RSS

Archivo de la categoría: Uncategorized

LAS DECEPCIONES…

» Superación personal » Algunas decepciones te hacen abrir los ojos y cerrar el corazón

SUPERACIÓN PERSONAL

Algunas decepciones te hacen abrir los ojos y cerrar el corazón

 Luciano Felicevich

3 mayo, 2019

Navegar artículo

Si hay algo que puedes dar por sentado en la vida, es que tarde o temprano te sentirás decepcionado. Alexander Pope dijo: “Bienaventurado el que no espera nada, porque nunca se decepcionará”. Pero como es extremadamente difícil no tener expectativas, tarde o temprano la decepción también llamará a tu puerta.

La decepción es una forma de tristeza, que a menudo se experimenta como un sentimiento de pérdida. Es una brecha dolorosa entre nuestras expectativas y la realidad. Hay tantas decepciones como esperanzas y expectativas, aunque las que más lastiman son las que provienen de personas cercanas e importantes.

Decepción: Encontrar el lado positivo

Por lo general, vemos la decepción desde una perspectiva negativa, y es comprensible, ya que cuando nos sentimos decepcionados observamos la vida a través de lentes oscuros. Pero la decepción también puede ser una maestra si sabemos como sacarle provecho (aunque parezca imposible).

Incluso si nos hace sufrir, nos brinda información valiosa sobre las creencias que tenemos sobre nosotros mismos, y lo que, en nuestra opinión, nos haría verdaderamente felices. La decepción puede ayudarnos a abrir los ojos.

Entonces, la próxima vez que te sientas decepcionado, en lugar de quedarte atrapado en ese estado, piensa en lo que puedes aprender de la situación.

¿Sólo una cosa puede hacerte feliz?

A veces nos obsesionamos con algo, creemos que solo cuando lo conseguimos podemos ser realmente felices o estar satisfechos y, si no tenemos éxito, nos decepcionamos y caemos en la tristeza más profunda. El problema es que casi siempre subordinamos nuestra felicidad a una cosa, y en cada intento por alcanzarla tendremos un problema serio.

Si no estamos contentos con lo que tenemos, es probable que no estemos a la altura de lo que conquistemos, simplemente porque la felicidad es un estado interior, no depende del entorno.

¿Sólo una persona puede satisfacer tus deseos?

A veces pensamos que cuando encontramos un alma gemela, las estrellas se alinearán y viviremos felices para siempre. Buscamos una serie de características en esa persona y tenemos expectativas muy altas, así que cuando chocamos con la realidad, nos sentimos decepcionados.

¿Esperas demasiado de la otra persona? ¿Tal vez tienes expectativas que esa persona no puede satisfacer? Recuerda que la verdadera satisfacción depende de ti y no de otro. No pienses que los demás deberían preocuparse por ti, ayudarte o estar siempre comprometidos. Pregúntate más bien qué puedes hacer tú por estas personas.

En las relaciones de pareja, cuando nos enamoramos, siempre idealizamos la personalidad del otro. Podemos encontrar en la otra persona atributos que nos agradan, pero todo lo que sea diferente a lo que esperamos no podemos verlo. Esto sucede por tener muchas expectativas sobre el otro y lo que puede significar una próspera relación futura.

No debemos caer en el error. Nuestra pareja tiene una personalidad consolidada, y nuestra felicidad no puede depender de que la otra persona cambie. Por el contrario, el cambio está en nosotros mismos, debemos amar al otro siendo felices por cómo es.

El problema de tener expectativas altas

Nuestras expectativas están influenciadas por las normas sociales. Sin darnos cuenta, seguimos las reglas implícitas que nos muestran cuándo debemos alcanzar ciertos objetivos. Como resultado, ponemos nuestras metas en una línea de tiempo y, si no las alcanzamos, creemos que hemos fallado.

Encontrar un alma gemela, hacer una carrera, tener éxito… En vez de eso, debemos entender que todos somos únicos y que seguimos un ritmo diferente. La confrontación y la prisa solo nos decepcionarán haciéndonos malinterpretar los signos de la vida, lo que a veces no nos dice “no”, sino solo “espera”.

Explora otros caminos

Como dijimos anteriormente, no debemos exigirnos ni creer que solo una cosa o persona puede hacernos felices. La felicidad depende de nosotros mismos y de nuestras acciones.

