le soporta o aguanta como mal menor. El respeto es reconocimiento positivo del valor de alguien. Eso no significa darle la razón si no la tiene. Se puede y se debe corregir, con la debida delicadeza, a quien se halla en el error. Cualquier sociedad y grupo precisan de un conjunto de reglas. Pero una convivencia pacífica no se consigue sólo con el cumplimiento de normas o leyes. El respeto tiene que salir de dentro; es contrario al egoísmo y requiere, para ser auténtico y fecundo, una serie de condiciones: * Ha de ser sincero y surgir libremente, pues en su vivencia no cabe la hipocresía; un respeto impuesto no se consolida, acaba por estallar. * Ha de llegar a ser espontáneo, fruto de ideas claras y de hábitos bien arraigados, sin necesidad de grandes reflexiones teóricas y de tensiones internas. * Ha de buscar el diálogo y suscitar amabilidad, pues la cerrazón, la intransigencia y la sinrazón sólo conducen al conflicto y a la violencia. Algunas actitudes que dificultan la educación en el respeto, y que es bueno que sepamos detectar y corregir a tiempo, son, entre otras, la soberbia y la prepotencia, la envidia, el miedo, la intolerancia, el permisivismo o el autoritarismo. En casa y en la escuela El respeto se aprende sobre todo en casa. La educación en el hogar tiene un valor insustituible para que el respeto se convierta en norma de vida de los hijos desde los primeros años. Hay hogares en los que los padres saben promover este valor esencial. A veces interviene el padre para corregir cualquier abuso o palabra disonante. Otras veces es la madre quien ofrece una indicación clara y la hace respetar… es muy importante que los dos juntos vaya a una, se apoyen en su tarea educativa para ayudar a sus hijos a ser capaces de auto controlarse, a ser disciplinados y respetuosos. Y una primera condición es que sean ejemplo de este valor: que habitualmente se muestren respetuosos con las demás personas, entre sí y con sus hijos. Desde la familia, con el apoyo de la escuela, es preciso empeñarse en formar niños y adolescentes respetuosos, dueños de sí mismos, sensatos, preparados para la vida en sociedad. Porque sabrán acoger con respeto a todos, porque serán capaces de vivir de modo armónico con los iguales y los distintos, con los grandes y los pequeños, con los sanos y los enfermos, con los que piensan lo mismo y con los que tienen ideas diferentes. Enlace sobre el valor cívico del respeto Parlamento de Navarra: Actividad sobre el valor del respeto (1º-3º ESO) UNA PEQUEÑA HISTORIA Érase una vez… un chico con mal carácter. Siempre hay alguno así, de esos que siempre están quejándose, gritando, protestando y recriminando a los demás su comportamiento cuando a él no le gusta. A veces golpean, y casi siempre humillan a los otros, lo cual duele más que una bofetada. Su padre le dio un saco de clavos y le dijo que clavara uno en la verja del jardín cada vez que perdiera la paciencia y se enfadara con alguien. Él lo pensó bien y vio que su padre tenía razón. Tenía que cambiar. El primer día clavó 37 clavos. Durante las semanas siguientes se concentró en controlarse y día a día disminuyó la cantidad de clavos nuevos en la verja. Había descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos. Finalmente llegó un día en el que ya no clavaba ningún nuevo clavo. Entonces fue a ver a su padre para explicárselo. Su padre le dijo entonces que era el momento de quitar un clavo por cada día que no perdiera la paciencia. Los días pasaron y finalmente el chico pudo decir a su padre que había quitado todos los clavos de la verja. El padre condujo a su hijo hasta la verja y le dijo: «-Hijo mío, te has comportado muy bien, pero mira todos los agujeros que han quedado en la verja. Ya nunca será como antes. Cuando discutes con alguien y le dices cualquier cosa ofensiva le dejas una herida como ésta. Puedes clavar una navaja a un hombre y después retirarla, pero siempre quedará la herida. A pesar de las veces que le pidas perdón -y debes hacerlo siempre-, la marca de la herida permanecerá. Una herida provocada con la palabra hace tanto daño como una herida física.» Y por eso también es importante saber olvidar las ofensas que se nos hicieron. Pero olvidarlas de verdad, para no volver a utilizarlas nunca como reproche cuando nos volvamos a sentir ofendidos. Porque entonces las heridas vuelven a abrirse. Los amigos son joyas raras de encontrar. Están listos para escucharte cuando tienes necesidad. Te sostienen y te abren su corazón. Cuídalos. Enseña a tus amigos cómo les quieres… y les respetas. Evita humillarles y quedar tú por encima. Respétalos siempre, aunque no debas darles la razón cuando están en el error. Discrepa sin herir. Son personas, como tú. Piensa a menudo cómo te sentirías tú en su lugar. Y obra en consecuencia. Pero no se trata sólo de los amigos… Hay más gente en el mundo, a la que le afecta, para bien o para mal, lo que hacemos y decimos. Hay una regla de oro, un principio moral básico que sirve para actuar con respeto: TRATA A LOS DEMÁS SÓLO COMO DESEAS SER TRATADO. Es en realidad una forma de decir: Respeta, respeta, respeta… Trata a los demás como personas. El texto que acabas de leer trata de algunas cuestiones que tienen que ver con la convivencia. Es una narración sencilla, a la que sigue una reflexión, de la que sería muy bueno que sacaras tus propias conclusiones y aplicaciones prácticas para la vida. Después de hacer una lectura personal, reflexiona sobre el contenido y subraya las palabras e ideas principales (tendrás para esto un poco de tiempo), que sin duda te ayudarán a contestar las preguntas que se hacen a continuación, las cuales tienen como finalidad comprobar que has comprendido el contenido del texto, y que eres capaz de sacar tus propias conclusiones de forma razonada e inteligente. Si lo haces bien, puedes subir la nota de clase, por supuesto. Pero lo mejor de todo sería que sacaras conclusiones para tu vida… y que los demás lo noten en tu manera de ser y de convivir.

 
 
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