Es por esto que muchas veces actuamos de manera automática y estructurada por un solitario y largo camino para lograr los objetivos. La problemática está en pensar que solo hay una forma de alcanzar sus metas, o solo una forma correcta y apropiada de hacer las cosas. Inevitablemente nos llevará a la decepción.

Es bueno tener un proyecto, pero no debemos olvidar que siempre hay espacio para la improvisación. Si la vida no funciona de acuerdo con nuestros planes, significa que debemos cambiar, adaptarnos a las nuevas circunstancias y desarrollar un nuevo plan.

En este sentido, Abraham Maslow descubrió que las personas autorrealizadas tienen la extraña capacidad de distinguir entre medios y fines; es decir, tienen sus ojos fijos en sus objetivos, manteniéndose abiertos a las diversas oportunidades que pueden surgir. Son conscientes de que hay diferentes maneras de llegar.

No uses la decepción como un ladrillo para construir muros emocionales

Debemos ser particularmente cuidadosos con la decepción porque puede convertirse en el ladrillo con el que construimos muros emocionales. Cuando una decepción ha sido particularmente grande o hemos acumulado tantas pequeñas decepciones, podemos sentirnos tan engañados y traicionados que decidimos construir un muro a nuestro alrededor.

Es cierto que éste nos protege de futuras decepciones, especialmente en las relaciones amorosas, pero también nos impide volver a darnos una oportunidad, para amar y vibrar, para lograr lo que sea que nos propongamos. Por lo tanto, debemos asegurarnos de tratar la herida emocional y no estancarnos en la decepción.

Debemos usar las decepciones como oportunidades para aprender y crecer, no como excusas para encerrarnos en nuestro mundo.

 
Deja un comentario

Publicado por en agosto 17, 2019 en Uncategorized

 

Analfabetismo emocional:

 

Analfabetismo emocional: cuando a nuestro cerebro le falta corazón

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

30 mayo, 2019

 

 

Son muchas las personas que sufren analfabetismo emocional. Son hábiles en el dominio de múltiples competencias, disponen de un sinfín de títulos y maestrías, pero hacen la misma gestión emocional que un niño de tres años. Ese aprendizaje no viene de fábrica y es lo queramos o no, una asignatura pendiente a la que deberíamos dedicar más recursos…

La mayoría de nosotros sabemos cuáles son los principios de una buena salud física, a saber: una alimentación equilibrada y lo más natural posible, algo de ejercicio, dormir cada noche entre 7 y 9 horas y realizarnos revisiones médicas periódicas para asegurarnos que todo va bien.

«Cuando escuchas con empatía a otra persona, le das a esa persona aire psicológico».

-Stephen R. Covey-

Sin embargo, si hay algo que descuidamos casi de forma alarmante es eso que se contiene entre nuestros oídos: el cerebro. Ahora bien, no nos referimos a ese conjunto de células nerviosas, estructuras y circunvoluciones. Hay que centrar la atención en los indicadores de nuestra salud emocional, es decir, en esa capacidad para sentir la vida y nuestras relaciones, en el estado de esa facultad para entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos…

El ser humano es mucho más que una serie de competencias lingüísticas, matemáticas o tecnológicas. Somos, por encima de todo, seres sociales y emocionales, dimensiones estas que quedan a menudo descuidadas, y hasta infravaloradas en las instituciones educativas. Porque, admitámoslo, de poco nos va a servir saber resolver una ecuación de segundo grado si somos incapaces, por ejemplo, de comunicarnos con eficacia y de empatizar con aquellos que nos rodean.

¿Qué es el analfabetismo emocional?

Sabemos que el término «analfabetismo» tiene una connotación negativa. Sin embargo, no podemos llamar de otro modo a una realidad psicosocial más que evidente. Pongamos un ejemplo, en la actualidad se habla mucho de la figura de los líderes transformadores. De personas capaces de dinamizar una organización gracias a su buen manejo de la inteligencia emocional, de la motivación, de su don para producir impacto en los demás y crear entornos donde las personas pueden hacer uso de su creatividad.

En ocasiones se venden ideas que en la realidad, brillan por su ausencia. Así, es bastante común encontrarnos con directivos o líderes empresariales incapaces, no solo de infundir inspiración a los demás, sino con una nula capacidad para controlar sus emociones, su frustración, su enfado… Son como niños de 3 años enfadados por no obtener aquello que desean, situados por completo en ese pensamiento egocéntrico definido por Piaget en su momento.

Veamos no obstante, qué dimensiones caracterizan el analfabetismo emocional.

  • Incapacidad para entender y manejar las propias emociones.
  • Dificultad para comprender las de los demás.
  • Esa falta de autoconciencia emocional los sitúa a menudo en terrenos muy sensibles. Reaccionan de forma desmedida ante cualquier problema, se sienten agobiados y superados ante cualquier dificultad, sea pequeña o grande.
  • No empatizan, son incapaces de situarse en la mirada ajena, de comprender realidades diferentes a la suya.
  • Sus habilidades sociales son muy rígidas y aunque en ocasiones pueden desenvolverse, les falta sensibilidad,asertividady esa cercanía auténtica con la que crear lazos significativos y no solo relaciones motivadas por el interés personal.
  • Por otro lado, los costes del analfabetismo emocional pueden ser enormes: pensamiento polarizado, represión, racismo o sexismo, narcisismo, necesidad obsesiva por tener la razón…

Asimismo, hay un dato no menos importante que conviene recordar. El analfabatismo emocional, es decir, esa falta de recursos psicológicos y mecanismos emocionales con los que manejar mejor dimensiones como la tristeza, la rabia, el miedo o la decepción, nos hace a su vez mucho más vulnerables a una serie de trastornos mentales.

Así, condiciones como la depresión o los estados de ansiedad crónica son muy comunes en perfiles con poca o nula habilidad para gestionar mejor esos estados internos.

La importancia de educar en Inteligencia Emocional

Sabemos que es ya como un eslogan: «hay que educar en Inteligencia Emocional», debemos entrenarnos en estas habilidades, ser más aptos en materia de emociones. Lo hemos oído hasta la saciedad, hemos leído libros, hemos hecho cursos y decimos que sí con la cabeza cada vez que se nos recuerda la importancia de tener una mayor competencia en esta habilidad.

Sin embargo, las lagunas siguen existiendo. Así, y aunque en algunos currículums educativos de ciertas escuelas ya aparece este objetivo, no podemos pasar por alto algo igual o más importante. Antes de que maestros y profesores entrenen a los niños en el dominio de sus pensamientos y emociones, también ellos deberían ser entrenados previamente.

«Tu intelecto puede confundirse, pero tus emociones nunca te mentirán»

-Roger Ebert-

A menudo, nosotros mismos llegamos a nuestra etapa adulta con un mundo de inseguridades. También nosotros nos levantamos cada día conscientes de que nos faltan herramientas para dominar nuestras emociones, así como ciertas habilidades para encarar mejor la adversidad. De este modo, si no empezamos en primer lugar por nosotros mismos haciendo autoconciencia de nuestro analfabetismo emocional, difícilmente tendremos ese talento para motivara los más pequeños, para entrenarlos en empatía, asertividad o en habilidades sociales…

Una buena «alfabetización emocional» nos dota de grandes beneficios. Así, algo que aprenderemos en primer lugar es que cada emoción tiene su espacio y su utilidad, que diferenciar entre emociones «negativas» y «positivas» no siempre es acertado, porque en realidad, esos estados que a menudo tanto evitamos sentir como es la tristeza o la decepción, tienen sus espacios de conocimiento, su utilidad y su valioso significado.

De las emociones por tanto no se huye, se encaran para saber qué quieren decirnos. Es un modo sensacional de autoconocimiento que nos dota de fortalezas, que ofrece a nuestra mirada un prisma más amplio… a la vez que flexible. Por tanto, no apartemos o despreciemos la necesidad de estar «al día» en materia de emociones. Atendamos a esos mundos interiores donde saber reconocer, expresar, gestionar y transformar esos sentimientos para que fluyan siempre a nuestro favor y no en nuestra contra…

Fragilidad emocional: claves para comprender y fortalecer el «yo»

La fragilidad emocional nos deja sin recursos para afrontar la adversidad y para gestionar nuestros sentimientos de forma inteligente. Porque la fragilidad no tiene nada que ver con la sensibilidad emocional, es su lado opuesto y el más complejo.

 

Valeria Sabater

   

Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005 y Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia). Número de colegiada CV14913. Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED.

Valeria Sabater ha trabajado en el área de la psicología social seleccionando y formando personal. A partir del 2008 ejerce como formadora de psicología e inteligencia emocional en centros de secundaria y ofrece apoyo psicopedagógico a niños con problemas del desarrollo y aprendizaje. Además, es escritora y cuenta con diversos premios literarios.

 

 

 

 

El #SíndromedeAsperger forma parte de los Trastornos del Espectro del Autismo #TEA

El #SíndromedeAsperger forma parte de los Trastornos del Espectro del Autismo #TEA. Es un trastorno del neurodesarrollo; el cerebro de la persona con Asperger funciona de manera diferente a la habitual, especialmente en la comunicación e interacción social y en la adaptación flexible a las demandas diarias.

Comparte las características nucleares del autismo respecto a las dificultades en la comunicación social y en la flexibilidad de pensamiento y comportamiento.
Sin embargo, tiene un lenguaje fluido y una capacidad intelectual media e incluso superior a la media de la población.

Tiene dificultad para entender la comunicación no verbal (gestos, expresiones faciales, tono de voz, etc.) y los mensajes sutiles que se transmiten a través de este canal. Puede hablar durante mucho tiempo de sus temas de interés, pero tiene dificultad para saber cuándo terminar la conversación.
Le cuesta elegir temas de los que “hablar por hablar” o tener una charla “social” con otras personas.

Es muy literal; comprende el lenguaje según el significado exacto de las palabras por lo que muchas veces no entiende las bromas, los chistes, las metáforas o los sarcasmos.
Su expresión verbal es correcta pero, a veces, utiliza el lenguaje de manera muy formal, siendo demasiado preciso, técnico e incluso pedante.

Le resulta difícil reconocer y comprender las reglas sociales “no escritas” por lo que, a veces, puede comportarse de manera inadecuada sin darse cuenta.
Quiere relacionarse con los demás, pero no sabe cómo hacerlo por lo que, a veces, puede encontrarse solo. Al igual que manejarse en situaciones en las que tiene que interactuar con muchas personas a la vez, lo que puede parecer que no quiere relacionarse o integrarse en el grupo.

Puede parecer que no expresa sus emociones ni tiene en cuenta las de los demás pero, en realidad, es que le resulta muy complejo darse cuenta intuitivamente de cuáles son los sentimientos y emociones de otras personas.
Encuentra difícil expresar sus propias emociones de una manera convencional por lo que, a veces, puede parecer que reaccionan de manera inadecuada, desproporcionada o “fuera de lugar”.

#EvoluciónDeLaSaludMental
#TrastornosDelNeurodesarrollo

 

Creo que mi hijo se droga, ¿qué hago?

La adolescencia es un periodo de evolución. A los cambios físicos y psicológicos hay que añadir que se transforma la manera en la que los muchachos y muchachas se relacionan con sus padres y su entorno. Esta época se relaciona también con el momento en que los adolescentes tienen sus primeros contactos con las drogas. El consumo de alcohol, tabaco y otras drogas es un tema que preocupa a los padres, que muchas veces no saben cómo actuar y cómo de grave es el consumo de sus hijos. Hoy en el blog hablamos sobre qué hacer si sospecho que mi hijo consume drogas.

 

¿Cómo saber si mi hijo se droga?

Es muy importante detectar que nuestro hijo o hija consume cuanto antes, no solo por los problemas físicos que se pueden derivar de este consumo, sino también para prevenir el desarrollo de una adicción.

Existen algunas señales que pueden indicarnos que nuestros hijos están consumiendo drogas y son:

  1. Cambios bruscos en el aseo corporal.
  2. Insomnio o pesadillas.
  3. Perdida o ganancia de peso brusca.
  4. Absentismo escolar.
  5. Disminución del rendimiento escolar.
  6. Tendencia a aislarse en su habitación.
  7. Falta de motivación y energía.
  8. Abandono de aficiones e intereses.
  9. Cambios bruscos de humor y nerviosismo.

Como padres, somos las personas que más conocemos a nuestro hijo, por lo que debemos confiar en nuestro instinto de cara a afrontar esta situación.

 

¿Qué hacer si mi hijo se droga?

La comunicación es un factor clave a la hora de prevenir el consumo de drogas de nuestros hijos. Por un lado, una comunicación cercana nos facilitará el darnos cuenta de los primeros consumos; por otro, nos ayudará a afrontar el problema de la mejor forma posible, esto es, con honestidad.

Ignorar el problema, minimizarlo o tener una actitud intrusiva en la intimidad de nuestros hijos -registrando el móvil o los pantalones- no son las mejores maneras de afrontar la situación.

Es recomendable buscar un contexto cómodo para sacar el tema, pasar el día juntos de compras o en un evento que os guste a ambos.

Pueden pactarse restricciones específicas de dinero, espacios o amigos y evaluar si la conducta de nuestro hijo cambia durante este tiempo. En el caso de que así sea, premiar su esfuerzo y reconocerlo. Si, por el contrario, el conflicto persiste es recomendable buscar ayuda especializada.

 

Algunos de los consejos que puedes seguir son:

  • No dejarse llevar por el pánico
  • Afrontar la situación sin dejarla pasar por alto ni banalizarla.
  • Actuar con serenidad y no dramatizar
  • Acudir a un profesional que pueda ayudarte a orientar la situación y asesorarte sobre cómo afrontarla.
  • Habla con tu hijo y escúchale.
  • Se firme a la hora de defender tu posición
  • Establece unos límites claros, sobre todo en relación con el dinero
  • No hagas de detective con tu hijo. Respecta su intimidad y no le registres.

 

imagen sobre la adicción al cannabis

 

¿Y si nada de esto funciona?

Si a pesar de todas estas recomendaciones nuestro hijo no asume la situación y deja de consumir, es todavía más importante mantener una postura firme de rechazo al consumo desde el entorno familiar.

Es posible que aparezca una crisis familiar por este asunto, cuando ninguna de las dos partes quiere ceder en su postura. En este momento, suele ser habitual que los padres acaben cediendo por miedo a una ruptura familiar. No se debe ceder ante los chantajes que utiliza el consumidor para salirse con la suya.

Hay que dejar claro que no se le niega el apoyo familiar, sino que es él quién lo rechaza por no ajustarse a las normas de la casa. El adolescente consumidor va a buscar cualquier grieta o resquicio en la opinión de sus padres para seguir consumiendo. Estas posturas intermedias dan la idea al consumidor de que acabará saliéndose con la suya si persiste en su empeño.

En ocasiones, ponernos firmes en nuestra opinión no garantiza que nuestro hijo dejará de consumir; puede incluso que opte por abandonar el hogar y siga un proceso de mayor deterioro. Las personas con una enfermedad adictiva necesitan «tocar fondo» para darse cuenta de su problema y puedan pedir ayuda.

La ayuda de un profesional que os oriente y aconseje sobre la mejor forma de actuar en estos casos también puede ayudaros.

En Síndrome Adicciones contamos con una unidad de jóvenes orientada a la prevención y a frenar el consumo temprano de sustancias.

 

MADRE

 

JESUS DE NAZARÉ, PORQUE LO MATARON?

POR QUÉ MURIÓ Y POR QUÉ LO MATARON

Written by

Mc 15, 1-41

Hoy no es nada fácil dar sentido a la complicada y aparentemente contradictoria liturgia de este domingo de Ramos. Con el recuerdo de la entrada “triunfal” en Jerusalén, debemos actualizar la experiencia de Jesús de caminar hacia la meta, es decir, su pasión y su muerte. Jesús toma la decisión de subir a Jerusalén, sabiendo lo que eso iba a significar. Esta es la clave para interpretar todo lo que vamos a celebrar durante la Semana Santa. Estamos conmemorando la entrega total de sí mismo, que Jesús vivió.

Aunque la liturgia comienza con la entrada “triunfal” de Jesús en Jerusalén, la fuerza de los acontecimientos que vamos a recordar esta semana, anula casi por completo ese triunfo muy relativo y pasajero. Como en el caso de la purificación del templo, no podemos pensar en una manifestación multitudinaria espectacular. Hubiera sido la ocasión ideal, que los dirigentes judíos estaban esperando, para prender a Jesús. Probablemente se trató de un pequeño grupo de seguidores que se unieron a los discípulos en aclamaciones espontáneas.

Jesús había desarrollado toda su actividad en Galilea, y la mayor parte de los peregrinos que venían a la fiesta eran galileos. Muchos de ellos reconocerían a Jesús, que también subía a Jerusalén, y se unieron a su grupo. Este hecho lo aprovecharon después los cristianos para evocar el AT y aludir a una entrada de Jesús como Mesías.

Lo verdaderamente importante en el relato de la pasión, está más allá de los acontecimientos que se pueden narrar. Lo esencial no se puede encerrar en palabras. Lo que los textos nos quieren trasmitir, está en la actitud de Jesús que refleja plenitud de humanidad. Lo importante no es la muerte física de Jesús, lo importante es descubrir por qué le mataron, por qué murió y cuáles fueron las consecuencias de su muerte para él y para los discípulos.

La Semana Santa no es el único momento en el que debemos referirnos a la significación de la salvación operada por Cristo, pues ésta es una referencia central de la fe cristiana; pero sí es una ocasión privilegiada para plantearnos la conveniencia de la revisión de nuestros esquemas teológicos al respecto, para tomar conciencia de la coherencia de toda la vida de Jesús.

Dándose cuente de las consecuencias de sus actos, no da un paso atrás, y las acepta plenamente. Es todo un aldabonazo para nosotros, que estamos siempre tratando de acomodarnos a todos los vientos, con tal de evitar consecuencias desagradables. Sabemos perfectamente que nuestra plenitud está en darnos a los demás, como decíamos el domingo pasado, pero seguimos calculando nuestras acciones para no ir demasiado lejos; poniendo límites “razonables” a nuestra entrega; sin darnos cuenta de que un amor “calculado” es un egoísmo camuflado.

¿Por qué le mataron?

La muerte de Jesús es la consecuencia directa de un rechazo frontal y absoluto por parte de los jefes religiosos de su pueblo. Rechazo a sus enseñanzas y rechazo a su persona. No debemos pensar en un rechazo gratuito y malévolo. Los sacerdotes, los escribas, los fariseos no eran gente depravada, que se opusieran a Jesús porque era buena persona. Eran gente religiosa que pretendía ser fieles a la voluntad de Dios, que para ellos estaba definida en la ley de Moisés.

La pregunta que se hacían era esta: ¿Era Jesús el profeta, como creían algunos de los que le seguían, o era el antiprofeta que seducía al pueblo y le llevaba fuera de la religión judía?

La respuesta no era tan sencilla como nos puede parecer hoy. Por una parte, Jesús iba claramente contra la Ley y contra el templo, signos inequívocos del antiprofe­ta. Pero por otra, los signos de amor a todos que hacía, eran una muestra de que Dios estaba con él, como dijo el mismo Nicodemo.

Lo mataron porque denunció a las autoridades religiosas por utilizar a Dios y la religión para oprimir al pueblo. Pero ellos siguieron pensando que era el Dios el que legitimaba ese dominio sobre la gente sencilla. Le mataron por afirmar, con hechos y palabras, que el hombre concreto está por encima de la Ley y del templo.

¿Por qué murió?

Solo indirectamente podemos aproximarnos a lo que Jesús experimentó ante su propia muerte. Ni era un inconsciente ni era un loco ni era masoquista. Tuvo que darse cuenta que los jefes religiosos querían eliminarlo. Lo que nos importa a nosotros es descubrir las poderosas razones que Jesús tenía para seguir diciendo lo que tenía que decir y haciendo lo que tenía que hacer, a pesar de que estaba seguro que eso le acarrearía la muerte.

Además tomó conscientemente la decisión de ir a Jerusalén donde estaba el verdadero peligro. Que le importara más ser fiel a sí mismo y a Dios, que salvar la vida, es el dato que nosotros debemos valorar. Dejó que le mataran para demostrar que la única manera de servir a Dios es ponerse del lado del oprimido.

Hay que tener en cuenta que no solo se trató de la muerte física, sino de la total aniquilación y escarnio de toda la persona ante la sociedad. Por lo tanto, no se puede pensar en la muerte de Jesús, desconectándola de su vida. Su muerte fue consecuencia de su vida, de lo que manifestó a través de ella y de lo que enseñó.

La encarnación no ha sido una programación por parte de Dios para que su Hijo muriera en la cruz y de este modo nos librara de nuestros pecados. Jesús fue plenamente un ser humano que tomó sus propias decisiones. Porque esas decisiones fueron las adecuadas, de acuerdo con las exigencias de su verdadero ser, nos han marcado a nosotros el camino de la verdadera salvación.

Si nos quedamos con el Cristo resucitado y glorioso, que murió por obediencia al Padre y nos conformamos con darle culto, hemos malogrado no solo su muerte sino toda su vida.

¿Qué consecuencias tuvo su muerte?

Hay explicaciones teológicas de la muerte de Jesús que han llegado hasta nosotros y que se siguen presentando a los fieles, aunque la inmensa mayoría de los exegetas y de los teólogos las han abandonado hace tiempo. Se trataría de interpretar la muerte de Jesús como un rescate exigido por Dios para pagar la deuda por el pecado. Además de ser un mito ancestral, está en contra de la idea de Dios que el mismo Jesús despliega en todo el evangelio. Un Dios que es amor, que es Padre, no casa en absoluto con el Señor que exige el pago de una deuda hasta el último centavo.

No es la hora de insistir en la atrocidad del pecado que ha llevado a Jesús a la cruz. Debemos de insistir en la salvación que necesitamos como pecadores, es decir, no salvados. Pero no para estar pendientes de que Dios tenga misericordia de nosotros, sino para descubrir que nuestra salvación está en seguir el camino de entrega que Jesús recorrió. La salvación consiste en descubrir el amor que es Dios y está ya en nosotros.

Para los apóstoles, la muerte fue el revulsivo que les llevó al descubrimiento de lo que era verdaderamente Jesús. “Os conviene que yo me vaya…”

Durante su vida lo siguieron como el amigo, el maestro, incluso el profeta; pero estaban muy lejos de conocer el verdadero significado de la persona de Jesús. A ese descubrimiento no podían llegar a través de lo que oían y lo que veían; se necesitaba un proceso de maduración interior y un conocimiento vivencial, al que solo se puede llegar por experiencia interna. La muerte de Jesús les obligó a esa profundización en su persona, y a descubrir, en aquel Jesús de Nazaret, al “Señor”, al “Mesías” al “Cristo” y al “Hijo”… En esto consistió la experiencia pascual. Ese mismo recorrido debemos hacer nosotros si queremos celebrar la Pascua.

A nosotros hoy, la muerte de Jesús nos obliga a plantear la verdadera hondura de toda vida humana. Jesús supo encontrar, como ningún otro hombre, el camino que debe recorrer todo ser humano para alcanzar su plenitud. Amando hasta el extremo, nos dio la verdadera medida de lo humano. Desde entonces, nadie tiene que romperse la cabeza para buscar el camino de mayor humanidad. Si quiero dar pleno sentido a mi vida, no tengo otro camino que el amor total, hasta la muerte si las circunstancias lo exigieran.

La manera de interpretar la muerte de Jesús determina la manera de ser cristiano y de ser hombre. Hoy, también hay miles de seres humanos que están entregando su vida por los demás. Ser cristiano no es subir a la cruz con Jesús, sino ayudar a bajar de la cruz a tanto crucificado que hoy podemos encontrar en nuestro camino.

Jesús, muriendo de esa manera, hace presente a un Dios sin pizca de poder externo, pero repleto de amor, que es la fuerza suprema. En ese amor reside la verdadera salvación. El “poder” de Dios no queda reservado para el momento de la resurrección, sino que lo debemos descubrir en Jesús, cuando es capaz de amar hasta entregar la vida.

Meditación-contemplación

Ningún sufrimiento salva por sí mismo,

ni siquiera el de Jesús.

Lo que salva es la actitud de fidelidad a su verdadero ser,

que Jesús mantuvo durante su vida y afianzó en la cruz.

……………..

Vivir una verdadera humanidad, es perder el miedo a la muerte,

porque no afecta para nada a mi verdadero ser.

El miedo a la muerte es la esclavitud más difícil de romper.

Toda clase de opresión nace de esta esclavitud.

……………….

La Vida que Dios me ha dado, envuelve todo mi ser.

Con esa Vida divina, se me dan oportunidades infinitas de ser.

Con ella se me ha dado todo.

Nada tengo que esperar y nada debo temer.

…………

Fray Marcos

 

ADAGIO (ALBIONI)…

47574034_543845539420533_26073157316116480_n

 
Deja un comentario

Publicado por en diciembre 9, 2018 en Uncategorized

 
 
A %d blogueros les gusta esto: